14-02-2025, 03:06 PM
Coraje inconmensurable.
Eso fue lo que sentí con mi Haki de Observación luego de que Apolo me alcanzara en el pasillo del cuartel mientras marchábamos rumbo al patio según lo había ordenado la megafonía. No obstante, este no provenía de mi camarada arenoso, a él le podía sentir de nuevo fastidiado por la incesante fanfarria y fiesta que le hacían a Joe desde que nos habíamos unido a la división, sino que provenía de otro de los presentes, otro miembro de la división, otro quien – al igual que Apolo y yo – se había unido recientemente y era aún un misterio en cuanto a personalidad, carácter, historia y objetivos se trataba. El mink león de la división, James Brando.
La emoción me había tomado por sorpresa pues era tan distinguible contra el resto de las emociones como lo era distinguir a dos hermanos gemelos si a uno de estos le faltara un brazo o tuviera una marca en la cara que el otro no tuviera. Esta reacción vino luego de que Apolo notara que la subasta que yo había pasado por alto asumiendo que era una subasta como cualquier otra de artículos variados, en realidad era una tapadera para comerciar con esclavos. Volteando a ver con desconcierto hacia donde se encontraba James le veo venir con el semblante serio para en el ultimo minuto parar su marcha la cual tenía la clara intensión de afrontar a Apolo. Maravilloso, simplemente maravilloso.
¿De que sirve formar una división si todos van a actuar por su cuenta de forma individual? Ninguno de los miembros de la división 21 actuaba en equipo, como parte de una maquinaria mayor y más importante – como lo es la marina – que no fuera estrictamente en línea con sus ideales y objetivos individuales. Yo el primero, si bien era el que mas respetaba las normas y los códigos, la única razón por la que me había unido era para encontrar más información de Fugowo. Sin un verdadero liderazgo que tomara las riendas de esta división de forma severa, todos seguiríamos tan unidos como granos de arroz que han perdido todo su almidón. Y no culpaba a la comodoro Karl por esto, ella ni quería ni había pedido el liderazgo de la división. El mayor responsable era Joe, quien con su llegada esperaba me demostrara que todo este amor, respeto y fanfarria que se le celebraba estuviera justificado. Tenía, de mi parte, el beneficio de la duda, al menos de momento, aunque probablemente seria la ultima oportunidad que le daría a este personaje llamado “el héroe” antes de dejar de ser el menos venenoso de la división.
“¿Que mantarraya le ha picado a James?” – le pregunté a Apolo mientras observaba como James pasaba de nosotros en dirección al patio – “¿y qué es eso de que la subasta incluye esclavos? No se puede ser tan descarado como para publicar un delito tan grave en el periódico como si un anuncio de venta de takoyakis se tratara, ¿será acaso una estrategia para atraer a la escoria del mar a un lugar común y ahí emboscarles?” – Quería pensar que este tipo de actos no podían ser gritados a los cuatro vientos sin que hubiese verdaderas represalias, una cosa era que existiera un negocio en el mercado negro donde la trata de esclavos fuera algo normal, y otra muy diferente que esto se volviera tan normal como quien vende un barco a plena luz del día y bajo las narices de la marina.
Aunque la temperatura ambiente en el archipiélago había pasado a ser fría debido a la inminente llegada del invierno, el ambiente a las afueras del cuartel de la marina era cálido. Se podía ver claramente como las tropas bien entrenadas mantenían el orden y terminaban de formar filas para recibir a los recién llegados tal cual como dictamina el protocolo, sin embargo, pude sentir igual de claro como la emoción, el respeto, y la anticipación se mezclaban unas con otras entre los diferentes miembros de la marina que estábamos formados. Sobre estas emociones, y de nuevo por un ligero instante, la misma sensación de coraje emanando de James me llego a mis espaldas, ¿qué demonios le había pasado al mink león esta mañana que se había molestado tanto con Apolo? Tendría que estar pendiente de como se desenvolvían estos acontecimientos en el futuro cercano, tenía la esperanza que fuera una simple riña o malentendido entre compañeros.
