14-02-2025, 06:09 AM
Zona Marine
La recepción de la tropa y sus compañeros de división fue variada y acalorada en casi su totalidad. Estaba observando todo desde la cubierta del barco, mi navío, el Pluma Silente, con cierta mezcla de nostalgia y de pena. Nunca había tenido amigos durante mi promoción. El logro de ser el Almirante más joven de la historia palidecía ante estas demostraciones de camaradería y compañerismo. Había sido uno de los reclutas más jóvenes de los registros de la Marina, y eso había imposibilitado que conectase con los demás, por la edad. Pero conforme ascendía y se fueron revelando mis orígenes, la discriminación se había hecho tan palpable que parecía algo tan normal como que por las mañanas tuviésemos luz solar. Me había acostumbrado a hacerlo todo sólo. A no tener un compañero, un camarada, un hermano de armas. Alguien que me acompañase a los entrenamientos. Alguien que me dijera que yo podía lograrlo. Que me animase cuando todo tenía la peor pinta posible. Me había acostumbrado a realizar las tareas de equipo en solitario, a no ser invitado a las reuniones o celebraciones, a verlos felicitarse o animarse entre sí. Siempre desde una esquina al fondo. Quizá por eso había sacado la fuerza y la determinación para llegar hasta mi lugar, y aunque ahora las divisiones a mi cargo me procesaban respeto y me trataban con amabilidad, nunca había tenido la sensación que estaba viendo con el Vicealmirante Joestar.
Dejé pasar los minutos antes de poder alzar la voz y hablar.
— ¡Atención! — grité para poder comenzar — Soy el Almirante Yugu Dimípalo, estoy a cargo de esta operación y seré su superior directo durante toda la misión. El siguiente en la cadena de mando será el Vicealmirante Joestar — dije con firmeza, con la mano apoyada en el pomo de mi katana y la otra firme junto a mi cuerpo — No me gusta el fracaso. Yo NO fracaso. De modo que les pido que den su mayor esfuerzo y seriedad para cumplir mis órdenes y poder completar nuestro cometido con éxito — entonces introduje la mano libre en el bolsillo exterior de mi chaqueta — Traigo conmigo órdenes del Almirante de la Flota y modos de proceder que deberán ser acatados por todos ustedes — y saqué la mano sosteniendo unas cuantas cartas — Repito. Órdenes directas del Almirante de la Flota — y mantuve el silencio unos segundos, alzando la mano con las cartas sobre mi cabeza. Tras los instantes oportunos de calma, bajé el brazo y caminé hacia la pasarela, con paso firme y lento haciendo sonar los ligeros tacones de las botas del uniforme contra la madera. Mientras, pensaba rápidamente en la cantidad de tropas disponibles.
Sólo noventa marines en el cuartel de forma estable. Doscientos cincuenta a cargo de la División Veintiuno, que ahora pasaba a ser la Diecisiete. Y los seiscientos noventa que había en cada uno de los barcos que venían conmigo, que eran dos, hacían otros mil trescientos ochenta más. En total teníamos mil setecientos diecinueve Marines, y conmigo, mil setecientos veinte.
— Voy a dividirles en escuadrones y vamos a rodear el archipiélago. Nuestros objetivos son absolutamente todos los piratas y criminales de la zona, esto es una redada general, y los quiero a todos vivos — sentencié con firmeza, pasando mi mirada sobre algunos de los presentes — Los reducirán por grupos, los trasladarán a las prisiones del Cuartel General de esta zona, y volverán a por los siguientes. Sólo voy a explicarlo una vez — entonces con la mano que apoyaba sobre el pomo de la katana, señalé el frente — La División Diecisiete a cargo del Vicealmirante Joestar serán el grupo uno — después señalé hacia mi izquierda en diagonal — Cuatrocientos de ustedes a cargo de la Contralmirante Serv, partirán hacia el este, y serán el grupo dos — y entonces señalé hacia el lado derecho, también en diagonal — Y otros cuatrocientos de ustedes, a cargo del Contralmirante Erza, hacia el oeste, y serán el grupo tres — eso repartía ochocientos marines de los más de mil setecientos, quedando otros novecientos — Y dos grupos más de cuatrocientos de ustedes cada uno, avanzarán hacia el frente y centro del archipiélago. Todos a cargo del Contralmirante Rikka, y ustedes serán el grupo cuatro. Una vez allí, el primer grupo se fragmentará en dos unidades de doscientos, y cada una se dirigirá hacia el este y el oeste, buscando encontrarse con las unidades anteriores y unirse a ellas. Los cuatrocientos del segundo grupo mantendrán la posición en la casa de subastas de la familia O'Heil y asegurarán el perímetro — sentencié con firmeza y descansé el brazo de nuevo sobre la katana — Los ciento veinte Marines restantes estarán en el cuartel general. Servirán de apoyo en caso de bajas y mantendrán las instalaciones seguras, así como a los prisioneros — y entonces comencé a caminar bajando la pasarela. Los Contralmirantes que había reseñado se dirigieron rápidamente hacia el Héroe de los Cabos Gemelos y se formaron a su lado, mirando hacia mi, presentando sus respetos y el saludo militar. Me detuve cuando estuve delante del Vicealmirante Joestar, entregándole una de las cartas a los tres contralmirantes con estas mismas órdenes y algunos datos más de interés y devolviéndoles el saludo, tras lo cual volvieron a sus puestos. Entonces entregué la última carta a Joe Joestar.
