27-02-2025, 01:00 AM
La masacre sin precedentes que podría haber asolado la avenida fue, fructíferamente detenida por la mayoría de los miembros de la División 17. A pesar de la disfuncionalidad y de la aparente poca comunicación que existía entre varios miembros del escuadrón, Joe, Karlglass, Apolo y Fuguwu consiguieron neutralizar y detener al Patriota que se había salido fuera de control, siendo este último quién le dio el golpe de gracia que acabaría por desconectar los circuitos de la entidad robótica. El PX-04 - quién no pudo ni llegar a ponerse en pie -, empezó a emitir luces intermitentes por ojos y boca indiscriminadamente mientras seguía sufriendo convulsiones y tremendos chispazos salían emanados de las brechas y roturas ocasionados en cada parte de su cuerpo. Todo esto mientras no paraba de reproducir el mismo sonido una y otra vez.
Segundos después, la artificial vida del Patriota 04 llegó a su fin, después de sentir como otros de sus “compatriotas” habían sufrido el mismo destino y como el resto seguían llevando a cabo su misión. El plan Árbol Burbuja, había finalizado por el PX-04. Lo que podría haber acabado con la muerte de casi tres centenas de civiles inocentes, terminó con la muerte de aproximadamente 50 personas muertas, alrededor de una treintena herida y, el resto, a salvo pero aún en shock por la situación que acababa de acontecer. Los civiles, que hasta ese momento estaban huyendo de la escena, se detuvieron al presentir como su vida había dejado de correr peligro. Unos muchos se dirigieron hacia dónde había ocurrido la explosión inicial, al haber visualizado como los edificios colindantes se derruían y reducían a escombros, hiriendo a muchos que estaban próximos a estos. Desgraciadamente, no había forma de identificar los que habían muerto en ese halo de muerte, al quedar tan sólo reducidos a cenizas. Los restantes, fueron directos hacia dónde estaba el Patriota, más concretamente hacia dónde residían los cadáveres de muchos otros civiles que recibieron los siguientes ataques.
Un momento en el que debería haber reinado la esperanza y la seguridad, se volvió en una desalentadora. Las lágrimas y sollozos de los que aún quedaban con vida era algo duro de soportar incluso para el más apático ser sobre el planeta. Familias rotas iban, de una en una, a ver por última vez a las víctimas de este indeseado ataque, quedando grabadas ese fatídico día de por vida en su memoria. Era un momento agridulce para los marines de la División 17 y, sin embargo, entre todos los corazones y almas desalentadas, hubo una que se impuso sobre las demás, tomando la elección de seguir adelante, de seguir creyendo y seguir teniendo fé en el cuerpo de seguridad que velaba por los más indefensos.
Ajeno a todos los problemas internos por los cuáles estaban pasando el cuerpo de la marina, sin dudar ni un segundo, una joven irrumpió en la escena. Por su apariencia, debía ser una adolescente de unos 14-15 años de edad, y fue directa hacia el vicealmirante de la marina, quedando a su costado izquierdo e ignorando por completo que tenía sometido al mink león James Brando, al igual que las palabras de este último.- ¿E-eres Joe Joestar? ¿El Héroe de los Cabos Gemelos? - Preguntó, titubeando y algo nerviosa, quizás ante encontrarse frente al imponente vicealmirante o quizás por la experiencia que acababa de vivir. La chica, apoyó ambas manos sobre su falda larga - de color burdeos -, aferrándola con fuerza.- Puede que no me recuerdes, pero yo a ti sí… - Agachó la cabeza, intentando buscar decir las palabras más adecuadas y correctas.- Hace tres años, nos salvaste a mi y a mi madre en un barco que partió de la Isla Polestar hacia el Grand Line… - Levantó la cabeza entonces, mostrando unos ojos resplandecientes que apenas podía contener la lágrimas.- Desde ese día, me he asegurado de leer cada noticia tuya para no olvidarte jamás, ni a ti ni la gratitud que siento hacia tí. - Inevitablemente, una lágrima acabó escapándose de su ojo derecho.- Y… Y ahora… Nos has salvado de nuevo… Tú y tus compañeros. - En ese momento, y con la voz rota, la joven rompió a llorar desconsoladamente, terminando de cortar distancia con el vicealmirante y abrazándolo con fuerza a la altura de su cadera.- Gracias… De verdad… A ti y a todos… En nombre de todos, gracias por ser nuestros héroes... - Agradeció de todo corazón, sollozando y siendo un mar de lágrimas. Aquel acto tan puro por parte de la adolescente, desembocó en que, parte de los presentes, a pesar de sus pérdidas, de la poca credibilidad que había presentado el nuevo arma del Gobierno Mundial y las dudas que ahora quizás rondaban en su cabeza, se orientaran hacia todos los integrantes de la División 17 y, tras inclinarse todos hacia ellos.
Obviando a la parte que aún sentía algo de recelo en incertidumbre con el futuro de la marina con unas imperfectas máquinas de guerra, casi al unísono, las voces de agradecimiento que ahondaban en los corazones de los presentes terminó por salir a luz, quedando plasmado en una única voz que resonó en toda la avenida. El mismo Joe Joestar lo había dejado claro, salvar a todos era una hazaña imposible, pero el mero hecho de intentarlo, de darlo todo por la protección de los más desamparados. Ahí era dónde la verdadera fuerza de la División 17 radicaba. Y siempre que ese fuera el sentimiento que imperaba en el interior de los marines que velaban por la seguridad, la justicia siempre prevalecería. Y con eso en mente, era que debían seguir con la misión que le había asignado el Almirante Gukuro. Con el fin de no molestar las labores de Joe, la chica se separó de este, dedicándoles a cada uno de los marines una cálida y tierna sonrisa - en especial a la semioni Karl, que parecía ser la más derrumbada - en una clara señal de agradecimiento. Aunque antes de proseguir, quizás, aún debían terminar de solucionar los problemas internos que acarreaban la división.
