26-02-2025, 12:13 PM
Escuché los gritos del pirata llamando al tal Kisuke con bastante rabia. No sabía qué decía ni qué tenían entre ellos, pero no me daba igual. Continué avanzando y sentí sin tener que girarme gracias al haki cómo el otro pirata también decidió avanzar y adelantarme. No parecía querer atacarme, así que, de momento, seguía sin ser mi problema lo que hiciese. Caminé en diagonal a él intentando no dejar demasiada distancia entre ambos, tan solo un metro. Desde esa posición, pude ver cómo emanaba una especie de humo. En principio no le di demasiada importancia, podía estar fumando, pero no me llegaba ningún olor reconocible de tabaco. Cuando frenó para dirigirse a los guardias yo hice lo mismo, esperando con curiosidad a ver qué era lo que demandaba. Sus palabras me dejaron todavía más confusa. ¿Quería comprar esclavos y quedarse al jefe de los guardias? Si su intención era liberarlos no me importaba lo que hiciera con el que dirigía aquel tugurio, pero si pretendía convertirse en un esclavista más tendríamos un problema.
Bufé con la intención de seguir avanzando para entrar de una vez y ahorrarle la tarea de reducir todo a cenizas. Me abroché sin soltar las katanas uno de los botones de mi chaqueta para evitar que saliese volando y prepararme para lo que se avecinaba. Sin embargo, antes de poder dar ningún paso para adelantarme, sentí algo extraño y, casi sin darme cuenta, un tipo apareció delante del pirata para exigirle que se detuviese. Conocía aquel uniforme y su rostro me resultaba familiar de haberlo visto en el periódico, pero él mismo tuvo la consideración de presentarse. Metí un par de dedos mi mano derecha en la parte por donde me había abotonado la chaqueta para acomodármela intentando controlar mi nerviosismo y mi rabia, que era aún mayor. ¿Que nos rindiésemos? Si quería detenerme tendría que llevarse mi cadáver, porque no pensaba irme de la manita de aquel Almirante.
De nuevo, no tuve tiempo para reaccionar. Estaba escuchando su discurso cuando el tío enorme y pirado se dispuso a atacar. Sentía su hostilidad y sus ansias de destrucción, pero no sabía que fuese a ser capaz de atacaron tanta facilidad a un Almirante. No quise quedarme atrás y, por mucho que me fastidiase que se estuviese entrometiendo en mis planes, tenía que aprovechar la oportunidad que me había brindado. Comencé a correr en dirección hacia el Almirante. El pirata tenía la misma intención que yo. Estaba demasiado centrada en nuestro enemigo como para fijarme bien en él, tan solo tenía mi plan en mente, un plan que no les incluía a ellos. No les conocía de nada, ni sus habilidades ni debilidades, no podía jugármela confiando en ellos. Si estuviese aquí con el resto de los Alas Negras la situación sería completamente distinta. Corrí lo más rápido que pude para posicionarme detrás del Almirante, a un metro a su espalda, todavía con el haki activado y con las espadas cruzadas en equis delante de mí, lista para lo que ocurriese y dispuesta a separarle la cabeza del cuerpo si tenía la más mínima ocasión. No sabía qué haría Kisuke. Imaginaba que tampoco tenía demasiada afinidad con la Marina, pero enfrentarse a un Almirante era algo a lo que no todo el mundo se atrevería. Aunque realmente tenía ganas de aquel enfrentamiento que nos llevaría al suicidio, tampoco nos quedaba otra opción si queríamos tener la oportunidad de seguir viviendo en libertad.
Bufé con la intención de seguir avanzando para entrar de una vez y ahorrarle la tarea de reducir todo a cenizas. Me abroché sin soltar las katanas uno de los botones de mi chaqueta para evitar que saliese volando y prepararme para lo que se avecinaba. Sin embargo, antes de poder dar ningún paso para adelantarme, sentí algo extraño y, casi sin darme cuenta, un tipo apareció delante del pirata para exigirle que se detuviese. Conocía aquel uniforme y su rostro me resultaba familiar de haberlo visto en el periódico, pero él mismo tuvo la consideración de presentarse. Metí un par de dedos mi mano derecha en la parte por donde me había abotonado la chaqueta para acomodármela intentando controlar mi nerviosismo y mi rabia, que era aún mayor. ¿Que nos rindiésemos? Si quería detenerme tendría que llevarse mi cadáver, porque no pensaba irme de la manita de aquel Almirante.
De nuevo, no tuve tiempo para reaccionar. Estaba escuchando su discurso cuando el tío enorme y pirado se dispuso a atacar. Sentía su hostilidad y sus ansias de destrucción, pero no sabía que fuese a ser capaz de atacaron tanta facilidad a un Almirante. No quise quedarme atrás y, por mucho que me fastidiase que se estuviese entrometiendo en mis planes, tenía que aprovechar la oportunidad que me había brindado. Comencé a correr en dirección hacia el Almirante. El pirata tenía la misma intención que yo. Estaba demasiado centrada en nuestro enemigo como para fijarme bien en él, tan solo tenía mi plan en mente, un plan que no les incluía a ellos. No les conocía de nada, ni sus habilidades ni debilidades, no podía jugármela confiando en ellos. Si estuviese aquí con el resto de los Alas Negras la situación sería completamente distinta. Corrí lo más rápido que pude para posicionarme detrás del Almirante, a un metro a su espalda, todavía con el haki activado y con las espadas cruzadas en equis delante de mí, lista para lo que ocurriese y dispuesta a separarle la cabeza del cuerpo si tenía la más mínima ocasión. No sabía qué haría Kisuke. Imaginaba que tampoco tenía demasiada afinidad con la Marina, pero enfrentarse a un Almirante era algo a lo que no todo el mundo se atrevería. Aunque realmente tenía ganas de aquel enfrentamiento que nos llevaría al suicidio, tampoco nos quedaba otra opción si queríamos tener la oportunidad de seguir viviendo en libertad.
Resumen
Bélico
Inventario
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