22-02-2025, 01:01 PM
(Última modificación: 22-02-2025, 01:09 PM por Triana Tempesta.)
[personajeinvalido=1574]
Pronto me percaté de que mi plan era completamente inútil. Se había formado un caos mayor del que había percibido en una primera instancia. No podía ser solo cosa de aquel que se había dirigido hacia nosotros. Los caminos bloqueados eran demasiados como para poder llegar hasta donde mis compañeros. Tan solo me quedaba confiar en ellos. Todos eran muy capaces y, si no se habían separado, no habría ningún problema, entre ellos se cubrirían las espaldas. Miré a mi alrededor para ubicarme, tratar de averiguar dónde me encontraba y ser capaz de identificar a posibles enemigos. No parecía estar demasiado cerca el que se había abalanzado a la banda, tan solo había frente a mí, a bastante distancia, un par de guardias custodiando un edificio que parecía ser de lo más emblemático. Los guardias vestían de forma ostentosa y con un símbolo en su escudo. No sabía exactamente dónde estaba, pero parecía justo el lugar donde quería ir, un edificio de renombre y con la suficiente importancia en la isla como para formar un revuelo al destrozarlo. El problema era que alguien se me había adelantado y ahora no me quedaba más remedio que unirme a la trifulca ya existente.
Mucho más cerca, a unos diez metros de mí y a cada lado, tenía a dos personas más. Reconocí a uno de ellos por el periódico, un capitán pirata que por lo visto había estado causando varios problemas. No recordaba su nombre. Su aspecto era imponente, pero ahora mismo no me importaba en lo más mínimo y no era el mayor de mis problemas. El hombre del otro lado pareció reconocerme. Creí que sería por los periódicos, pero mencionó a Panda, aquel oso que conocimos en la isla del cielo. Por lo que dijo, eral el líder del ejército revolucionario. ¿Serían ellos los que habían causado aquel desastre? Aquella duda dejó de rondar mi mente cuando me preguntó, confuso, si sabía qué había ocurrido. Tal vez todo fuese cosa de la banda del otro pirata. No pensaba quedarme quieta analizando la situación y buscando culpables.
—Encantada, Kisuke —le dije desenvainando mis katanas y sin despegar la vista del edificio. El acero de ambas rozando con la vaina emitieron un sonido agudo, como un fino grito. Me hubiese gustado hablar más con él, los aliados nunca venían mal, pero ahora no había tiempo que perder. Expandí mi haki a cincuenta metros para poder alcanzar a aquellos dos guardias y comencé a caminar hacia ellos sosteniendo mis katanas en posición diagonal hacia el suelo, cada una a un lado. Mi objetivo era aproximarme todo lo posible, acortar la máxima distancia hasta encontrarme a un par de metros de ellos para atacarles, pero no sabía hasta qué punto me dejarían acercarme. Estaría preparada para todo.
A pesar del caos y el jaleo de fondo, podía escuchar perfectamente mis pasos, marcados por el sonido de mis tacones con el suelo empedrado. El viento levantaba una ligera capa de polvo, fruto de los numerosos accidentes simultáneos, que giraba a nuestro alrededor, haciendo que mi cabello y mi chaqueta ondeasen con violencia mientras avanzaba. Sentía que cada paso me acercaba al final que aquel lugar merecía. Una isla condenada en la que se habrían ahogado cientos de gritos y lágrimas entre las risas de los poderosos. Esto era justo lo que querría Yamamura, el perfecto homenaje que elevaría nuestro mensaje. Hoy, el viento traerá fuego.
Pronto me percaté de que mi plan era completamente inútil. Se había formado un caos mayor del que había percibido en una primera instancia. No podía ser solo cosa de aquel que se había dirigido hacia nosotros. Los caminos bloqueados eran demasiados como para poder llegar hasta donde mis compañeros. Tan solo me quedaba confiar en ellos. Todos eran muy capaces y, si no se habían separado, no habría ningún problema, entre ellos se cubrirían las espaldas. Miré a mi alrededor para ubicarme, tratar de averiguar dónde me encontraba y ser capaz de identificar a posibles enemigos. No parecía estar demasiado cerca el que se había abalanzado a la banda, tan solo había frente a mí, a bastante distancia, un par de guardias custodiando un edificio que parecía ser de lo más emblemático. Los guardias vestían de forma ostentosa y con un símbolo en su escudo. No sabía exactamente dónde estaba, pero parecía justo el lugar donde quería ir, un edificio de renombre y con la suficiente importancia en la isla como para formar un revuelo al destrozarlo. El problema era que alguien se me había adelantado y ahora no me quedaba más remedio que unirme a la trifulca ya existente.
Mucho más cerca, a unos diez metros de mí y a cada lado, tenía a dos personas más. Reconocí a uno de ellos por el periódico, un capitán pirata que por lo visto había estado causando varios problemas. No recordaba su nombre. Su aspecto era imponente, pero ahora mismo no me importaba en lo más mínimo y no era el mayor de mis problemas. El hombre del otro lado pareció reconocerme. Creí que sería por los periódicos, pero mencionó a Panda, aquel oso que conocimos en la isla del cielo. Por lo que dijo, eral el líder del ejército revolucionario. ¿Serían ellos los que habían causado aquel desastre? Aquella duda dejó de rondar mi mente cuando me preguntó, confuso, si sabía qué había ocurrido. Tal vez todo fuese cosa de la banda del otro pirata. No pensaba quedarme quieta analizando la situación y buscando culpables.
—Encantada, Kisuke —le dije desenvainando mis katanas y sin despegar la vista del edificio. El acero de ambas rozando con la vaina emitieron un sonido agudo, como un fino grito. Me hubiese gustado hablar más con él, los aliados nunca venían mal, pero ahora no había tiempo que perder. Expandí mi haki a cincuenta metros para poder alcanzar a aquellos dos guardias y comencé a caminar hacia ellos sosteniendo mis katanas en posición diagonal hacia el suelo, cada una a un lado. Mi objetivo era aproximarme todo lo posible, acortar la máxima distancia hasta encontrarme a un par de metros de ellos para atacarles, pero no sabía hasta qué punto me dejarían acercarme. Estaría preparada para todo.
A pesar del caos y el jaleo de fondo, podía escuchar perfectamente mis pasos, marcados por el sonido de mis tacones con el suelo empedrado. El viento levantaba una ligera capa de polvo, fruto de los numerosos accidentes simultáneos, que giraba a nuestro alrededor, haciendo que mi cabello y mi chaqueta ondeasen con violencia mientras avanzaba. Sentía que cada paso me acercaba al final que aquel lugar merecía. Una isla condenada en la que se habrían ahogado cientos de gritos y lágrimas entre las risas de los poderosos. Esto era justo lo que querría Yamamura, el perfecto homenaje que elevaría nuestro mensaje. Hoy, el viento traerá fuego.
Resumen
Bélico
Inventario
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