01-03-2025, 01:55 AM
Las sinceras palabras de la mayor parte de los civiles, impulsadas por las acciones de la adolescente llena de gratitud, ayudaron a disipar las dudas que aún podían ahondar en los corazones de la División 17. Las pérdidas y muertes eran inevitables pero, no por ello, debían desistir a la hora de brindarles un lugar seguro y pacífico a los ciudadanos de a pie. La comodoro Karl - quién era la que peor estaba demostrando llevar esta situación, y sentir como estaba fallando en su cometido -, fue la que mejor salió parada ante la actitud de los residentes de Sabaody. Era como si ella y el escuadrón de la marina hubiera vuelto a resurgir de sus cenizas, dejando así, cada uno de los miembros, de fustigarse y empezando a poner, o bien las cartas sobre la mesa sobre su siguiente plan acción, o bien a prepararse para ayudar, o bien a sus compañeros o a los propios civiles - tanto vivos como muertos -.
Después del reencuentro con la chica que una vez salvó, el vicealmirante Joe Joestar dio las órdenes necesarias al resto de su equipo - o mejor dicho, familia -, dejando claro que, aunque su objetivo sería bien uno distinto, tanto Karl, como Ryze, Apolo, Fuguwu y James irían tras los Alas Negras, teniendo la oportunidad de deshacer los posibles malentendidos que habían surgido tras aquella posible fiesta en isla Chika. Por su parte, Fuguwu, haciendo uso de sus avanzados conocimientos médicos, aplicó primeros auxilios a una malherida Ryze Tengen, quién no se mostraba demasiado convencida en poder detener a la banda pirata, dada a su falta de experiencia en una anterior batalla conjunta. Y por el otro lado, James, quién cada vez creía que la justicia que perseguía ese pelotón de la marina se alejaba y distaba más de la suya, parecía sentirse profundamente decepcionado ante el papel de su líder. Por último, el trato que tuvo Apolo con la chica de unos 14 años, hizo que la tierna sonrisa que mostraba ante sus héroes se intensificara aún más y, si eso no era poco, gracias a la llamada que hizo al cuartel bajo las órdenes, el contraalmirante Rikka - quién iba de camino hacia la casa de subastas pero cuya intervención era innecesaria tras la aparición del almirante Yugu -.
No transcurrió demasiado tiempo cuando una gran multitud de marines aparecieron en la avenida, reaccionando ante el terror que había asolado en ella por culpa de un salido de control Patriota. A pesar del horror que se dibujaba en sus caras, los soldados - siendo justo 400 unidades sin contar al contraalmirante - no rompieron la formación, esperando a que su superior diera las órdenes precisas para proceder con la ayuda, quién se encontraba frente a todo el grupo. El contraalmirante, un hombre joven, moreno, con gafas, barba algo descuidada y con un uniforme azul pulcro militar, se detuvo 5 metros frente a dónde quedaban los restos del Patriota, quedando su división de 400 soldados a dos metros de él.
- ¡Vicealmirante Joestar! ¡Se presenta el contraalmirante Rikka! - Exclamó, manteniendo un semblante serio, evitando mirar a los destrozos ocasionados para no perder los nervios, realizando el saludo militar, poniéndose firme y con su mano izquierda frente a su cabeza.- Hemos recibido la llamada del comandante Apolo y... - Pero era inevitable desviar tu mirada del desastre que había ocurrido allí hace escasos minutos.- ¡A la mierda el protocolo! - Deshizo la formación y se dio media vuelta hacia sus hombres.- ¡Soldados! Hay que ayudar a toda esta pobre gente, quiero a 100 de vosotros quitando y apartando todos los escombros del medio, a otros 100 recontando el número de víctimas e identificándolas y al resto atendiendo a todos los heridos, ¿entendido? - Ordenó, a la vez que iba señalando a todas las unidades a movilizarse según iba dando las instrucciones correspondientes.
Corearon al unísono los 400 soldados tras lo cuál, todos empezaron a desplazarse de inmediato para poder llevar a cabo sus tareas y volver a instaurar la paz y seguridad en aquellos que aún quedaba con vida. Tras ello, el contraalmirante Rikka se sacó un cigarrillo de su bolsillo, introduciéndoselo en la boca para encenderlo y darle una calada mientras se dirigía hacia la población que estaba sana y salva y, además, no presentaba ninguna heridas. - Yo me encargo de velar por vosotros, os daremos toda la atención, bienes y materiales oportunos, ¿entendido? - Quiso dejar tranquilos, no sólo a los civiles, sino también a los miembros de la División 17. Dio una última calada a su cigarro y, tras acabárselo, lo tiro al suelo y le asestó un pronto pisotón. - Así que no se preocupe, vicealmirante Joestar, nosotros nos encargamos de esta zona, usted y su equipo puede volver a retomar su misión. - Y volvió a hacerle el saludo militar, en señal de respeto, y dejándole con la tranquilidad de que, la situación en aquella zona estaba completamente controlada.
