06-03-2025, 03:12 AM
(Última modificación: 06-03-2025, 03:13 AM por Yugu Dimípalo.)
Estaban tranquilos o confiados, o por el contrario tenían más suerte de la que jamás se les habría ocurrido pensar que poseían. Ashura había sido el único en reaccionar activamente a mi ataque desplazándose volando elevándose por encima del surco del tajo de mi espada Juramentada. Triana por su parte, se había mantenido agachada, tirada en el suelo, haciendo que voluntaria o involuntariamente el viento cortante pasase por encima de ella. Por el contrario de ambos, Kisuke se había mantenido en una posición vertical y apoyado en tierra firme, lo que había hecho que el fino corte de viento le impactase de lado a lado y le propiciase un daño considerable en una etapa temprana del enfrentamiento, reduciendo considerablemente sus capacidades y oportunidades en esta contienda.
Suspiré alternando mi mirada entre los tres criminales, recomponiendo mi postura erguida y estática mientras alzaba la mano derecha por encima de mi cabeza y lanzaba una pequeña esfera de viento comprimido, de veinte centímetros de diámetro, que ascendía rápidamente hacia el cielo. Mientras esto pasaba, Triana y Kisuke comenzaban el desplazamiento hacia mí de distintas formas, reduciendo la distancia la mujer y lanzándose al ataque el hombre con las espadas en ristre. Y cuando estas estuvieron por impactarme, justo en el instante que estaban por rajar mi cuerpo, chasqueé los dedos de mi mano y una súbita y terrible explosión de viento sacudió todo el lugar, mucho más fuertemente que mi técnica anterior llevando forzada y de forma dirigida los cuerpos de los tres malhechores contra la misma pared contra la que habían sido estrellados antes. La fuerza del viento los mantuvo así unos largos segundos, mientras sacudían un kilómetro a la redonda y lanzaban aleatoriamente a las personas y los objetos por doquier. Una técnica masiva y abrupta, pero realmente gentil, sin destructividad ni daño, que reubicaría a las personas fuera de edificaciones alejándolas de la zona de alcance de mis ataques y de esta contienda.
Caminé unos pasos hacia ellos mientras el viento sembraba aquel vendaval incontrolable y dictaba el curso del destino de todos los presentes en la isla, inmutable ante la fuerza del viento viéndose este reflejado sólo en mis cabellos y mi ropa, parándome frente al trío y alzando la mano derecha frente a ellos comenzando a arremolinar aire despacio e hipnóticamente entorno a ella mientras el vendaval anterior se calmaba mientras con la otra mano tocaba el botón externo del auricular que controlaba a los Patriotas, comprobando que sólo uno de ellos seguía en pie y se estaba replegando como había dicho, pero había sido afectado también por la explosión de viento. Ahora ese huracán esférico había cambiado el terreno de juego y yo volvía a ser la amenaza a tener en cuenta. Estos tres no podían preocuparse por nada que no fuera yo mismo y mi filo, o tendrían problemas más serios.
— Sea pues. Esto acaba aquí y ahora. — dije con firmeza sin variar mi posición, a quince metros de ellos y preparándome para terminar con sus trayectorias en la piratería y en la asquerosa revolución. Hasta ahora había sido gentil y amable con ellos, pero si tenía que pasar a reducirlos lo haría sin miramientos. El verdadero combate comenzaba ahora.
Suspiré alternando mi mirada entre los tres criminales, recomponiendo mi postura erguida y estática mientras alzaba la mano derecha por encima de mi cabeza y lanzaba una pequeña esfera de viento comprimido, de veinte centímetros de diámetro, que ascendía rápidamente hacia el cielo. Mientras esto pasaba, Triana y Kisuke comenzaban el desplazamiento hacia mí de distintas formas, reduciendo la distancia la mujer y lanzándose al ataque el hombre con las espadas en ristre. Y cuando estas estuvieron por impactarme, justo en el instante que estaban por rajar mi cuerpo, chasqueé los dedos de mi mano y una súbita y terrible explosión de viento sacudió todo el lugar, mucho más fuertemente que mi técnica anterior llevando forzada y de forma dirigida los cuerpos de los tres malhechores contra la misma pared contra la que habían sido estrellados antes. La fuerza del viento los mantuvo así unos largos segundos, mientras sacudían un kilómetro a la redonda y lanzaban aleatoriamente a las personas y los objetos por doquier. Una técnica masiva y abrupta, pero realmente gentil, sin destructividad ni daño, que reubicaría a las personas fuera de edificaciones alejándolas de la zona de alcance de mis ataques y de esta contienda.
Caminé unos pasos hacia ellos mientras el viento sembraba aquel vendaval incontrolable y dictaba el curso del destino de todos los presentes en la isla, inmutable ante la fuerza del viento viéndose este reflejado sólo en mis cabellos y mi ropa, parándome frente al trío y alzando la mano derecha frente a ellos comenzando a arremolinar aire despacio e hipnóticamente entorno a ella mientras el vendaval anterior se calmaba mientras con la otra mano tocaba el botón externo del auricular que controlaba a los Patriotas, comprobando que sólo uno de ellos seguía en pie y se estaba replegando como había dicho, pero había sido afectado también por la explosión de viento. Ahora ese huracán esférico había cambiado el terreno de juego y yo volvía a ser la amenaza a tener en cuenta. Estos tres no podían preocuparse por nada que no fuera yo mismo y mi filo, o tendrían problemas más serios.
— Sea pues. Esto acaba aquí y ahora. — dije con firmeza sin variar mi posición, a quince metros de ellos y preparándome para terminar con sus trayectorias en la piratería y en la asquerosa revolución. Hasta ahora había sido gentil y amable con ellos, pero si tenía que pasar a reducirlos lo haría sin miramientos. El verdadero combate comenzaba ahora.
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