12-02-2025, 01:58 AM
Tumbado sobre mi improvisada tumbona de arena, esperaba distraído a que todos mis compañeros llegasen a la cita. Sorpresivamente no tardaron mucho y, estando todos reunidos, Karl comenzó a hablarnos como acostumbraba a hacer desde que Joe no estaba, es decir, desde siempre. Alcé mi cabeza enseñándole mi mirada por debajo de la visera de la gorra de Marine, clavando mis ojos sobre los suyos para contestarle una vez terminó de hablarme — Sí, sí, sí, sí... sé de sobra que Joe llega hoy. Y si tú sabes de sobra como bien dices, que efectivamente me la suda, no entiendo por qué me insistes tanto con él. Tus palabras son ecos vacíos defendiendo actos inexistentes, ¿me sigues? — Realmente no entendía por qué tanta cabezonería con el tema Joe conmigo, me recordaba a mi madre cuando yo era pequeño e intentaba hacer que me comiese las acelgas a la fuerza. Así lo único que conseguía era que acabase vomitando.
No contenta con volver a mencionármelo nos pedía que le diésemos un cálido recibimiento, todo apelando a un chantaje emocional barato, usando la carta de que ella nos aprecia... cosa que no me quedó muy clara precisamente cuando llegamos a esta isla. A medida que Karl hablaba yo me llevaba los dedos índice y pulgar de mi mano derecha al puente de mi dañada nariz, cerrando los ojos como si todo me estuviese pareciendo surrealista. ¿Que daría la vida por nosotros? Si precisamente estuve a punto de morir por culpa de una traidora que decía que era su mano derecha y él, en vez de asumir su cargo de líder, lo convirtió todo en una agresión cobarde junto a un discurso populista barato. Me puse en pie una vez terminó de hablar, me quité la gorra de marine con mi zurda para peinarme el pelo hacia atrás con mi diestra y volví a colocármela al revés. — Está bien Karl, le daremos un buen recibimiento al soberano Héroe, a nuestro padre el ausente que se fue a por tabaco — la acidez irónica en mis palabras comenzaba a aumentar de forma gradual — yo me ocupo de hacer lo mío, ¿vale? Le preparé un festival, montaremos un carnaval aquí en el cuartel... o no, espera, recordaba que tampoco querías que animase a la gente, ¿de qué me ocupo pues, compañeros? — extendí mis brazos a los lados buscando a los presentes con la mirada — ¿qué ideas tenéis? Yo me adapto, ¡celebremos! — Empezaba a ser una de esas situaciones en las que mi exceso de labia y lengua indomable podía meterme en problemas, pero a esas alturas ya me daba igual. Empezaba a sentir que me estaban tomando el pelo, como si fuese un completo idiota y estaba comprobado que allí yo no podía ser yo mismo, por lo que no tenía sentido mostrar mi lado festivo y amigable.
Estaba tan metido en lo mío que no me estaba dando cuenta de lo que sucedía a mi alrededor. Volví en mí una vez escuché a Fuguwu a mi lado empezar a tartamudear. Le miré de reojo y pude ver como estaba leyendo un periódico, el cual no sé de dónde pudo sacarlo, como si se le hubiese caído el alma al cielo. Me esperaba una noticia trágica viendo su reacción pero el asunto era que el reino de su isla natal se había desligado al Gobierno, cosa que no me parece un drama ni mucho menos. Continuó con una retahíla de noticias llenas de nombres que yo no conocía por lo que no pude darles mayor importancia más allá de intentar recordar esa información por lo que pudiese pasar.
