23-02-2025, 06:26 PM
Frustración. Frustración fue lo que sentí al notar que, pese a mi empeño en golpearle a la rodilla, mi Sandy Blunt no fue capaz de atravesarla para amputar la pierna izquierda de esa escoria metálica. En el golpe pude notar la dureza de su cuerpo por lo que la idea de decapitarlo y hacer pagar con su vida todas aquellas que se llevó, iba a ser una tarea realmente complicada. Aún así mis golpes fueron certeros, más certeros que aquel día en la playa de Momoiro ante la patilarga por lo que se podría decir que mis progresos iban dando sus frutos. Pude notar cómo la violencia de mi tormenta conseguía dañar también la armadura y tejidos de su cuerpo llegando a erosionarlos, por lo que a pesar de lo duro que fuese, sólo había que seguir golpeando sin parar como ese pescador que revienta a un pulpo contra una roca una y otra vez para conseguir ablandarlo.
Sin embargo el Patriota desapareció de mi lado ante mis ojos como si de un rayo se tratase. Buscaba con la mirada hacia todos lados pero el sentido de la vista era inservible ante tanta velocidad. Menos mal que Karl me dio la herramienta perfecta para estos casos y con el Waki de observación pude sentir hacia dónde se dirigía su aura, hacia fuera de los límites de mi tormenta de arena.
La peor de las opciones se había llevado a cabo y es que esa chatarra traidora se encontraba en medio de la marabunta de civiles, con charcos de sangre a sus pies. Volvía a sentirme cohibido a la hora de utilizar mi Akuma no Mi pero encima ahora teníamos una contrarreloj. Tenía una visión de túnel hacia el objetivo y, a pesar de oír las voces de mis compañeros, éstas retumbaban y caían como ecos en el vacío, como si fuesen ruido. Desactivé la tormenta de arena para poder moverme y, como un perro de caza inconsciente, salí detrás del Patriota volando en mi forma elemental.
Ya no valía golpear sin control, ahora tenía que pensar y rápido. En medio del vuelo recordé cómo en cuanto nos presentaron a estos fraudes que decían ser armas biológicas, el nuestro nos miró a cada miembro de la División pronunciando nuestros nombres. Además en esta contienda nos estaba ignorando completamente por lo que quizás tendría algún método para no atacarnos. Las auras y voces de los civiles seguían desapareciendo de mi cabeza mientras que el Patriota seguía a lo suyo, atacando sin control y destrozándolo todo, bloqueando la única escapatoria que tenía aquella pobre gente.
Recorrí con mi vuelo veintisiete metros lo más rápido que pude para, en el aire, volver a juntar todos los sedimentos de arena en los que me descompuse para regenerar mi cuerpo. Tras ello y aprovechando la inercia del desplazamiento, al tocar el suelo doblé mis rodillas con destreza y presteza para usar la potencia de mi tren inferior, además de la livianeza de mi cuerpo y tomar impulso hacia aquella máquina que se había convertido en la mano de la muerte. Volaba hacia él con mis cabellos dorados moviéndose hacia atrás debido a la velocidad. Con mi ira aumentando debido a que no estaba entendiendo el juego del almirante. ¿Por qué ese robot era capaz de no atacarnos a nosotros pero sí atacaba a gente inocente?. Convertí mis brazos en arena a medida que estaba llegando hacia el Patriota para, finalmente, caer encima de él sobre sus hombros. Me sujeté a él haciendo pinza con las piernas como si un ejercicio de jiu-jitsu se tratase y traté de ocupar el campo de visión de la máquina, como si fuese un cowboy tratando de dominar a un potro salvaje que en el oleaje perdió el sentido. Con mi mano izquierda arenosa sujeté su cabeza agarrándola firmemente por la boca — Te has encontrado con un terrible destino, ¿verdad? Nevera venida a más — Y procedí a golpearle su ojo izquierdo con mi puño diestro. — ¡Almirante Yugu, soy Apolo! — Comencé a gritar. Durante el vuelo recordé que nuestro superior nos había dicho que él vería y oiría todo aquello que sentiría también el Patriota — ¿Qué clase de broma y juego es éste? La misión era capturar criminales, no matar niños. Aborta y desconecta al PX-04... u os devolveré a vuestro juguete convertido en una lata de sardinas aunque me cueste la vida, ¿me sigues? — Y con toda la rabia acumulada procedí a golpear de nuevo el mismo ojo que antes, clavando mis nudillos de arena en aquel rostro, con toda la furia que tenía y me consumía.