A la llegada de Joe, y tras su trillada frase, la comodoro Karl rompió filas tirando a Ryze de su hombro, manteniendo la formación esta segunda de forma bastante grácil. El segundo en romper formación fue James, quien saludo con un apretón de manos a Joe mismo que fue devuelto sin represalias. Por lo visto el héroe había dejado sus peores días atrás y estaba listo a reasumir el cargo de la división la cual ahora pasaba a ser la división 17, indiferente e ignorante a lo que este cambio significara. Joe llego con un discurso cual político falso en campaña se tratara, era tan marcado su cambio contra la primera vez que le conocí que, o bien algo increíble había provocado este cambio de actitud, o algo terrible y funesto nos esperaba y ya no le importábamos – no que nos hubiera demostrado lo contrario en realidad. Esperaba que fuera lo primero y, dado que mi Haki de Observación no me decía lo contrario, seguiría otorgándole el beneficio de la duda, por respeto a Karl principalmente. Si alguien como Karl le tenía semejante aprecio era suficiente razón de peso para mí, le debía bastante a Karl y había demostrado ser alguien que, a pesar de sus cambios de humor, se preocupaba realmente por sus compañeros.
A pesar de esto, todo lo anterior palidecía en importancia tras la llegada del almirante de la marina del cual pude sentir su inmensa presencia provenir de uno de los buques acorazados que habían anclado escasos minutos atrás. Era la presencia mas fuerte a la que me había expuesto en mi vida, sin necesidad de verle en acción pude entender que estaba en un nivel al que, de momento, solo podía soñar con llegar algún día. Igualmente, su energía me hacía entender que era alguien sereno, con un respeto absoluto por la institución que representaba y con cero dudas a la hora de lidiar con sus enemigos. El almirante alzo la voz tras unos minutos luego de que Joe bajara del acorazado, se presentó con el nombre de Yugu Dimípalo y confirmo que estaría a cargo de la operación que procederíamos a llevar a cabo en todo el archipiélago.
Al presentarse ante todos con semejante señorialidad y autoridad, lo primero que hice fue voltear a verle para seguidamente realizar el saludo formal de la marina y cuadrarme ante su imponente figura. Seguramente muchos de los marines presentes (si no es que todos) me seguirían en aquel saludo y encuadre tal cual como lo dictaminaba el protocolo, aunque motivados mas por la implacable presencia del almirante mas que por seguir la etiqueta que dicta la marina. Su llegada eran noticias increíbles, no solo estábamos en presencia de uno de los mas altos mandos de la marina, sino que además iba a tomar el mando de toda la operación, cosa que incluía a todos los marines del archipiélago, es decir incluso nosotros. Por fin contaríamos con instrucciones claras y precisas enfocadas en un objetivo común en lugar de ir de aquí para allá sin guía ni compás.
El porte del almirante Yugu Dimípalo era envidiable. Su físico era el de un “humano promedio”, sin embargo, estaba claro que no lo era, en absoluto. Su rostro, serio como ninguno otro, le otorgaban un semblante que parecía carente de emociones, enfocado exclusivamente en la misión que le incumbía en el archipiélago. Su uniforme, impecable, prístino y puro, estaba acompañado de diferentes condecoraciones que seguro había adquirido a lo largo de lo que parecía ser una nada despreciable carrera militar. Junto a él, reposaba una katana de guardia circular y mango de un cuero inmaculado con detalles dorados la cual era el complemento perfecto para aquel hombre el cual solo podría ser descrito con una palabra: perfección. El almirante Yugu Dimípalo era la encarnación del marine perfecto, aquel el cual todos soñábamos con encarnar al unirnos al cuerpo, pero que casi todos fallaríamos en lograr reencarnar.
Luego de presentarse, y confirmando que el segundo en la cadena de mando sería el recientemente nombrado vicealmirante Joe Joestar, nos pidió (exigió en realidad) llevar a cabo sus órdenes con seriedad y esfuerzo, pues era alguien quien no toleraba el fracaso, algo que estaba en clara resonancia con sus emociones. Sacando de su traje una serie de cartas empezó a dar instrucciones claras, las cuales venían directamente del almirante de la flota, cosa que personalmente agradecía nos lo dijera pero que era innecesario para alguien de su rango, algo que hablaba muy bien del tipo de persona que era y de cómo le importaba que todos supiéramos que esto no era un capricho individual sino un esfuerzo colectivo en el cual el también estaba implicado. “Por fin alguien con entereza y claridad va a guiar nuestros pasos” – pensé, alegre y entusiasmado por conocer cuales serían las ordenes que nos asignaron.
