24-02-2025, 10:25 PM
Apreté los puños con rabia. Esto se estaba saliendo de control. Los Patriotas habían empezado a atacar a diestro y siniestro y no distinguían entre civiles y criminales. La visión de mi Control Consol era de lo más desoladora, viendo a estos cinco prototipos fallidos desempeñar sus funciones, sólo tres de ellos habían ubicado bien sus esfuerzos.
El Patriota 00 continuaba peleando contra un criminal reconocido, Max D. Bambú, con cuatrocientos cuarenta y cuatro millones por su cabeza, extrañamente sin poder acabar con él pese a estar preparado para destrozarlo en pocos segundos. El Patriota 01 había sido eliminado de golpe por dos personas que no habían sido reconocidos en el escaneo como criminales, pero que cualquiera que se preciase sobre la información del Grand Line Paraíso sabría identificar. Eran el jefe del Gremio de Cazadores Magna, Sohem, y su mano derecha, Viktor Evans. Era interesante comprobar su fuerza y saber que estaban en este lugar, pues podrían sustituir a los Patriotas en caso de ser necesaria su fuerza, siempre y cuando los rumores sobre la codicia de estos cazadores fueran ciertos. El Patriota 02 se había topado con los Alas Negras y había sido derrotado por su trabajo en equipo, perdiendo la conexión inmediatamente. El Patriota 03 luchaba y se mantenía peleando contra el grupo de los piratas Mushoku, aparentemente apurado aunque sin estar en un apuro real. Y el Patriota 04 se había descontrolado y había comenzado a disparar a los civiles, haciendo que la División Diecisiete se interpusiera a este y comenzasen a atacarlo... todos menos aquel Sargento, James como se llamase. Esperaba que Joe Joestar pudiera mantener a sus propios hombres a raya y sobrellevar él mismo su situación.
Entonces, de cinco Patriotas, dos habían sido destruidos, otro se encontraba en absurdos problemas en un combate individual, otro mantenía a raya a una tripulación y el último tendría que ser desconectado a la fuerza por los miembros de la División del Vicealmirante Joestar. Negué con la cabeza. No podíamos permitirnos más pérdidas militares como estas, así que apretando el botón exterior del auricular, di una orden sencilla que sólo los pacifistas internamente escucharían — Nueva directriz: En caso de inminente derrota, retiraos y replegaos hacia el Pluma Silente — y suspiré pesadamente, mirando en dirección a donde se estaban dando los conflictos: Los habían intervenido cerca de la casa de subastas.
Pero sus errores no acababan ahí. Sólo empeoraban por el simple hecho de pensar que con sus entradas o apariciones había desplazado del grupo a los líderes de estos, algo que había podido ver también a través de sus ojos: Triana Tempesta, Kisuke Kageyama y Ashura, habían sido separados de sus respectivos grupos y lanzados a una zona que, conociendo la geografía y la distribución de los manglares como lo conocía, debía de estar aun más próxima de la casa de subastas que el resto de los integrantes de sus grupos. Y eso sólo significaba una cosa.
Desaparecí ante los ojos de los Marines que quedaban aquí, y los que iban y venían arrestando piratas - siguiendo mis órdenes de no asesinarlos - para encarcelarlos en el Cuartel General de este archipiélago. No quedó ni rastro de mi, y mi desplazamiento fue tan certero como acelerado, recorriendo como el propio viento los recovecos y la distancia entre mi embarcación y la casa de subastas. Era propiedad de una familia de Tenryubitos, por lo que mi deber como Almirante era protegerla a toda costa, y aquellas tres piezas sueltas del puzle no parecían tener buenas intenciones ni una reputación que los respaldase para confiar en que sólo comprarían unas baratijas — Aquí Gukuro. Me dirijo a la casa de subastas, Vicealmirante. Detenga el prototipo inmediatamente y cumpla las órdenes de su misiva — dije pulsando el botón exterior del auricular dos veces, para comunicarme verbalmente desde el Patriota 04, para que Joe Joestar pudiera escuchar mi voz y obrar en consecuencia, mientras seguía avanzando esquivando personas, escombros y diversos problemas en medio del camino.
En apenas unos segundos desde haber abandonado mi posición en el puerto de la Marina, cuando aquella bocanada de viento agitó las vestimentas de la Capitana Pirata Triana Tempesta, y mientras el otro infame capitán, Ashura, se dirigía hacia los dos guardias de la puerta de la casa de subastas, aparecí en un parpadeo frente al pequeño oni gruñón, alzando mi mano derecha mostrándole la palma haciendo una señal para que se detuviera, mientras llevaba la zurda hacia la vaina de mi katana.
— ¡Detente! — grité de forma seca — Soy el Almirante Yugu Dimípalo. En nombre de la justicia os ordeno a todos que os rindáis y os entreguéis — sentencié bajando la mano para llevarla hacia la empuñadura de mi espada, en un gesto formal, tranquilo y sereno mientras mantenía mi mirada en el demonio del humo — Nadie tiene que resultar herido, por favor, cooperad y obedeced mi orden. Sólo habrá un aviso. — añadí manteniendo la postura.
Los dos guardias tras de mi que ya estaban asustados ante la arremetida de Ashura, dieron un respingo final al verme aparecer, pero pareció que su carácter se relajó cuando escucharon mi título, vieron mi uniforme y supieron que estaba aquí para ayudarles, levantándose y marchándose del lugar hacia dentro de la casa de subastas. Conseguiría el tiempo suficiente para que pudieran alertar a sus amos y estos se preparasen para un posible ataque, mientras que yo conseguía - por las buenas o por las malas - la rendición de estos tres grandes cabezas de cartel que ya tenía estudiados. Hoy ganaría la justicia.
