Leyenda (Guía de color)
- Rodó, rodó, el bicho raro y azul rodó, y hasta tomar por culo llegó... - tarareaba mientras veía cómo lo que pensaba que era un tipo raro y sorprendentemente musculoso se alejaba dando tumbos, haciendo un ruido comparable a cuando Ashura se ponía a hacer a saber qué en el barco - A decir verdad, esta canción es bastante pegadiza. No me sorprende que la canten tanto IS IS IS IS - no pude evitar reírme al ver aquella pintoresca escena. Por un momento incluso dejé de pensar en que aquel tipo (si es que podía considerarse tipo, porque sonaba más a una armadura andante que a otra cosa) podía hacer explotar cosas con sus manos. Todo eran risas hasta que dejé de escuchar los rebotes metálicos de aquella cosa. Volví a mirar al ser, el cual, en vez de mirar al cielo o al suelo como toda persona tumbada que se precia haría, estaba mirándonos. ¿Acaso me estaría viendo? Esperaba que no, la verdad, porque eso de que un ser diabólicamente metálico me mire no es la mayor de mis pasiones, he de admitir. Me froté la cicatriz de mi mano izquierda, nervioso, al ver cómo este comenzaba a levantarse. No sabía muy bien qué hacer. Tenía balas de sobra, pero a juzgar por mis dos disparos anteriores, el daño que le hacían a este enemigo estaba lejos de ser ideal. Lo único que se me ocurría era intentar crearles una apertura a estos para que apalizaran al amigo.
Con esa idea en mente, comprobé nuevamente que mi arma estaba cargada. Solo me faltaba intentar disparar y que mi tiro hiciera puf porque no había recargado - Vale, todo bien. Ahora a crearles una apertura a estos - suspiré, mientras volvía a apuntar a aquella mole. Por suerte para mí, se había ido hasta a tomar por culo, pero seguía estando dentro de mi rango, aunque por los pelos, pues a juzgar por mi buen ojo, habría tres metros de margen entre la distancia con respecto a este y el límite al que Whistle podía disparar. Apunté al pecho del ser, el cual ya había terminado de incorporarse gracias a sus mágicas piernas. Con un silbido la bala viajó e impactó, desatando otro fogonazo. Rápidamente recargué mi arma, cargando esta vez una bala simple. No me gustaba malgastar munición, pero seguía con la mosca detrás de la oreja, y quería comprobar por mí mismo mis sospechas. Tras un segundo silbido, la segunda bala voló hacia el mismo objetivo. Parecía estar en lo cierto, pues la segunda bala rebotó como si de una canica contra la pared se tratara. Suspiré, algo agobiado, y aproveché que al gigante de hierro le sería complicado seguirme el ritmo para volver a reposicionarme. Avancé nuevamente hacia mi izquierda, (la cual antes era mi derecha pues debido al errático movimiento en su aterrizaje, había girado sobre mí mismo 180 grados mientras le seguía con la mirada). Me moví nueve metros, acercándome de esa forma al grupo, quedando nuevamente a treinta y cinco metros del peligroso individuo, mientras hacía mi mejor esfuerzo para pasar todo lo desapercibido posible
Info