El almirante paso a dividirnos en diferentes grupos, pues éramos tropas suficientes como para abarcar toda la superficie del archipiélago. El objetivo, tan claro como el agua de un manantial, capturar con vida a absolutamente todos los piratas y criminales de la zona. A nosotros se nos asigno el primer grupo, a cargo del vicealmirante Joe, quienes partiríamos con rumbo de momento desconocido para la mayoría de los miembros excepto de Joe, puesto que sus instrucciones eran especiales y venían escritas en una carta de la cual solo el vicealmirante y el almirante conocían su contenido. El almirante formo tres grupos más, dirigidos por los contralmirantes Serv, Erza y Rikka, a quienes asigno cuatrocientas tropas a los primeros dos y ochocientas al último de los contralmirantes – “será un genio en la estrategia militar” – pensé mientras veía como los diferentes grupos se iban formando en el orden marcial esperado de un integrante de la marina y a la vez que una docena de ellos volvían al barco y traían consigo unas misteriosas cajas de madera las cuales, según el almirante Yugu, servirían de apoyo a los cuatro grupos formados y eran una nueva arma desarrollada por la división científica.
“¡Señor, sí, señor!” – me uní a coro de voces mientras permanecía mas firme que verga de galeón recién montado.
Luego, uniéndome a Joe bajo sus instrucciones espere las siguientes órdenes. Al parecer, por fin tendríamos oportunidad de hacer algo mas relevante que recibir patadas en una playa y estaba listo para demostrar que sería útil en esta redada organizada por el mas alto mando de la marina. Tras unirse el resto a nuestra posición, partimos con rumbo desconocido bajo el liderazgo del vicealmirante. Confirmando que estaba preparado – teniendo conmigo mis guantes de batalla y un numero basto de botiquines médicos – avance junto los demás con esperanzas incrementadas de que aquel anuncio de subasta de esclavos fuera parte del plan perfecto para juntar a todos los piratas y criminales presentes en la isla en un solo punto y así capturarles a todos de una buena vez.
Eso fue lo que sentí con mi Haki de Observación luego de que Apolo me alcanzara en el pasillo del cuartel mientras marchábamos rumbo al patio según lo había ordenado la megafonía. No obstante, este no provenía de mi camarada arenoso, a él le podía sentir de nuevo fastidiado por la incesante fanfarria y fiesta que le hacían a Joe desde que nos habíamos unido a la división, sino que provenía de otro de los presentes, otro miembro de la división, otro quien – al igual que Apolo y yo – se había unido recientemente y era aún un misterio en cuanto a personalidad, carácter, historia y objetivos se trataba. El mink león de la división, James Brando.
La emoción me había tomado por sorpresa pues era tan distinguible contra el resto de las emociones como lo era distinguir a dos hermanos gemelos si a uno de estos le faltara un brazo o tuviera una marca en la cara que el otro no tuviera. Esta reacción vino luego de que Apolo notara que la subasta que yo había pasado por alto asumiendo que era una subasta como cualquier otra de artículos variados, en realidad era una tapadera para comerciar con esclavos. Volteando a ver con desconcierto hacia donde se encontraba James le veo venir con el semblante serio para en el ultimo minuto parar su marcha la cual tenía la clara intensión de afrontar a Apolo. Maravilloso, simplemente maravilloso.
¿De que sirve formar una división si todos van a actuar por su cuenta de forma individual? Ninguno de los miembros de la división 21 actuaba en equipo, como parte de una maquinaria mayor y más importante – como lo es la marina – que no fuera estrictamente en línea con sus ideales y objetivos individuales. Yo el primero, si bien era el que mas respetaba las normas y los códigos, la única razón por la que me había unido era para encontrar más información de Fugowo. Sin un verdadero liderazgo que tomara las riendas de esta división de forma severa, todos seguiríamos tan unidos como granos de arroz que han perdido todo su almidón. Y no culpaba a la comodoro Karl por esto, ella ni quería ni había pedido el liderazgo de la división. El mayor responsable era Joe, quien con su llegada esperaba me demostrara que todo este amor, respeto y fanfarria que se le celebraba estuviera justificado. Tenía, de mi parte, el beneficio de la duda, al menos de momento, aunque probablemente seria la ultima oportunidad que le daría a este personaje llamado “el héroe” antes de dejar de ser el menos venenoso de la división.