Después del reencuentro con la chica que una vez salvó, el vicealmirante Joe Joestar dio las órdenes necesarias al resto de su equipo - o mejor dicho, familia -, dejando claro que, aunque su objetivo sería bien uno distinto, tanto Karl, como Ryze, Apolo, Fuguwu y James irían tras los Alas Negras, teniendo la oportunidad de deshacer los posibles malentendidos que habían surgido tras aquella posible fiesta en isla Chika. Por su parte, Fuguwu, haciendo uso de sus avanzados conocimientos médicos, aplicó primeros auxilios a una malherida Ryze Tengen, quién no se mostraba demasiado convencida en poder detener a la banda pirata, dada a su falta de experiencia en una anterior batalla conjunta. Y por el otro lado, James, quién cada vez creía que la justicia que perseguía ese pelotón de la marina se alejaba y distaba más de la suya, parecía sentirse profundamente decepcionado ante el papel de su líder. Por último, el trato que tuvo Apolo con la chica de unos 14 años, hizo que la tierna sonrisa que mostraba ante sus héroes se intensificara aún más y, si eso no era poco, gracias a la llamada que hizo al cuartel bajo las órdenes, el contraalmirante Rikka - quién iba de camino hacia la casa de subastas pero cuya intervención era innecesaria tras la aparición del almirante Yugu -.
No transcurrió demasiado tiempo cuando una gran multitud de marines aparecieron en la avenida, reaccionando ante el terror que había asolado en ella por culpa de un salido de control Patriota. A pesar del horror que se dibujaba en sus caras, los soldados - siendo justo 400 unidades sin contar al contraalmirante - no rompieron la formación, esperando a que su superior diera las órdenes precisas para proceder con la ayuda, quién se encontraba frente a todo el grupo. El contraalmirante, un hombre joven, moreno, con gafas, barba algo descuidada y con un uniforme azul pulcro militar, se detuvo 5 metros frente a dónde quedaban los restos del Patriota, quedando su división de 400 soldados a dos metros de él.
RIKKA
- ¡Vicealmirante Joestar! ¡Se presenta el contraalmirante Rikka! - Exclamó, manteniendo un semblante serio, evitando mirar a los destrozos ocasionados para no perder los nervios, realizando el saludo militar, poniéndose firme y con su mano izquierda frente a su cabeza.- Hemos recibido la llamada del comandante Apolo y... - Pero era inevitable desviar tu mirada del desastre que había ocurrido allí hace escasos minutos.- ¡A la mierda el protocolo! - Deshizo la formación y se dio media vuelta hacia sus hombres.- ¡Soldados! Hay que ayudar a toda esta pobre gente, quiero a 100 de vosotros quitando y apartando todos los escombros del medio, a otros 100 recontando el número de víctimas e identificándolas y al resto atendiendo a todos los heridos, ¿entendido? - Ordenó, a la vez que iba señalando a todas las unidades a movilizarse según iba dando las instrucciones correspondientes.
- ¡SEÑOR, SI SEÑOR! -
-Corearon al unísono los 400 soldados tras lo cuál, todos empezaron a desplazarse de inmediato para poder llevar a cabo sus tareas y volver a instaurar la paz y seguridad en aquellos que aún quedaba con vida. Tras ello, el contraalmirante Rikka se sacó un cigarrillo de su bolsillo, introduciéndoselo en la boca para encenderlo y darle una calada mientras se dirigía hacia la población que estaba sana y salva y, además, no presentaba ninguna heridas. - Yo me encargo de velar por vosotros, os daremos toda la atención, bienes y materiales oportunos, ¿entendido? - Quiso dejar tranquilos, no sólo a los civiles, sino también a los miembros de la División 17. Dio una última calada a su cigarro y, tras acabárselo, lo tiro al suelo y le asestó un pronto pisotón. - Así que no se preocupe, vicealmirante Joestar, nosotros nos encargamos de esta zona, usted y su equipo puede volver a retomar su misión. - Y volvió a hacerle el saludo militar, en señal de respeto, y dejándole con la tranquilidad de que, la situación en aquella zona estaba completamente controlada.
Info

![[Imagen: yl3nuvO.png]](https://i.imgur.com/yl3nuvO.png)