13-09-2023, 03:48 AM
El bullicio no cesaba. La gente no dejaba de crispar el ambiente y la acción todavía no había estallado, pero no debía quedar mucho. La gente continuaba vociferando sandeces de un tipo gigante que los podía matar a todos. O eran muy valientes o muy estúpidos.
Mis intentos de suavizar el tema bélico que se iba a desencadenar parecían no llegar a nada. Al contrario, la situación estaba escalando. La tonalidad de los ojos del coloso empezaron a cambiar y la madera de la barra, agarrada por la mano de Taka, empezó a colapsar de la presión ejercida.
Di un par de pasos atrás. La mano en la carcasa del arma, amartillando el revólver antes de la acción. No sabía si todo esto era propio de los onis, los semionis o las jirafas, pero tenía que estar alerta.
Y de repente, se obró el milagro...
Las palabras pueden cambiar el mundo, en eso estamos todos de acuerdo. Pero los actos de los más fuertes siempre tienen más peso que cualquier discurso. Eso lo iba a tener grabado a fuego de esa noche en adelante.
Sohem reventó la mesa de un golpe, donde solo pude ver la maza entre las astillas y escuchar el sonido del impacto tras el posterior silencio...
- Vámonos Zasca- dijo con más autoridad que ningún capitán de la marina, tras pagar la pesa y lograr la paz en el bareto.
No había precio para lo que acababa de ver. Sólo podía pensar en que sucede cuando un objeto imparable se choca contra uno inamovible... Ahora solo faltaría encontrar el segundo...
El sonido volvió cuando estos se fueron del local. Parecía ser el único, allí parado en el centro, que entendía la gravedad de la situación de que estos dos estén fuera del margen de la ley, y de la suerte que teníamos de que no tenían intención de cruzar la línea... De momento...
- Toma hijo, te sentará bien.- Se me acercó un viejo vestido de trapos, con una pierna de menos y un tatuaje adornando su cuello de un ancla negra. Las arrugas de su rostro anunciaban su muerte inminente y su tono de voz era tan aspero como la edad aparentaba. Un viejo lobo de mar sin gloria ni lugar donde caer muerto.
Me ofrecía un baso de líquido transparente, con peste a alcohol de una calidad paupérrima.
- Creo que lo necesitas más que yo- Insistió.
Lo recogí mientras miraba como los dos cazadores se iban. Me acerqué el baso a la boca y el olfato me lo rechazó.
-Joder señor, ¿que bebe usted que sigue vivo?- Le pregunté con cara amarga rechazando la bebida como si fuera la primera vez que tomaba algo.
- Niño, vas a tener que beber más como este... - y señalando a la puerta mientras los cazadores cerraban siguió - ... Y vas a tener que luchar contra más como esos si llevas ese uniforme. Si tienes caca ves al baño, pero no manches más el uniforme.
Miré la bebida con resignación. Acto seguido miré al frente con determinación y me la bebí de un sorbo, limpiando mis labios con la manga.
- Gracias señor, estaba de locos- lancé el baso a la mesa mas cercana y sin dejar de mirar al frente, salí del local con la cabeza alta.
-Buen servicio soldado- oí del viejo desde la lejanía, con tonos de orgullo y satisfacción.
Mis intentos de suavizar el tema bélico que se iba a desencadenar parecían no llegar a nada. Al contrario, la situación estaba escalando. La tonalidad de los ojos del coloso empezaron a cambiar y la madera de la barra, agarrada por la mano de Taka, empezó a colapsar de la presión ejercida.
Di un par de pasos atrás. La mano en la carcasa del arma, amartillando el revólver antes de la acción. No sabía si todo esto era propio de los onis, los semionis o las jirafas, pero tenía que estar alerta.
Y de repente, se obró el milagro...
Las palabras pueden cambiar el mundo, en eso estamos todos de acuerdo. Pero los actos de los más fuertes siempre tienen más peso que cualquier discurso. Eso lo iba a tener grabado a fuego de esa noche en adelante.
Sohem reventó la mesa de un golpe, donde solo pude ver la maza entre las astillas y escuchar el sonido del impacto tras el posterior silencio...
- Vámonos Zasca- dijo con más autoridad que ningún capitán de la marina, tras pagar la pesa y lograr la paz en el bareto.
No había precio para lo que acababa de ver. Sólo podía pensar en que sucede cuando un objeto imparable se choca contra uno inamovible... Ahora solo faltaría encontrar el segundo...
El sonido volvió cuando estos se fueron del local. Parecía ser el único, allí parado en el centro, que entendía la gravedad de la situación de que estos dos estén fuera del margen de la ley, y de la suerte que teníamos de que no tenían intención de cruzar la línea... De momento...
- Toma hijo, te sentará bien.- Se me acercó un viejo vestido de trapos, con una pierna de menos y un tatuaje adornando su cuello de un ancla negra. Las arrugas de su rostro anunciaban su muerte inminente y su tono de voz era tan aspero como la edad aparentaba. Un viejo lobo de mar sin gloria ni lugar donde caer muerto.
Me ofrecía un baso de líquido transparente, con peste a alcohol de una calidad paupérrima.
- Creo que lo necesitas más que yo- Insistió.
Lo recogí mientras miraba como los dos cazadores se iban. Me acerqué el baso a la boca y el olfato me lo rechazó.
-Joder señor, ¿que bebe usted que sigue vivo?- Le pregunté con cara amarga rechazando la bebida como si fuera la primera vez que tomaba algo.
- Niño, vas a tener que beber más como este... - y señalando a la puerta mientras los cazadores cerraban siguió - ... Y vas a tener que luchar contra más como esos si llevas ese uniforme. Si tienes caca ves al baño, pero no manches más el uniforme.
Miré la bebida con resignación. Acto seguido miré al frente con determinación y me la bebí de un sorbo, limpiando mis labios con la manga.
- Gracias señor, estaba de locos- lancé el baso a la mesa mas cercana y sin dejar de mirar al frente, salí del local con la cabeza alta.
-Buen servicio soldado- oí del viejo desde la lejanía, con tonos de orgullo y satisfacción.