“¿Que mantarraya le ha picado a James?” – le pregunté a Apolo mientras observaba como James pasaba de nosotros en dirección al patio – “¿y qué es eso de que la subasta incluye esclavos? No se puede ser tan descarado como para publicar un delito tan grave en el periódico como si un anuncio de venta de takoyakis se tratara, ¿será acaso una estrategia para atraer a la escoria del mar a un lugar común y ahí emboscarles?” – Quería pensar que este tipo de actos no podían ser gritados a los cuatro vientos sin que hubiese verdaderas represalias, una cosa era que existiera un negocio en el mercado negro donde la trata de esclavos fuera algo normal, y otra muy diferente que esto se volviera tan normal como quien vende un barco a plena luz del día y bajo las narices de la marina.
Aunque la temperatura ambiente en el archipiélago había pasado a ser fría debido a la inminente llegada del invierno, el ambiente a las afueras del cuartel de la marina era cálido. Se podía ver claramente como las tropas bien entrenadas mantenían el orden y terminaban de formar filas para recibir a los recién llegados tal cual como dictamina el protocolo, sin embargo, pude sentir igual de claro como la emoción, el respeto, y la anticipación se mezclaban unas con otras entre los diferentes miembros de la marina que estábamos formados. Sobre estas emociones, y de nuevo por un ligero instante, la misma sensación de coraje emanando de James me llego a mis espaldas, ¿qué demonios le había pasado al mink león esta mañana que se había molestado tanto con Apolo? Tendría que estar pendiente de como se desenvolvían estos acontecimientos en el futuro cercano, tenía la esperanza que fuera una simple riña o malentendido entre compañeros.
A la llegada de Joe, y tras su trillada frase, la comodoro Karl rompió filas tirando a Ryze de su hombro, manteniendo la formación esta segunda de forma bastante grácil. El segundo en romper formación fue James, quien saludo con un apretón de manos a Joe mismo que fue devuelto sin represalias. Por lo visto el héroe había dejado sus peores días atrás y estaba listo a reasumir el cargo de la división la cual ahora pasaba a ser la división 17, indiferente e ignorante a lo que este cambio significara. Joe llego con un discurso cual político falso en campaña se tratara, era tan marcado su cambio contra la primera vez que le conocí que, o bien algo increíble había provocado este cambio de actitud, o algo terrible y funesto nos esperaba y ya no le importábamos – no que nos hubiera demostrado lo contrario en realidad. Esperaba que fuera lo primero y, dado que mi Haki de Observación no me decía lo contrario, seguiría otorgándole el beneficio de la duda, por respeto a Karl principalmente. Si alguien como Karl le tenía semejante aprecio era suficiente razón de peso para mí, le debía bastante a Karl y había demostrado ser alguien que, a pesar de sus cambios de humor, se preocupaba realmente por sus compañeros.
A pesar de esto, todo lo anterior palidecía en importancia tras la llegada del almirante de la marina del cual pude sentir su inmensa presencia provenir de uno de los buques acorazados que habían anclado escasos minutos atrás. Era la presencia mas fuerte a la que me había expuesto en mi vida, sin necesidad de verle en acción pude entender que estaba en un nivel al que, de momento, solo podía soñar con llegar algún día. Igualmente, su energía me hacía entender que era alguien sereno, con un respeto absoluto por la institución que representaba y con cero dudas a la hora de lidiar con sus enemigos. El almirante alzo la voz tras unos minutos luego de que Joe bajara del acorazado, se presentó con el nombre de Yugu Dimípalo y confirmo que estaría a cargo de la operación que procederíamos a llevar a cabo en todo el archipiélago.
Al presentarse ante todos con semejante señorialidad y autoridad, lo primero que hice fue voltear a verle para seguidamente realizar el saludo formal de la marina y cuadrarme ante su imponente figura. Seguramente muchos de los marines presentes (si no es que todos) me seguirían en aquel saludo y encuadre tal cual como lo dictaminaba el protocolo, aunque motivados mas por la implacable presencia del almirante mas que por seguir la etiqueta que dicta la marina. Su llegada eran noticias increíbles, no solo estábamos en presencia de uno de los mas altos mandos de la marina, sino que además iba a tomar el mando de toda la operación, cosa que incluía a todos los marines del archipiélago, es decir incluso nosotros. Por fin contaríamos con instrucciones claras y precisas enfocadas en un objetivo común en lugar de ir de aquí para allá sin guía ni compás.