El Patriota 00 continuaba peleando contra un criminal reconocido, Max D. Bambú, con cuatrocientos cuarenta y cuatro millones por su cabeza, extrañamente sin poder acabar con él pese a estar preparado para destrozarlo en pocos segundos. El Patriota 01 había sido eliminado de golpe por dos personas que no habían sido reconocidos en el escaneo como criminales, pero que cualquiera que se preciase sobre la información del Grand Line Paraíso sabría identificar. Eran el jefe del Gremio de Cazadores Magna, Sohem, y su mano derecha, Viktor Evans. Era interesante comprobar su fuerza y saber que estaban en este lugar, pues podrían sustituir a los Patriotas en caso de ser necesaria su fuerza, siempre y cuando los rumores sobre la codicia de estos cazadores fueran ciertos. El Patriota 02 se había topado con los Alas Negras y había sido derrotado por su trabajo en equipo, perdiendo la conexión inmediatamente. El Patriota 03 luchaba y se mantenía peleando contra el grupo de los piratas Mushoku, aparentemente apurado aunque sin estar en un apuro real. Y el Patriota 04 se había descontrolado y había comenzado a disparar a los civiles, haciendo que la División Diecisiete se interpusiera a este y comenzasen a atacarlo... todos menos aquel Sargento, James como se llamase. Esperaba que Joe Joestar pudiera mantener a sus propios hombres a raya y sobrellevar él mismo su situación.
Entonces, de cinco Patriotas, dos habían sido destruidos, otro se encontraba en absurdos problemas en un combate individual, otro mantenía a raya a una tripulación y el último tendría que ser desconectado a la fuerza por los miembros de la División del Vicealmirante Joestar. Negué con la cabeza. No podíamos permitirnos más pérdidas militares como estas, así que apretando el botón exterior del auricular, di una orden sencilla que sólo los pacifistas internamente escucharían — Nueva directriz: En caso de inminente derrota, retiraos y replegaos hacia el Pluma Silente — y suspiré pesadamente, mirando en dirección a donde se estaban dando los conflictos: Los habían intervenido cerca de la casa de subastas.
Pero sus errores no acababan ahí. Sólo empeoraban por el simple hecho de pensar que con sus entradas o apariciones había desplazado del grupo a los líderes de estos, algo que había podido ver también a través de sus ojos: Triana Tempesta, Kisuke Kageyama y Ashura, habían sido separados de sus respectivos grupos y lanzados a una zona que, conociendo la geografía y la distribución de los manglares como lo conocía, debía de estar aun más próxima de la casa de subastas que el resto de los integrantes de sus grupos. Y eso sólo significaba una cosa.
Desaparecí ante los ojos de los Marines que quedaban aquí, y los que iban y venían arrestando piratas - siguiendo mis órdenes de no asesinarlos - para encarcelarlos en el Cuartel General de este archipiélago. No quedó ni rastro de mi, y mi desplazamiento fue tan certero como acelerado, recorriendo como el propio viento los recovecos y la distancia entre mi embarcación y la casa de subastas. Era propiedad de una familia de Tenryubitos, por lo que mi deber como Almirante era protegerla a toda costa, y aquellas tres piezas sueltas del puzle no parecían tener buenas intenciones ni una reputación que los respaldase para confiar en que sólo comprarían unas baratijas — Aquí Gukuro. Me dirijo a la casa de subastas, Vicealmirante. Detenga el prototipo inmediatamente y cumpla las órdenes de su misiva — dije pulsando el botón exterior del auricular dos veces, para comunicarme verbalmente desde el Patriota 04, para que Joe Joestar pudiera escuchar mi voz y obrar en consecuencia, mientras seguía avanzando esquivando personas, escombros y diversos problemas en medio del camino.
En apenas unos segundos desde haber abandonado mi posición en el puerto de la Marina, cuando aquella bocanada de viento agitó las vestimentas de la Capitana Pirata Triana Tempesta, y mientras el otro infame capitán, Ashura, se dirigía hacia los dos guardias de la puerta de la casa de subastas, aparecí en un parpadeo frente al pequeño oni gruñón, alzando mi mano derecha mostrándole la palma haciendo una señal para que se detuviera, mientras llevaba la zurda hacia la vaina de mi katana.
— ¡Detente! — grité de forma seca — Soy el Almirante Yugu Dimípalo. En nombre de la justicia os ordeno a todos que os rindáis y os entreguéis — sentencié bajando la mano para llevarla hacia la empuñadura de mi espada, en un gesto formal, tranquilo y sereno mientras mantenía mi mirada en el demonio del humo — Nadie tiene que resultar herido, por favor, cooperad y obedeced mi orden. Sólo habrá un aviso. — añadí manteniendo la postura.
Los dos guardias tras de mi que ya estaban asustados ante la arremetida de Ashura, dieron un respingo final al verme aparecer, pero pareció que su carácter se relajó cuando escucharon mi título, vieron mi uniforme y supieron que estaba aquí para ayudarles, levantándose y marchándose del lugar hacia dentro de la casa de subastas. Conseguiría el tiempo suficiente para que pudieran alertar a sus amos y estos se preparasen para un posible ataque, mientras que yo conseguía - por las buenas o por las malas - la rendición de estos tres grandes cabezas de cartel que ya tenía estudiados. Hoy ganaría la justicia.
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