28-02-2025, 02:25 PM
Aunque no lo viera directamente estaba claro que el robot se movía, los sonidos de chispas lo delataban, pero había algo más que el robot, al escuchar un llanto el cerdo gigante se detuvo en seco, quedando clavado a 10 metros del Patriota, de lo alto de la raíz provenía un llanto, ¿Había supervivientes? Cuando me giré hacia Panda mis conjeturas se confirmaron, estaba gritando que se pusiera a salvo, que huyera, pero dada la situación actual era algo más fácil decirlo que hacerlo, el pobre niño debía estar aterrado por lo que acababa de ver, y Panda no iba a poder hacerse cargo de ese infante mientras el engendro mecánico estuviera por la zona, era mi deber tomar la responsabilidad de llevar al civil a un lugar seguro, que sería cualquier lugar que no fuera este en el que nos encontrábamos los cuatro. El robot se levantó con dificultad, debíamos haber dañado seriamente su cuerpo, pues se movía de forma errática. No había tiempo que perder, así que recorté los dos metros que me separaban de la raíz que nos había alejado de Kisuke y cuando estuve lo suficientemente cerca como para poder tocarla con mi mano salté con todas mis fuerzas para ahorrarme trepar la mayor parte del muro natural que se interponía en mi camino, llegando a la cima y observando al robot levantarse.
Cuando se levantó, Don Bambú fue a asegurarse de mantenerlo ocupado, propinándole un zarpazo y un puñetazo, con suerte me dejaría en paz por un rato y se centraría solo mi camarada blanco y negro, permitiendome acercarme y consolar al infante que lloraba solo y desconsolado. — ¿Estás herido, pequeñoink? — pregunté, comenzando a acercarme, lo había ignorado durante la subida pero el dolor de la quemadura por la explosión seguía ahí, y no parecía que fuera a irse en poco tiempo, — Es peligroso estar aquí, oink. ¿Qué te parece si te subes a mi y nos vamos a un lugar seguro? Así el robot malo no podrá hacerte daño. — intenté llenar mi voz de optimismo y positividad para transmitirle esos sentimientos al joven inocente que había sido atrapado en el fuego cruzado de una guerra que no debería ni conocer con esa edad, poco a poco me fui acercando, tendiendo mi mano con la palma hacia el cielo por si quería acercarse a ella y subir, facilitandome su rescate y además asegurando su supervivencia, si estaba conmigo podría salvarse, aunque quizá la imagen de un enorme gorrino en mawashi no fuera la que más invitaba a acercarse, era consciente de ello, pero dada la situación, si el robot volvía a lanzar uno de esos láseres explosivos y el chico seguía en el sitio… Su destino sería tan negro como las cenizas de sus compañeros.
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