Nos ofreció el periódico el cual agarré para echar un vistazo a la vez que mencionaba noticias más banales como el aumento del precio del coco o que nuestra querida Ikirami se había teñido el pelo — Vaya por dios... entonces se acaba de caer mi plan de comprar un coco para metérselo por el culo a esa traidora cuando la volvamos a ver. Tendré que dejarle la cabeza hecha uno arrancándole sus nuevos pelos uno por uno como agradecimiento a aquella tarde, ¿me sigues, Fuguwu? ¡kakahaha! — A pesar del show anterior, con Fuguwu sí podía estar de buen humor. Parecía que era el único coherente con el que podía contar siempre
La megafonía del cuartel nos convocó a cuadrarnos en el patio, parecía que la mega super estrella del cuerpo había llegado por fin y eso provocó que Karl saliese corriendo emocionada. La idea de tener que ir se me hacía bola y eso sólo aumentaba mi desdén habitual por lo que, con toda la pereza y calma del mundo, agarré mi mochila con mi skate del suelo y comencé a hundirlos en mi pecho. Guardándolos como si unas arenas movedizas en el desierto se las hubiesen tragado. Abrí el periódico y comencé a seguir el paso de Karl, yendo al lado de Fuguwu. — Ahora tengo más ganas de visitar tu isla natal, Fugu. No me parece tan mala idea desligarse del Gobierno Mundial... no se puede confiar en esa escoria corrupta — Mi adolescencia lo sabía de primera mano.
Leía por encima el periódico porque Fuguwu ya había comentado las noticias más importantes, hasta que una llamó mi atención, pillándome descolocado y sin entender nada. — Espera... ¿por qué nadie mencionó que en este archipiélago se va a celebrar una subasta de esclavos? — No tenía ni idea de que algo así podría llevarse a cabo y no entendía por qué podía publicitarse así, como si nada — ¿Qué clase de mierda es ésta y por qué la Marina lo permite? ¿Qué cojones hacemos aquí? — El día que estaba llevando me empezaba a parecer que estaba siendo una broma de cámara oculta. Un inmenso cuartel de la Marina vitoreaba la llegada de un supuesto Héroe y protegía una isla en la que a su vez se cometían barbaridades como vender personas. En el Reino de Samba nuestras costumbres eran celebrar todos juntos, no esclavizar a la gente y tratarlos como mercancía. No me estaba gustando nada cómo pintaba todo aquello.
Una vez llegados al patio, me quedé apartado en un lateral viendo toda aquella parafernalia. Ya se había empezado a formar un pasillo desde la rampa de desembarque del buque, con las tropas cuadrándose. Me quité la gorra sosteniéndola con mi mano izquierda y, cruzado de brazos, observé la escena apartado como si la cosa no fuese conmigo. Al rato una figura familiar comenzó a desembarcar desde el buque, familiar por decir algo porque sólo le había visto una vez. Joe había llegado a Sabaody como si de una celebrity de Ballywood se tratase, gritando los cuatro vientos que ya estaba aquí — Como si alguna vez hubieses estado — comenté para mí, apretando inconscientemente la gorra con mi mano izquierda, empezando a convertirla sin querer en polvo. Karl emocionada corrió hacia sus brazos. Yo desde luego que no haría lo mismo.
No contenta con volver a mencionármelo nos pedía que le diésemos un cálido recibimiento, todo apelando a un chantaje emocional barato, usando la carta de que ella nos aprecia... cosa que no me quedó muy clara precisamente cuando llegamos a esta isla. A medida que Karl hablaba yo me llevaba los dedos índice y pulgar de mi mano derecha al puente de mi dañada nariz, cerrando los ojos como si todo me estuviese pareciendo surrealista. ¿Que daría la vida por nosotros? Si precisamente estuve a punto de morir por culpa de una traidora que decía que era su mano derecha y él, en vez de asumir su cargo de líder, lo convirtió todo en una agresión cobarde junto a un discurso populista barato. Me puse en pie una vez terminó de hablar, me quité la gorra de marine con mi zurda para peinarme el pelo hacia atrás con mi diestra y volví a colocármela al revés. — Está bien Karl, le daremos un buen recibimiento al soberano Héroe, a nuestro padre el ausente que se fue a por tabaco — la acidez irónica en mis palabras comenzaba a aumentar de forma gradual — yo me ocupo de hacer lo mío, ¿vale? Le preparé un festival, montaremos un carnaval aquí en el cuartel... o no, espera, recordaba que tampoco querías que animase a la gente, ¿de qué me ocupo pues, compañeros? — extendí mis brazos a los lados buscando a los presentes con la mirada — ¿qué ideas tenéis? Yo me adapto, ¡celebremos! — Empezaba a ser una de esas situaciones en las que mi exceso de labia y lengua indomable podía meterme en problemas, pero a esas alturas ya me daba igual. Empezaba a sentir que me estaban tomando el pelo, como si fuese un completo idiota y estaba comprobado que allí yo no podía ser yo mismo, por lo que no tenía sentido mostrar mi lado festivo y amigable.