— Usted tiene órdenes directas del Almirante de la Flota para encargarse de un asunto particular. Sólo los altos rangos de su división lo acompañarán, y deberán mantener un perfil bajo. Sin circos, sin llamar la atención, y sin desacatos. Por favor, sea duro si es necesario — y le entregué la carta — Hay una persona en particular que debe ser arrestada por usted, y sólo usted. Me temo que el resto de sus compañeros no sobrevivirían a ese peligro — retrocedí un paso tras haberle entregado el sobre y realicé el saludo militar — Cuento con usted, Vicealmirante. No me decepcione — y volví caminando hacia la parte superior de la rampa de nuevo, para volver a tener una vista general de todos ellos — Y una cosa más. Los grupos del uno al cuatro contarán con el apoyo especial de un nuevo arma de la división científica. Yo permaneceré en espera y atento a las comunicaciones, y si algún enemigo los supera, acudiré en su rescate. ¡Rompan filas! — y con un estruendoso pisotón múltiple, los grupos comenzaron a prepararse diferenciándose unos de otros estableciendo cierto espacio físico entre si, a excepción de un par de docenas de ellos que subieron al barco en dirección a las bodegas para sacar aquellas armas nuevas, trayendo a cubierta unas grandes cajas de madera, de cuatro metros de largo.
La purga de Sabaody comenzaba.
Narrador
La lectura de las noticias no había dejado indiferente a nadie. El grupo de los Piratas de las Alas Negras, privados de dichas Alas, habían saboreado distintas novedades que les habían sacudido por completo. Tragos amargos en la desesperación del capricho del destino. Su capitán aun conservaba la vida, pero no la libertad, y liberarlo de aquel infierno era una tarea imposible, tanto geográfica como militarmente. Sólo quedaba esperar poder escapar de aquí, y ser capaces de sobrevivir al viaje hacia la Isla Gyojin, y dar paso al Nuevo Mundo. Sólo allí podrían tener una ligera esperanza sobre qué hacer con Yojimbo. Ahora, seguían el rencor de su nueva capitana en dirección a sacudir la base estructural y económica del Archipiélago.
Por su parte los Piratas de Mushoku sentían la sombra de pasar desapercibidos después de haber acaparado los focos del presente. Y su capitán veía su infame reputación igualada y superada en un eco de frustración. Sus maleantes, seguirían su demoníaca ira sin saber los conflictos que esto pudiera ocasionarles. Afrontarían un destino más enfocado a la destrucción que a la liberación, aunque conllevasen las dos cosas, y trastocarían el curso de la historia conocida hasta el momento. Rebuscando en las entrañas del monstruo de Sabaody.
Los Revolucionarios no pudieron contactar con ningún alto mando, ni tan siquiera un cargo intermedio. No había respuesta por parte del otro lado de la linea. Ellos deberían adentrarse y tratar de sobreponerse al conflicto y el caos. El espadachín que había obtenido un nuevo poder, había adquirido con él una mayor responsabilidad con un aumento de su recompensa. Una recompensa nada desdeñable y que llamaría la atención de los curiosos si eran demasiado indiscretos. Y aun con eso seguía siendo la más baja del resto de sus compañeros, lo que los convertía en un tesoro con patas a ojos de los codiciosos.
Finalmente, el gremio de cazadores Magna desembarcó camino a la sede económica de los astilleros, la filial de la sucursal bancaria Red Natnas que albergaba el crédito monetario más importante del archipiélago y que tenía, de alguna forma, aparentemente el objetivo del enmascarado líder del gremio en su interior. Fuera cual fuera su plan, parecía mantenerse alejado de donde todos los demás se estaban encaminando, aunque fuera por ahora.
Salto de turno
Resumen
Ubicación de los grupos
Contenido Oculto
Inventario
Orden de posteo
