04-03-2025, 06:15 PM
Parecía que el plan de Karl de seducir al contraalmirante no había funcionado y con ello se iba la opción de que él trabajase por mí a la hora de enfrentarse a los Alas Negras. El superior apelaba al hecho de que estaba casado y que a su vez sólo obedecía al almirante por lo que seguiría ayudando a los civiles, la única verdad era que desde que llegó lo único que hizo fue fumarse un cigarro. ¿Otro caso de crecido con medallas que no se podía permitir bajar al barro como los demás? Habría que verlo.
Ante tanto secretismo en el ambiente con Joe yéndose de nuevo siendo él el único que sabía de qué iba la cosa, me dediqué a escuchar lo que sucedía a mi alrededor por si podía llegar a una conclusión por mi cuenta. Karl seguía hablando de ese torneo del pasado y a medida que hablaba simplemente me limité a cerrar los ojos, apoyar mi zurda en mi cadera y con mi diestra me limitaba a frotarme la frente y los párpados con la yema de los dedos, cansado. Ante tanta charla generé un balón hecho de arena y comencé a jugar con él dándole toques, alternando ambos pies enviándolo de uno a otro sin que tocase el suelo. Hablaban de Garnet como si fuese un monstruo peligroso, la única verdad fue que en aquella taberna tuvo un trato más cordial conmigo que la mayoría de presentes, así que cada vez entendía menos la misión.
Karl nos explicaba el plan que se le había ocurrido y yo seguía metido en lo mío, como quién oye llover — Haced lo que queráis — afirmé cuando pidió nuestra opinión — pero si todo este lío es por rencillas vuestras personales o por no sé qué de un torneo, la cosa no va conmigo y creo que no pinto nada aquí — mi pregunta sobre por qué llamaban criminales a los Alas Negras había sido ignorada, no sé si porque no tenían motivos para responder o porque no querían decir qué ocurría con ellos. Pelear porque sí contra alguien que no me había hecho nada malo (sino todo lo contrario) me parecía algo absurdo y sin motivación y más aún cuando eso de que eran criminales venía por parte de una gente que nos hizo desfilar con un arma que masacró civiles. ¿Éramos los buenos entonces?. — Le dije a Joe que contase con mi ayuda... pero Joe ya no está, ¿verdad?.... aunque da igual, supongo que simplemente somos fichas que arrojar sobre un tablero. Así funciona todo — dije ironizando con un desdén absoluto. Tampoco mentía, la realidad era que allí estábamos, como carnaza siendo enviados a por un grupo supuestamente peligrosísimo sin saber por qué. Con un líder que decía querer formar una familia pero nunca estaba, ni nunca contaba nada pero parecía que nos exigía que confiásemos en él pese a no habernos dado ningún motivo para hacerlo, por lo menos a mí. Dejé de dar toques con la pelota de arena, deshaciéndola en el aire e hice aparecer mi mochila a través de mi pecho para comenzar a hurgar dentro de ella — Y encima me he olvidado los auriculares en el cuartel — suspiré con plena desgana mientras volvía a guardar mis bártulos dentro de mi cuerpo arenoso, poder al menos escuchar algo de música quizás me viniese bien.
Por otro lado oí como James se acercaba a Fuguwu para pedirle si podía curar su dolor en el hombro. Esa petición como si nada hubiese ocurrido, después de haberme amenazado, amenazar a Karl e intentar agredir a Joe cuando tratábamos de parar a una máquina asesina me pareció tan surrealista que simplemente me reí. Parecía que nos estaban grabando para un programa de cámaras ocultas o que éramos los protagonistas de una sitcom... empezaba a perder la cabeza y daba la sensación de que nada de lo que estábamos viviendo era real. Metí mis manos en los bolsillos de mi pantalón, respiré de forma profunda y me quedé estático esperando a reanudar la marcha. Miraba hacia arriba contemplando el cielo, con una mirada aburrida y cansada. El día se me empezaba a hacer bola.
Ante tanto secretismo en el ambiente con Joe yéndose de nuevo siendo él el único que sabía de qué iba la cosa, me dediqué a escuchar lo que sucedía a mi alrededor por si podía llegar a una conclusión por mi cuenta. Karl seguía hablando de ese torneo del pasado y a medida que hablaba simplemente me limité a cerrar los ojos, apoyar mi zurda en mi cadera y con mi diestra me limitaba a frotarme la frente y los párpados con la yema de los dedos, cansado. Ante tanta charla generé un balón hecho de arena y comencé a jugar con él dándole toques, alternando ambos pies enviándolo de uno a otro sin que tocase el suelo. Hablaban de Garnet como si fuese un monstruo peligroso, la única verdad fue que en aquella taberna tuvo un trato más cordial conmigo que la mayoría de presentes, así que cada vez entendía menos la misión.
Karl nos explicaba el plan que se le había ocurrido y yo seguía metido en lo mío, como quién oye llover — Haced lo que queráis — afirmé cuando pidió nuestra opinión — pero si todo este lío es por rencillas vuestras personales o por no sé qué de un torneo, la cosa no va conmigo y creo que no pinto nada aquí — mi pregunta sobre por qué llamaban criminales a los Alas Negras había sido ignorada, no sé si porque no tenían motivos para responder o porque no querían decir qué ocurría con ellos. Pelear porque sí contra alguien que no me había hecho nada malo (sino todo lo contrario) me parecía algo absurdo y sin motivación y más aún cuando eso de que eran criminales venía por parte de una gente que nos hizo desfilar con un arma que masacró civiles. ¿Éramos los buenos entonces?. — Le dije a Joe que contase con mi ayuda... pero Joe ya no está, ¿verdad?.... aunque da igual, supongo que simplemente somos fichas que arrojar sobre un tablero. Así funciona todo — dije ironizando con un desdén absoluto. Tampoco mentía, la realidad era que allí estábamos, como carnaza siendo enviados a por un grupo supuestamente peligrosísimo sin saber por qué. Con un líder que decía querer formar una familia pero nunca estaba, ni nunca contaba nada pero parecía que nos exigía que confiásemos en él pese a no habernos dado ningún motivo para hacerlo, por lo menos a mí. Dejé de dar toques con la pelota de arena, deshaciéndola en el aire e hice aparecer mi mochila a través de mi pecho para comenzar a hurgar dentro de ella — Y encima me he olvidado los auriculares en el cuartel — suspiré con plena desgana mientras volvía a guardar mis bártulos dentro de mi cuerpo arenoso, poder al menos escuchar algo de música quizás me viniese bien.
Por otro lado oí como James se acercaba a Fuguwu para pedirle si podía curar su dolor en el hombro. Esa petición como si nada hubiese ocurrido, después de haberme amenazado, amenazar a Karl e intentar agredir a Joe cuando tratábamos de parar a una máquina asesina me pareció tan surrealista que simplemente me reí. Parecía que nos estaban grabando para un programa de cámaras ocultas o que éramos los protagonistas de una sitcom... empezaba a perder la cabeza y daba la sensación de que nada de lo que estábamos viviendo era real. Metí mis manos en los bolsillos de mi pantalón, respiré de forma profunda y me quedé estático esperando a reanudar la marcha. Miraba hacia arriba contemplando el cielo, con una mirada aburrida y cansada. El día se me empezaba a hacer bola.
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