03-03-2025, 11:32 AM
La División 17 recibió de buena manera los refuerzos y, del mismo, Rikka aceptó gratamente el agradecimiento del cabecilla del escuadrón.- ¡Puede dejarlo todo en nuestras manos, vicealmirante! - Volvió a hacer el saludo militar el contraalmirante en señal de respeto hacia su superior, reanudando su ruta para ayudar al mayor número de personas posibles.
Ante la orden del vicealmirante Joe Joestar, los miembros de la División 17 empezaron a intercambiar la información pertinente que podían conocer acerca de su nuevo objetivo, la banda de los Alas Negras. Prontamente como la comodoro Karlglass relató sin entrar en demasiados detalles su anterior encontronazo con uno de los suyos en la isla celestial, el miedo, la inseguridad y desgana comenzó a cundir entre los miembros del escuadrón pues, ¿eran capaces de hacerle frente a un grupo, cuyo uno de sus integrantes, había derrotado a la segunda al mando de la división anteriormente? Con este pretexto, fue que la propia semioni se dirigió hacia el contraalmirante - quién estaba atendiendo y asegurándose que los civiles estuvieran en plenas condiciones y capacidades - para intentar convencerle de unírseles en su crucial misión.
- Parece que alguien se ha encargado de aliviar un poco nuestro trabajo mientras llegábamos. - Comentó para sí mismo, después de terminar de revisar el estado de un hombre de mediana edad que expresó haber sido salvado por un joven rubiales anteriormente. En ese momento fue que Karlglass se aproximó y saludó al contraalmirante, frunciendo el ceño y mostrando una expresión que reflejaba la más pura de las confusiones.- ¿Pryca? - Miró hacia su alrededor, extrañado.- Que yo recuerde, el soldado Pa Pryca se había dado de baja por un esguince... - Volvió a enfocarse en la semioni, mirándola ahora sí, con asombro.- ¿Contramaestre? Pero me está hablando Karlglass, ¿verdad? Pensaba que era comodoro... ¿Habré leído mal el informe? - Nada de lo que decía la marine tenía ningún sentido según los conocimientos que ya tenía el contraalmirante. Encima de eso, mientras le pedía que se uniera en su cruzada para detener a los Alas Negras, aquellas posturas, que se estuviera manoseando el pelo y que dejara a la vista su entreteto y, aunque no pudo evitar ponerse algo colorado, hizo que Rikka levantara la guardia.
- ¡Wowowowowo! - Empezó a menear sus manos de lado a lado, interrumpiendo lo poco que le quedaría a la semioni por hablar.- "Contramaestre" Karl, ¿verdad? ¿Me estás tirando los tejos? - Preguntó sin tapujos, introduciendo sus manos en uno de los bolsillos de su uniforme para sacar una foto. En ella, estaba el contraalmirante junto a una mujer de su edad, de pelo castaño largo ondulado y junto a una niña del mismo color de cabello que la que tenía pinta de ser su madre. Le puso la foto frente a su cara durante algo más de cinco segundos.- Son mi mujer e hija, las estrellas de mis ojos. - Sentenció, pasando a volver a guardarse la foto en el mismo bolsillo.- Así que tus encantos son inútiles frente a un hombre enamorado como yo. -Añadió, echando un último vistazo ninja al escote de Karlglass.- Y segundo, pero no menos importante, todas las unidades del archipiélago cumplimos expresa y únicamente las órdenes del almirante Yugu, salvo alguna orden puntual y de extrema urgencia como esta por parte del vicealmirante Joe. - Explicó las razones por las que el marine era incapaz de abandonar su actual puesto y, en ese momento, un edificio colapsó espontáneamente para, seguidamente, escucharse el grito de un hombre quejarse sobre sus coles.- Y ahora, si me permites, debo seguir atendiendo al resto de civiles. - Y se dio la media vuelta en pos de ayudar a ese desdichado hombre.
El mensaje que le había dado el contraalmirante a la comodoro de rango confuso era extrapolable a lo que el resto de su división estaban haciendo o, mejor dicho, a la idea que planteaba el sargento de la división. Ordenar a las tropas movilizarse sin autorización del almirante Yugu, podría acarrearles meterse en un consejo de guerra tal y como el búho plateado había advertido antes de que salieran del cuartel de la marina. Por su parte, Joe Joestar había recibido y atendido el llamado de emergencia que le había dedicado su buen amigo Viktor Evans. Ante la propuesta laboral que les hacía los cazadores de Magna, el vicealmirante les negó la cantidad tan absurda que le ofrecía el enmascarado, desatando la ira del líder del gremio y colgando, ipso facto el Den Den Mushi no sin antes dedicarles unas palabras, un tanto desafortunadas, al barbudo marine.
Con las cartas ya puestas sobre la mesa y con toda la avenida ya estando en las buenas manos del contraalmirante Rikka y sus unidades, la división 17 se aventuraba, finalmente, hacia sus dos objetivos. Por un lado, Joe Joestar debía llevar a cabo la misión que el mismísimo almirante le había encomendado, una misión que aún permanecía en alto secreto. Por el otro lado, Karlglass, Ryze, Apolo, Fuguwu y James debían conseguir dar con los Alas Negras y detenerlos, tal y como había designado el vicealmirante. Encaminándose ya hacia el fin de la avenida, la División 17 dejaba atrás una experiencia que, sin lugar a dudas y para bien y para mal, jamás olvidaría. En cambio, ahora se dirigían hacia un destino que, si bien está marcado, a su vez era incierto pues, debían estar más preparados que nunca para afrontar los desafíos que les esperaban.
