18-02-2025, 04:28 PM
[personajeinvalido=1574]
Todavía le estaba dando vueltas al asunto. Caminaba en silencio, pensando en qué hacer cuando llegásemos a nuestro destino. Por las indicaciones que nos habían dado, ya nos encontrábamos en el manglar 50, ahora solo quedaba encontrar la casa de subastas. Ni siquiera sabía si había más de una, pero pensaba arrasar con la primera que nos encontrásemos. Realmente no había demasiado que pensar. Encontrar el edificio, colarnos por las buenas o por las malas y reventar todo desde dentro. Si nos cruzábamos con algún marine tendríamos la consideración con él que la que ellos habían tenido con nuestro capitán. Era sencillo, no existía ningún plan elaborado que pudiese fallar. No me cabía en la cabeza que la situación pudiese torcerse más de la cuenta y de lo implicaba lo que íbamos a hacer, pero una consecución de sonidos atronadores me hizo comprender al instante que nuestro día acababa de desbaratarse.
Ocurrió en cuestión de segundos, ni siquiera pude entender qué estaba ocurriendo. Tras los sonidos tan solo me dio tiempo a dirigir la vista hacia ellos para ver un montón de escombros procedentes de varios edificios caer hacia nosotros. Llevé mi brazo derecho sobre mi cabeza de forma instintiva, como si aquello pudiese cambiar algo si una piedra que me triplicaba el tamaño cayese sobre mí. Algo, sea lo que fuese lo que lo hubiese provocado, se había desplazado como una bala hacia donde nos encontrábamos. Apenas me dio tiempo a pensar en ello, los escombros no dejaban de caer sobre otros escombros, rodeándome a mí a los demás civiles, que corrían y gritaban desorientados y asustados. Se había levantado algo de polvo, pero se podía ver perfectamente el desastre el caos que aquella cosa había provocado. Parecía que los edificios afectados habían sido dos, seguramente hubiese varios heridos y algún fallecido.
—¡Chicos! —grité intentando que me escuchasen mis compañeros tras el muro de escombros. Sería complicado, apenas me podía escuchar yo con los gritos de la gente. Tenía que encontrar la manera de bordear los restos de edificio y a la muchedumbre de gente para reunirme con ellos y ayudar si alguno estaba herido. Di media vuelta y traté de dirigirme hacia donde se encontraban, sorteando a los civiles y teniendo cuidado al pisar para no tropezarme o pisar a alguna persona. —¡Todos fuera! ¡Alejaos de los escombros y no los mováis! —grité en vano. Me conformaba con que un par de personas me escuchasen y me hiciesen caso, pero no podía quedarme allí parada ayudándoles. Ahora mi prioridad era encontrar el camino hacia el resto de la banda. No sabía hacia donde dirigirme, así que me limité a correr hacia donde creía que se encontraba el camino.
Todavía le estaba dando vueltas al asunto. Caminaba en silencio, pensando en qué hacer cuando llegásemos a nuestro destino. Por las indicaciones que nos habían dado, ya nos encontrábamos en el manglar 50, ahora solo quedaba encontrar la casa de subastas. Ni siquiera sabía si había más de una, pero pensaba arrasar con la primera que nos encontrásemos. Realmente no había demasiado que pensar. Encontrar el edificio, colarnos por las buenas o por las malas y reventar todo desde dentro. Si nos cruzábamos con algún marine tendríamos la consideración con él que la que ellos habían tenido con nuestro capitán. Era sencillo, no existía ningún plan elaborado que pudiese fallar. No me cabía en la cabeza que la situación pudiese torcerse más de la cuenta y de lo implicaba lo que íbamos a hacer, pero una consecución de sonidos atronadores me hizo comprender al instante que nuestro día acababa de desbaratarse.
Ocurrió en cuestión de segundos, ni siquiera pude entender qué estaba ocurriendo. Tras los sonidos tan solo me dio tiempo a dirigir la vista hacia ellos para ver un montón de escombros procedentes de varios edificios caer hacia nosotros. Llevé mi brazo derecho sobre mi cabeza de forma instintiva, como si aquello pudiese cambiar algo si una piedra que me triplicaba el tamaño cayese sobre mí. Algo, sea lo que fuese lo que lo hubiese provocado, se había desplazado como una bala hacia donde nos encontrábamos. Apenas me dio tiempo a pensar en ello, los escombros no dejaban de caer sobre otros escombros, rodeándome a mí a los demás civiles, que corrían y gritaban desorientados y asustados. Se había levantado algo de polvo, pero se podía ver perfectamente el desastre el caos que aquella cosa había provocado. Parecía que los edificios afectados habían sido dos, seguramente hubiese varios heridos y algún fallecido.
—¡Chicos! —grité intentando que me escuchasen mis compañeros tras el muro de escombros. Sería complicado, apenas me podía escuchar yo con los gritos de la gente. Tenía que encontrar la manera de bordear los restos de edificio y a la muchedumbre de gente para reunirme con ellos y ayudar si alguno estaba herido. Di media vuelta y traté de dirigirme hacia donde se encontraban, sorteando a los civiles y teniendo cuidado al pisar para no tropezarme o pisar a alguna persona. —¡Todos fuera! ¡Alejaos de los escombros y no los mováis! —grité en vano. Me conformaba con que un par de personas me escuchasen y me hiciesen caso, pero no podía quedarme allí parada ayudándoles. Ahora mi prioridad era encontrar el camino hacia el resto de la banda. No sabía hacia donde dirigirme, así que me limité a correr hacia donde creía que se encontraba el camino.
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