Estaba tan metido en lo mío que no me estaba dando cuenta de lo que sucedía a mi alrededor. Volví en mí una vez escuché a Fuguwu a mi lado empezar a tartamudear. Le miré de reojo y pude ver como estaba leyendo un periódico, el cual no sé de dónde pudo sacarlo, como si se le hubiese caído el alma al cielo. Me esperaba una noticia trágica viendo su reacción pero el asunto era que el reino de su isla natal se había desligado al Gobierno, cosa que no me parece un drama ni mucho menos. Continuó con una retahíla de noticias llenas de nombres que yo no conocía por lo que no pude darles mayor importancia más allá de intentar recordar esa información por lo que pudiese pasar.
Nos ofreció el periódico el cual agarré para echar un vistazo a la vez que mencionaba noticias más banales como el aumento del precio del coco o que nuestra querida Ikirami se había teñido el pelo — Vaya por dios... entonces se acaba de caer mi plan de comprar un coco para metérselo por el culo a esa traidora cuando la volvamos a ver. Tendré que dejarle la cabeza hecha uno arrancándole sus nuevos pelos uno por uno como agradecimiento a aquella tarde, ¿me sigues, Fuguwu? ¡kakahaha! — A pesar del show anterior, con Fuguwu sí podía estar de buen humor. Parecía que era el único coherente con el que podía contar siempre
La megafonía del cuartel nos convocó a cuadrarnos en el patio, parecía que la mega super estrella del cuerpo había llegado por fin y eso provocó que Karl saliese corriendo emocionada. La idea de tener que ir se me hacía bola y eso sólo aumentaba mi desdén habitual por lo que, con toda la pereza y calma del mundo, agarré mi mochila con mi skate del suelo y comencé a hundirlos en mi pecho. Guardándolos como si unas arenas movedizas en el desierto se las hubiesen tragado. Abrí el periódico y comencé a seguir el paso de Karl, yendo al lado de Fuguwu. — Ahora tengo más ganas de visitar tu isla natal, Fugu. No me parece tan mala idea desligarse del Gobierno Mundial... no se puede confiar en esa escoria corrupta — Mi adolescencia lo sabía de primera mano.
Leía por encima el periódico porque Fuguwu ya había comentado las noticias más importantes, hasta que una llamó mi atención, pillándome descolocado y sin entender nada. — Espera... ¿por qué nadie mencionó que en este archipiélago se va a celebrar una subasta de esclavos? — No tenía ni idea de que algo así podría llevarse a cabo y no entendía por qué podía publicitarse así, como si nada — ¿Qué clase de mierda es ésta y por qué la Marina lo permite? ¿Qué cojones hacemos aquí? — El día que estaba llevando me empezaba a parecer que estaba siendo una broma de cámara oculta. Un inmenso cuartel de la Marina vitoreaba la llegada de un supuesto Héroe y protegía una isla en la que a su vez se cometían barbaridades como vender personas. En el Reino de Samba nuestras costumbres eran celebrar todos juntos, no esclavizar a la gente y tratarlos como mercancía. No me estaba gustando nada cómo pintaba todo aquello.
Una vez llegados al patio, me quedé apartado en un lateral viendo toda aquella parafernalia. Ya se había empezado a formar un pasillo desde la rampa de desembarque del buque, con las tropas cuadrándose. Me quité la gorra sosteniéndola con mi mano izquierda y, cruzado de brazos, observé la escena apartado como si la cosa no fuese conmigo. Al rato una figura familiar comenzó a desembarcar desde el buque, familiar por decir algo porque sólo le había visto una vez. Joe había llegado a Sabaody como si de una celebrity de Ballywood se tratase, gritando los cuatro vientos que ya estaba aquí — Como si alguna vez hubieses estado — comenté para mí, apretando inconscientemente la gorra con mi mano izquierda, empezando a convertirla sin querer en polvo. Karl emocionada corrió hacia sus brazos. Yo desde luego que no haría lo mismo.
Resumen
Aclaraciones
Bélico
Gastos
Karmas aplicados
Inventario