Sin embargo el Patriota desapareció de mi lado ante mis ojos como si de un rayo se tratase. Buscaba con la mirada hacia todos lados pero el sentido de la vista era inservible ante tanta velocidad. Menos mal que Karl me dio la herramienta perfecta para estos casos y con el Waki de observación pude sentir hacia dónde se dirigía su aura, hacia fuera de los límites de mi tormenta de arena.
La peor de las opciones se había llevado a cabo y es que esa chatarra traidora se encontraba en medio de la marabunta de civiles, con charcos de sangre a sus pies. Volvía a sentirme cohibido a la hora de utilizar mi Akuma no Mi pero encima ahora teníamos una contrarreloj. Tenía una visión de túnel hacia el objetivo y, a pesar de oír las voces de mis compañeros, éstas retumbaban y caían como ecos en el vacío, como si fuesen ruido. Desactivé la tormenta de arena para poder moverme y, como un perro de caza inconsciente, salí detrás del Patriota volando en mi forma elemental.
Ya no valía golpear sin control, ahora tenía que pensar y rápido. En medio del vuelo recordé cómo en cuanto nos presentaron a estos fraudes que decían ser armas biológicas, el nuestro nos miró a cada miembro de la División pronunciando nuestros nombres. Además en esta contienda nos estaba ignorando completamente por lo que quizás tendría algún método para no atacarnos. Las auras y voces de los civiles seguían desapareciendo de mi cabeza mientras que el Patriota seguía a lo suyo, atacando sin control y destrozándolo todo, bloqueando la única escapatoria que tenía aquella pobre gente.
Recorrí con mi vuelo veintisiete metros lo más rápido que pude para, en el aire, volver a juntar todos los sedimentos de arena en los que me descompuse para regenerar mi cuerpo. Tras ello y aprovechando la inercia del desplazamiento, al tocar el suelo doblé mis rodillas con destreza y presteza para usar la potencia de mi tren inferior, además de la livianeza de mi cuerpo y tomar impulso hacia aquella máquina que se había convertido en la mano de la muerte. Volaba hacia él con mis cabellos dorados moviéndose hacia atrás debido a la velocidad. Con mi ira aumentando debido a que no estaba entendiendo el juego del almirante. ¿Por qué ese robot era capaz de no atacarnos a nosotros pero sí atacaba a gente inocente?. Convertí mis brazos en arena a medida que estaba llegando hacia el Patriota para, finalmente, caer encima de él sobre sus hombros. Me sujeté a él haciendo pinza con las piernas como si un ejercicio de jiu-jitsu se tratase y traté de ocupar el campo de visión de la máquina, como si fuese un cowboy tratando de dominar a un potro salvaje que en el oleaje perdió el sentido. Con mi mano izquierda arenosa sujeté su cabeza agarrándola firmemente por la boca — Te has encontrado con un terrible destino, ¿verdad? Nevera venida a más — Y procedí a golpearle su ojo izquierdo con mi puño diestro. — ¡Almirante Yugu, soy Apolo! — Comencé a gritar. Durante el vuelo recordé que nuestro superior nos había dicho que él vería y oiría todo aquello que sentiría también el Patriota — ¿Qué clase de broma y juego es éste? La misión era capturar criminales, no matar niños. Aborta y desconecta al PX-04... u os devolveré a vuestro juguete convertido en una lata de sardinas aunque me cueste la vida, ¿me sigues? — Y con toda la rabia acumulada procedí a golpear de nuevo el mismo ojo que antes, clavando mis nudillos de arena en aquel rostro, con toda la furia que tenía y me consumía.
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