Ante la orden del vicealmirante Joe Joestar, los miembros de la División 17 empezaron a intercambiar la información pertinente que podían conocer acerca de su nuevo objetivo, la banda de los Alas Negras. Prontamente como la comodoro Karlglass relató sin entrar en demasiados detalles su anterior encontronazo con uno de los suyos en la isla celestial, el miedo, la inseguridad y desgana comenzó a cundir entre los miembros del escuadrón pues, ¿eran capaces de hacerle frente a un grupo, cuyo uno de sus integrantes, había derrotado a la segunda al mando de la división anteriormente? Con este pretexto, fue que la propia semioni se dirigió hacia el contraalmirante - quién estaba atendiendo y asegurándose que los civiles estuvieran en plenas condiciones y capacidades - para intentar convencerle de unírseles en su crucial misión.
- Parece que alguien se ha encargado de aliviar un poco nuestro trabajo mientras llegábamos. - Comentó para sí mismo, después de terminar de revisar el estado de un hombre de mediana edad que expresó haber sido salvado por un joven rubiales anteriormente. En ese momento fue que Karlglass se aproximó y saludó al contraalmirante, frunciendo el ceño y mostrando una expresión que reflejaba la más pura de las confusiones.- ¿Pryca? - Miró hacia su alrededor, extrañado.- Que yo recuerde, el soldado Pa Pryca se había dado de baja por un esguince... - Volvió a enfocarse en la semioni, mirándola ahora sí, con asombro.- ¿Contramaestre? Pero me está hablando Karlglass, ¿verdad? Pensaba que era comodoro... ¿Habré leído mal el informe? - Nada de lo que decía la marine tenía ningún sentido según los conocimientos que ya tenía el contraalmirante. Encima de eso, mientras le pedía que se uniera en su cruzada para detener a los Alas Negras, aquellas posturas, que se estuviera manoseando el pelo y que dejara a la vista su entreteto y, aunque no pudo evitar ponerse algo colorado, hizo que Rikka levantara la guardia.
- ¡Wowowowowo! - Empezó a menear sus manos de lado a lado, interrumpiendo lo poco que le quedaría a la semioni por hablar.- "Contramaestre" Karl, ¿verdad? ¿Me estás tirando los tejos? - Preguntó sin tapujos, introduciendo sus manos en uno de los bolsillos de su uniforme para sacar una foto. En ella, estaba el contraalmirante junto a una mujer de su edad, de pelo castaño largo ondulado y junto a una niña del mismo color de cabello que la que tenía pinta de ser su madre. Le puso la foto frente a su cara durante algo más de cinco segundos.- Son mi mujer e hija, las estrellas de mis ojos. - Sentenció, pasando a volver a guardarse la foto en el mismo bolsillo.- Así que tus encantos son inútiles frente a un hombre enamorado como yo. -Añadió, echando un último vistazo ninja al escote de Karlglass.- Y segundo, pero no menos importante, todas las unidades del archipiélago cumplimos expresa y únicamente las órdenes del almirante Yugu, salvo alguna orden puntual y de extrema urgencia como esta por parte del vicealmirante Joe. - Explicó las razones por las que el marine era incapaz de abandonar su actual puesto y, en ese momento, un edificio colapsó espontáneamente para, seguidamente, escucharse el grito de un hombre quejarse sobre sus coles.- Y ahora, si me permites, debo seguir atendiendo al resto de civiles. - Y se dio la media vuelta en pos de ayudar a ese desdichado hombre.
El mensaje que le había dado el contraalmirante a la comodoro de rango confuso era extrapolable a lo que el resto de su división estaban haciendo o, mejor dicho, a la idea que planteaba el sargento de la división. Ordenar a las tropas movilizarse sin autorización del almirante Yugu, podría acarrearles meterse en un consejo de guerra tal y como el búho plateado había advertido antes de que salieran del cuartel de la marina. Por su parte, Joe Joestar había recibido y atendido el llamado de emergencia que le había dedicado su buen amigo Viktor Evans. Ante la propuesta laboral que les hacía los cazadores de Magna, el vicealmirante les negó la cantidad tan absurda que le ofrecía el enmascarado, desatando la ira del líder del gremio y colgando, ipso facto el Den Den Mushi no sin antes dedicarles unas palabras, un tanto desafortunadas, al barbudo marine.
Con las cartas ya puestas sobre la mesa y con toda la avenida ya estando en las buenas manos del contraalmirante Rikka y sus unidades, la división 17 se aventuraba, finalmente, hacia sus dos objetivos. Por un lado, Joe Joestar debía llevar a cabo la misión que el mismísimo almirante le había encomendado, una misión que aún permanecía en alto secreto. Por el otro lado, Karlglass, Ryze, Apolo, Fuguwu y James debían conseguir dar con los Alas Negras y detenerlos, tal y como había designado el vicealmirante. Encaminándose ya hacia el fin de la avenida, la División 17 dejaba atrás una experiencia que, sin lugar a dudas y para bien y para mal, jamás olvidaría. En cambio, ahora se dirigían hacia un destino que, si bien está marcado, a su vez era incierto pues, debían estar más preparados que nunca para afrontar los desafíos que les esperaban.
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