15-02-2025, 06:22 PM
El plan era claro, por alguna razón la ira del capitán me gustaba, se notaba su resentimiento, y en sus ojos se podía ver ira, intensidad y fuego. No sabía que le había tenido que ocurrir para que su carácter fuera aquel. La figura de aquel oni me fascinaba por alguna razón, infundía miedo y respeto a partes iguales, y si el decía de sembrar en kaos en aquella isla, ¿Quién era yo para negarme a dichas órdenes?
El plan de salir de aquí había cambiado drásticamente, a una competición de caza de marines y pese a tener ganas de construir una cocina en el barco, mi objetivo principal era otro, según tenía entendido íbamos a una subasta llena debí solo esclavos, también objetos extraños eran vendidos en aquel lugar y debido a esto piratas de todo el mundo asistían a ella, si jugaba bien mis cartas, tal vez podía “tomar prestado” algunos objetos de valor, si aprovechaba todo el lío que íbamos a armar. A lo mejor con ellos podría pagar una prótesis para mi brazo izquierdo.
Y hablando de este… el capitán había ordenado que si nos encontrábamos con la hija de aquel zorro, yo iba a ser la persona que decidiera su destino. La idea no me disgustaba, después de todo yo fui el más afectado por las decisiones de su padre. ¿Acaso debía matarle? ¿Acaso esa chica debía pagar por los actos de su progenitor? ¿Lo de perder mi brazo había sido culpa suya? No podía evitar sentirme frustrado, no me consideraba un asesino, si había matado gente antes había sido para proteger a aquellos que quería, me daba igual acabar con la vida de alguien si se interponía en mi camino o en el de alguien que me importe… Pero esa chica… ¿Debia pagar en precio? Yo no iba a recuperar el brazo si le mataba.
Maldita sea, realmente esperaba no tener que encontrármela y tener que tomar esa decisión, porque pese a no querer terminar con su vida ahora, quién sabe cómo podría reaccionar si la viera de cara.
Con todo esto en mente, me dispuse a salir del barco bajando por la pasarela hasta llegar al puerto, manglar 50… Ni de coña iba a poder llegar a allí solo, espere delante del barco a que Quetzalli bajara, después de todo era aquel con el que tenía más confianza y el ya conocía mi problemas de orientación. -Manita~gero. -Le dije nada más bajó extendiéndole la mano derecha, para que la tomara y no perderme de camino.
Pese a lo extrema que era la situación no tenía miedo, me sentía lleno de energía y de entusiasmo, íbamos a darle una paliza a todos esos marines, estaba seguro de ello, nada iba a privarnos de nuestra libertad, nada iba a acabar con nosotros, al parecer el resto del mundo nos veía como unos maniáticos. Pero por mi parte, unos maniáticos no me hubiesen atendido ni preocupado por mi estado después de la explosión.
Iba a ser el samurai más fuerte, se lo debía, a todas aquellas personas que me estaban ayudando. “Ashura, gracias, gracias por preocuparte por mí, gracias por querer que sea yo quien decida el destino de aquella mini, y gracias por aceptarme en la tripulación, sobretodo después de haber perdido el brazo izquierdo. Mi espada estará a tu disposición, si querías ver el mundo arder te ayudaría a ello.” Iba pensando mientras caminaba detrás de aquella imponente figura. Tal vez tentando al destino, ya que era incierto si le estaba siguiendo hacia nuestra victoria o tal vez a una muerte segura.
Apreté fuerte la mano de Tenoch, mientras no apartaba la mirada del demonio, muerte o gloria, si le seguía, no había más que una de esas dos opciones, pero no tenía miedo, no estaba asustado, había aceptado que fuese cual fuese mi destino, iba a ser junto a esta banda de maleantes, iba a ser junto a los Mushoku. -Vamos a esa subasta de una maldita vez… tengo que intentar conseguir una cocina para el barco~gero. Hagamos que arda todo este lugar. -Dije con determinación, más que para alguno de ellos, lo dije para mi mismo, así como una forma para darme ánimos.
El plan de salir de aquí había cambiado drásticamente, a una competición de caza de marines y pese a tener ganas de construir una cocina en el barco, mi objetivo principal era otro, según tenía entendido íbamos a una subasta llena debí solo esclavos, también objetos extraños eran vendidos en aquel lugar y debido a esto piratas de todo el mundo asistían a ella, si jugaba bien mis cartas, tal vez podía “tomar prestado” algunos objetos de valor, si aprovechaba todo el lío que íbamos a armar. A lo mejor con ellos podría pagar una prótesis para mi brazo izquierdo.
Y hablando de este… el capitán había ordenado que si nos encontrábamos con la hija de aquel zorro, yo iba a ser la persona que decidiera su destino. La idea no me disgustaba, después de todo yo fui el más afectado por las decisiones de su padre. ¿Acaso debía matarle? ¿Acaso esa chica debía pagar por los actos de su progenitor? ¿Lo de perder mi brazo había sido culpa suya? No podía evitar sentirme frustrado, no me consideraba un asesino, si había matado gente antes había sido para proteger a aquellos que quería, me daba igual acabar con la vida de alguien si se interponía en mi camino o en el de alguien que me importe… Pero esa chica… ¿Debia pagar en precio? Yo no iba a recuperar el brazo si le mataba.
Maldita sea, realmente esperaba no tener que encontrármela y tener que tomar esa decisión, porque pese a no querer terminar con su vida ahora, quién sabe cómo podría reaccionar si la viera de cara.
Con todo esto en mente, me dispuse a salir del barco bajando por la pasarela hasta llegar al puerto, manglar 50… Ni de coña iba a poder llegar a allí solo, espere delante del barco a que Quetzalli bajara, después de todo era aquel con el que tenía más confianza y el ya conocía mi problemas de orientación. -Manita~gero. -Le dije nada más bajó extendiéndole la mano derecha, para que la tomara y no perderme de camino.
Pese a lo extrema que era la situación no tenía miedo, me sentía lleno de energía y de entusiasmo, íbamos a darle una paliza a todos esos marines, estaba seguro de ello, nada iba a privarnos de nuestra libertad, nada iba a acabar con nosotros, al parecer el resto del mundo nos veía como unos maniáticos. Pero por mi parte, unos maniáticos no me hubiesen atendido ni preocupado por mi estado después de la explosión.
Iba a ser el samurai más fuerte, se lo debía, a todas aquellas personas que me estaban ayudando. “Ashura, gracias, gracias por preocuparte por mí, gracias por querer que sea yo quien decida el destino de aquella mini, y gracias por aceptarme en la tripulación, sobretodo después de haber perdido el brazo izquierdo. Mi espada estará a tu disposición, si querías ver el mundo arder te ayudaría a ello.” Iba pensando mientras caminaba detrás de aquella imponente figura. Tal vez tentando al destino, ya que era incierto si le estaba siguiendo hacia nuestra victoria o tal vez a una muerte segura.
Apreté fuerte la mano de Tenoch, mientras no apartaba la mirada del demonio, muerte o gloria, si le seguía, no había más que una de esas dos opciones, pero no tenía miedo, no estaba asustado, había aceptado que fuese cual fuese mi destino, iba a ser junto a esta banda de maleantes, iba a ser junto a los Mushoku. -Vamos a esa subasta de una maldita vez… tengo que intentar conseguir una cocina para el barco~gero. Hagamos que arda todo este lugar. -Dije con determinación, más que para alguno de ellos, lo dije para mi mismo, así como una forma para darme ánimos.
Resumen
Inventario
Karmas involucrados
