01-03-2025, 08:10 PM
No acostumbraba a que los humanos fuesen tan frágiles, apenas había utilizado una patadita como ella hubiera descrito aquel golpe, por lo que al ver la cabeza salir volando como un balón una mueca de sorpresa se mostró en su rostro. Era cierto que siempre que golpeaba lo hacía fuerte, con unas ansias propias de su especie y aunque aquel golpe pretendía ser el inicio de un combate largo el mero hecho de poder explotar la fragilidad de sus oponentes le hizo cambiar la sorpresa por una sonrisa. Una sonrisa que solo se ensanchó al ver a la capitana, algo en ella se revolvió, esa ropa que usaba era tan ardiente que guiñó su ojo al verla aunque desatendía todo lo que esta decía. Claramente ambas se veían como objetos, para Berry esa joven y bien fornida mujer era su próxima cena en la cama, se relamió los labios mientras corría, irguiendo su cola como la de un escorpión al sentir que estaban dispuestos a ir tras ella. Todo estaba saliendo de acuerdo a su plan, escondida los latidos de su corazón se aceleraban, no solo por la caza si no porque el premio era esa mujer que ahora se había convertido en el centro de su atención. No tenía tiempo para perder en sus hombres, una mujer como esa pirata no merecía meros humanos que podían usarse como balones, necesitaba una zorra que le enseñase lo que era bueno y ella se sentía la digna merecedora de aquel lujo. ¿Quién mejor que ella? Sabía pelear, cazar, era hermosa y nadie podía decirle que no al menos esa era la imagen que Berry tenía en su cabeza de ella alguien que siempre actuaba noblemente y en defensa de lo que consideraba justo pero que con su corta memoria podía considerar justo algo que al otro día detestase. Como esos dos humanos a los que ahora protegía simplemente por haberle alimentado, cuando se olvidase de su encuentro, a lo mejor podrían terminar muy mal si no se encargaban de explicarle las cosas a tiempo. ― Suficiente... esta profundidad está bien, lejos del agua no podrán orientarse... es hora de terminar con esto de forma rápida. ― masculló aún oculta en la espesura de aquel árbol antes de descender como un camaleón alrededor del tronco y patear la cabeza del primer tonto que se había quedado demasiado atrás del resto.
Lo que siguió fue una completa carnicería, los gritos se despertaban de un lado y del otro del bosque, sus garras habían probado la sangre de algunos piratas, otros le habían servido para lustrar las suelas de sus zapatos. Con una velocidad vertiginosa la mink se había adentrado unos metros más al bosque, utilizando la nieve de las primeras horas para hacer una pequeña montaña y apilar los cuerpos cazados en una extraña montaña que presentaba a las puertas del bosque, como una bienvenida para la presa principal. Suspiró antes de volver a moverse, mucho más rápido y esta vez usando sus garras para aferrarse a otro árbol, uno mucho más alto desde donde podía prever la llegada de su invitada. ― Bien, solo veremos cuanto te gusta este lugar... si el mar te ha curtido a lo mejor este bosque pueda desnudar tus debilidades... y tu ropa... solo comienza a caminar. ― pensó en un leve suspiro mientras se estiraba sobre la rama, lista para saltar en dirección a la capitana en cuanto estuviera muy cerca. Su arma era pesada, en aquella zona la nieve había formado pequeñas elevaciones que seguramente le provocarían alguna desventaja, además de que si se mantenía quieta con tan poca ropa en pleno invierno tampoco le haría mucha gracia. Ella al menos tenía su pelaje, la ropa humana que tenía y solía quitarse era más por mera formalidad o para divertirse imitando a los más "civilizados" una manera de defenderse de la discriminación que había sufrido en su tribu. Pero para los humanos no era lo mejor, menos en un terreno tan desolado como un bosque, en algo que buscaba ser un combate o una expedición con bastante tiempo para finalizarse. Berry estaba solo jugando, probando la paciencia de su enemiga, viendo como explotar su ventaja, seguiría utilizando ese modo de lucha tanto mental como físico, un golpe, escapar hacerle correr, otro golpe y volver a cambiar de ubicación hasta que no tuviese más opción que rendirse ante la inclemencia de un terreno que si bien Berry dominaba una humana no lo vería tan apacible. El infierno era el paraíso de los depredadores y Berry se había convertido casi sin darse cuenta en la criatura dominante entre los diferentes bichos y alimañas que ahora bordeaban los terrenos en busca de las sobras.
Lo que siguió fue una completa carnicería, los gritos se despertaban de un lado y del otro del bosque, sus garras habían probado la sangre de algunos piratas, otros le habían servido para lustrar las suelas de sus zapatos. Con una velocidad vertiginosa la mink se había adentrado unos metros más al bosque, utilizando la nieve de las primeras horas para hacer una pequeña montaña y apilar los cuerpos cazados en una extraña montaña que presentaba a las puertas del bosque, como una bienvenida para la presa principal. Suspiró antes de volver a moverse, mucho más rápido y esta vez usando sus garras para aferrarse a otro árbol, uno mucho más alto desde donde podía prever la llegada de su invitada. ― Bien, solo veremos cuanto te gusta este lugar... si el mar te ha curtido a lo mejor este bosque pueda desnudar tus debilidades... y tu ropa... solo comienza a caminar. ― pensó en un leve suspiro mientras se estiraba sobre la rama, lista para saltar en dirección a la capitana en cuanto estuviera muy cerca. Su arma era pesada, en aquella zona la nieve había formado pequeñas elevaciones que seguramente le provocarían alguna desventaja, además de que si se mantenía quieta con tan poca ropa en pleno invierno tampoco le haría mucha gracia. Ella al menos tenía su pelaje, la ropa humana que tenía y solía quitarse era más por mera formalidad o para divertirse imitando a los más "civilizados" una manera de defenderse de la discriminación que había sufrido en su tribu. Pero para los humanos no era lo mejor, menos en un terreno tan desolado como un bosque, en algo que buscaba ser un combate o una expedición con bastante tiempo para finalizarse. Berry estaba solo jugando, probando la paciencia de su enemiga, viendo como explotar su ventaja, seguiría utilizando ese modo de lucha tanto mental como físico, un golpe, escapar hacerle correr, otro golpe y volver a cambiar de ubicación hasta que no tuviese más opción que rendirse ante la inclemencia de un terreno que si bien Berry dominaba una humana no lo vería tan apacible. El infierno era el paraíso de los depredadores y Berry se había convertido casi sin darse cuenta en la criatura dominante entre los diferentes bichos y alimañas que ahora bordeaban los terrenos en busca de las sobras.
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