Segundos después, la artificial vida del Patriota 04 llegó a su fin, después de sentir como otros de sus “compatriotas” habían sufrido el mismo destino y como el resto seguían llevando a cabo su misión. El plan Árbol Burbuja, había finalizado por el PX-04. Lo que podría haber acabado con la muerte de casi tres centenas de civiles inocentes, terminó con la muerte de aproximadamente 50 personas muertas, alrededor de una treintena herida y, el resto, a salvo pero aún en shock por la situación que acababa de acontecer. Los civiles, que hasta ese momento estaban huyendo de la escena, se detuvieron al presentir como su vida había dejado de correr peligro. Unos muchos se dirigieron hacia dónde había ocurrido la explosión inicial, al haber visualizado como los edificios colindantes se derruían y reducían a escombros, hiriendo a muchos que estaban próximos a estos. Desgraciadamente, no había forma de identificar los que habían muerto en ese halo de muerte, al quedar tan sólo reducidos a cenizas. Los restantes, fueron directos hacia dónde estaba el Patriota, más concretamente hacia dónde residían los cadáveres de muchos otros civiles que recibieron los siguientes ataques.
Un momento en el que debería haber reinado la esperanza y la seguridad, se volvió en una desalentadora. Las lágrimas y sollozos de los que aún quedaban con vida era algo duro de soportar incluso para el más apático ser sobre el planeta. Familias rotas iban, de una en una, a ver por última vez a las víctimas de este indeseado ataque, quedando grabadas ese fatídico día de por vida en su memoria. Era un momento agridulce para los marines de la División 17 y, sin embargo, entre todos los corazones y almas desalentadas, hubo una que se impuso sobre las demás, tomando la elección de seguir adelante, de seguir creyendo y seguir teniendo fé en el cuerpo de seguridad que velaba por los más indefensos.
Ajeno a todos los problemas internos por los cuáles estaban pasando el cuerpo de la marina, sin dudar ni un segundo, una joven irrumpió en la escena. Por su apariencia, debía ser una adolescente de unos 14-15 años de edad, y fue directa hacia el vicealmirante de la marina, quedando a su costado izquierdo e ignorando por completo que tenía sometido al mink león James Brando, al igual que las palabras de este último.- ¿E-eres Joe Joestar? ¿El Héroe de los Cabos Gemelos? - Preguntó, titubeando y algo nerviosa, quizás ante encontrarse frente al imponente vicealmirante o quizás por la experiencia que acababa de vivir. La chica, apoyó ambas manos sobre su falda larga - de color burdeos -, aferrándola con fuerza.- Puede que no me recuerdes, pero yo a ti sí… - Agachó la cabeza, intentando buscar decir las palabras más adecuadas y correctas.- Hace tres años, nos salvaste a mi y a mi madre en un barco que partió de la Isla Polestar hacia el Grand Line… - Levantó la cabeza entonces, mostrando unos ojos resplandecientes que apenas podía contener la lágrimas.- Desde ese día, me he asegurado de leer cada noticia tuya para no olvidarte jamás, ni a ti ni la gratitud que siento hacia tí. - Inevitablemente, una lágrima acabó escapándose de su ojo derecho.- Y… Y ahora… Nos has salvado de nuevo… Tú y tus compañeros. - En ese momento, y con la voz rota, la joven rompió a llorar desconsoladamente, terminando de cortar distancia con el vicealmirante y abrazándolo con fuerza a la altura de su cadera.- Gracias… De verdad… A ti y a todos… En nombre de todos, gracias por ser nuestros héroes... - Agradeció de todo corazón, sollozando y siendo un mar de lágrimas. Aquel acto tan puro por parte de la adolescente, desembocó en que, parte de los presentes, a pesar de sus pérdidas, de la poca credibilidad que había presentado el nuevo arma del Gobierno Mundial y las dudas que ahora quizás rondaban en su cabeza, se orientaran hacia todos los integrantes de la División 17 y, tras inclinarse todos hacia ellos.
- ¡¡ GRACIAS, MUCHÍSIMAS GRACIAS POR PROTEGERNOS!! -
Obviando a la parte que aún sentía algo de recelo en incertidumbre con el futuro de la marina con unas imperfectas máquinas de guerra, casi al unísono, las voces de agradecimiento que ahondaban en los corazones de los presentes terminó por salir a luz, quedando plasmado en una única voz que resonó en toda la avenida. El mismo Joe Joestar lo había dejado claro, salvar a todos era una hazaña imposible, pero el mero hecho de intentarlo, de darlo todo por la protección de los más desamparados. Ahí era dónde la verdadera fuerza de la División 17 radicaba. Y siempre que ese fuera el sentimiento que imperaba en el interior de los marines que velaban por la seguridad, la justicia siempre prevalecería. Y con eso en mente, era que debían seguir con la misión que le había asignado el Almirante Gukuro. Con el fin de no molestar las labores de Joe, la chica se separó de este, dedicándoles a cada uno de los marines una cálida y tierna sonrisa - en especial a la semioni Karl, que parecía ser la más derrumbada - en una clara señal de agradecimiento. Aunque antes de proseguir, quizás, aún debían terminar de solucionar los problemas internos que acarreaban la división.
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