El porte del almirante Yugu Dimípalo era envidiable. Su físico era el de un “humano promedio”, sin embargo, estaba claro que no lo era, en absoluto. Su rostro, serio como ninguno otro, le otorgaban un semblante que parecía carente de emociones, enfocado exclusivamente en la misión que le incumbía en el archipiélago. Su uniforme, impecable, prístino y puro, estaba acompañado de diferentes condecoraciones que seguro había adquirido a lo largo de lo que parecía ser una nada despreciable carrera militar. Junto a él, reposaba una katana de guardia circular y mango de un cuero inmaculado con detalles dorados la cual era el complemento perfecto para aquel hombre el cual solo podría ser descrito con una palabra: perfección. El almirante Yugu Dimípalo era la encarnación del marine perfecto, aquel el cual todos soñábamos con encarnar al unirnos al cuerpo, pero que casi todos fallaríamos en lograr reencarnar.
Luego de presentarse, y confirmando que el segundo en la cadena de mando sería el recientemente nombrado vicealmirante Joe Joestar, nos pidió (exigió en realidad) llevar a cabo sus órdenes con seriedad y esfuerzo, pues era alguien quien no toleraba el fracaso, algo que estaba en clara resonancia con sus emociones. Sacando de su traje una serie de cartas empezó a dar instrucciones claras, las cuales venían directamente del almirante de la flota, cosa que personalmente agradecía nos lo dijera pero que era innecesario para alguien de su rango, algo que hablaba muy bien del tipo de persona que era y de cómo le importaba que todos supiéramos que esto no era un capricho individual sino un esfuerzo colectivo en el cual el también estaba implicado. “Por fin alguien con entereza y claridad va a guiar nuestros pasos” – pensé, alegre y entusiasmado por conocer cuales serían las ordenes que nos asignaron.
El almirante paso a dividirnos en diferentes grupos, pues éramos tropas suficientes como para abarcar toda la superficie del archipiélago. El objetivo, tan claro como el agua de un manantial, capturar con vida a absolutamente todos los piratas y criminales de la zona. A nosotros se nos asigno el primer grupo, a cargo del vicealmirante Joe, quienes partiríamos con rumbo de momento desconocido para la mayoría de los miembros excepto de Joe, puesto que sus instrucciones eran especiales y venían escritas en una carta de la cual solo el vicealmirante y el almirante conocían su contenido. El almirante formo tres grupos más, dirigidos por los contralmirantes Serv, Erza y Rikka, a quienes asigno cuatrocientas tropas a los primeros dos y ochocientas al último de los contralmirantes – “será un genio en la estrategia militar” – pensé mientras veía como los diferentes grupos se iban formando en el orden marcial esperado de un integrante de la marina y a la vez que una docena de ellos volvían al barco y traían consigo unas misteriosas cajas de madera las cuales, según el almirante Yugu, servirían de apoyo a los cuatro grupos formados y eran una nueva arma desarrollada por la división científica.
“¡Señor, sí, señor!” – me uní a coro de voces mientras permanecía mas firme que verga de galeón recién montado.
Luego, uniéndome a Joe bajo sus instrucciones espere las siguientes órdenes. Al parecer, por fin tendríamos oportunidad de hacer algo mas relevante que recibir patadas en una playa y estaba listo para demostrar que sería útil en esta redada organizada por el mas alto mando de la marina. Tras unirse el resto a nuestra posición, partimos con rumbo desconocido bajo el liderazgo del vicealmirante. Confirmando que estaba preparado – teniendo conmigo mis guantes de batalla y un numero basto de botiquines médicos – avance junto los demás con esperanzas incrementadas de que aquel anuncio de subasta de esclavos fuera parte del plan perfecto para juntar a todos los piratas y criminales presentes en la isla en un solo punto y así capturarles a todos de una buena vez.
Resumen
Haki
inventario

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