[personajeinvalido=1574]
Antes de que Apolo pudiera responderme, un vendaval se desplazo a gran velocidad por todo el manglar en el que nos encontrábamos. Era tal su intensidad que empezó a llevarse consigo parte de los edificios que anteriormente habían colapsado por culpa de los ataques del Patriota, tapándome los ojos con el antebrazo derecho mientras sostenía con fuerza la mochila con utensilios médicos colgada a ambos hombros me empecé a percatar de como la fuerza del vendaval era tal que empezaba a levantarme incluso a mi y a mis compañeros. Como si de un tornado se tratase, en un momento todos empezamos a ser engullidos por la furia del mismo y a surcar los aires como si de peces voladores se tratara. Lamentablemente, al no poder controlar esta fuerza de la naturaleza, salí disparado lejos del resto de mis compañeros de división a otro manglar del archipiélago. Encogiéndome sobre mis rodillas (haciéndome bolita como dirían los niños) adopte una postura que me ayudara a mitigar la inevitable caída que estaba por llegar. A los pocos minutos aterrice, girando varios metros hacia la orilla del manglar, aun en aquella posición defensiva (hecho bolita) logrando mitigar todo el daño que de otra forma hubiera agraviado fuertemente a alguna de mis extremidades.
Por lo visto, este inusual evento meteorológico también había causado estragos aquí pues se podía ver como múltiples de las casas y edificios del lugar habían perdido sus techos o incluso plantas enteras para no ser vistas en ninguno de los alrededores. Igualmente, mucha gente caía de golpe sobre el suelo, o sobre los edificios ahora sin techo, empezando a correr despavorida sin entender – al igual que yo – que estaba pasando en el archipiélago. Aquel aterrizaje forzoso me había hecho rodar cerca de la orilla del manglar quedando a solo 5 metros de caer al mar, pero para mí fortuna no había sido así y me había mantenido a salvo en tierra firme justo en el medio del manglar. Similar al manglar 69 en el que me encontraba anteriormente, este manglar tenia una calzada amplia y larga que recorría toda el área de 50 metros de ancho por 100 de largo. A su orilla derecha, completamente al lado contrario en el que había aterrizado, se encontraban los edificios, negocios y casas que habían perdido en su gran mayoría el techo, todos y cada uno seguidos el uno del otro sin dejar ni el más mínimo espacio entre si a todo lo largo de la calzada. En cada una de las esquinas de este manglar se podía observar un árbol (es decir, 4 en total) del tamaño de un gigante (cerca de 20 metros de altura) que cubrían la entrada y la salida del manglar como guardianes ancestrales.
Sacudiéndome el polvo y acomodándome la gorra que milagrosamente se había mantenido unida a mi cabeza calva, redonda y amarilla, recordé mi entrenamiento y activé mi Haki de Observación para corroborar el estado de las demás personas que aquí se encontraban. La gran mayoría parecían civiles normales pero el aura de 3 personas en especifico capto mi atención, pues su intensidad era mucho mayor a la de la persona común y corriente, particularmente la de uno de ellos. Los tres, al igual que yo, parecían haber volado contra su intención hasta este manglar a causa de aquel tornado misterioso. Se encontraban aun en el suelo tras semejante vendaval, pero relativamente cerca uno del otro, separados entre si a 5 metros cada uno del otro, habiendo 10 metros de separación entre los de cada extremo, siendo el del centro el que más atraía me atención por dos razones: su aura y su mascara. Unos 25 metros nos separaban por lo que tuve que gritar para que me escucharan con claridad.
“Hola chicos, ¿se encuentran bien?, mi nombre es Fuguwu, contramaestre de la Marina y miembro de la división 17 bajo el mando del vicealmirante Joe Joestar. Su cara me parece familiar, ¿nos conocemos de algún sitio?” – dije mientras levantaba mi mano derecha en señal de saludo hacia ellos.
Antes de que Apolo pudiera responderme, un vendaval se desplazo a gran velocidad por todo el manglar en el que nos encontrábamos. Era tal su intensidad que empezó a llevarse consigo parte de los edificios que anteriormente habían colapsado por culpa de los ataques del Patriota, tapándome los ojos con el antebrazo derecho mientras sostenía con fuerza la mochila con utensilios médicos colgada a ambos hombros me empecé a percatar de como la fuerza del vendaval era tal que empezaba a levantarme incluso a mi y a mis compañeros. Como si de un tornado se tratase, en un momento todos empezamos a ser engullidos por la furia del mismo y a surcar los aires como si de peces voladores se tratara. Lamentablemente, al no poder controlar esta fuerza de la naturaleza, salí disparado lejos del resto de mis compañeros de división a otro manglar del archipiélago. Encogiéndome sobre mis rodillas (haciéndome bolita como dirían los niños) adopte una postura que me ayudara a mitigar la inevitable caída que estaba por llegar. A los pocos minutos aterrice, girando varios metros hacia la orilla del manglar, aun en aquella posición defensiva (hecho bolita) logrando mitigar todo el daño que de otra forma hubiera agraviado fuertemente a alguna de mis extremidades.
Por lo visto, este inusual evento meteorológico también había causado estragos aquí pues se podía ver como múltiples de las casas y edificios del lugar habían perdido sus techos o incluso plantas enteras para no ser vistas en ninguno de los alrededores. Igualmente, mucha gente caía de golpe sobre el suelo, o sobre los edificios ahora sin techo, empezando a correr despavorida sin entender – al igual que yo – que estaba pasando en el archipiélago. Aquel aterrizaje forzoso me había hecho rodar cerca de la orilla del manglar quedando a solo 5 metros de caer al mar, pero para mí fortuna no había sido así y me había mantenido a salvo en tierra firme justo en el medio del manglar. Similar al manglar 69 en el que me encontraba anteriormente, este manglar tenia una calzada amplia y larga que recorría toda el área de 50 metros de ancho por 100 de largo. A su orilla derecha, completamente al lado contrario en el que había aterrizado, se encontraban los edificios, negocios y casas que habían perdido en su gran mayoría el techo, todos y cada uno seguidos el uno del otro sin dejar ni el más mínimo espacio entre si a todo lo largo de la calzada. En cada una de las esquinas de este manglar se podía observar un árbol (es decir, 4 en total) del tamaño de un gigante (cerca de 20 metros de altura) que cubrían la entrada y la salida del manglar como guardianes ancestrales.
Sacudiéndome el polvo y acomodándome la gorra que milagrosamente se había mantenido unida a mi cabeza calva, redonda y amarilla, recordé mi entrenamiento y activé mi Haki de Observación para corroborar el estado de las demás personas que aquí se encontraban. La gran mayoría parecían civiles normales pero el aura de 3 personas en especifico capto mi atención, pues su intensidad era mucho mayor a la de la persona común y corriente, particularmente la de uno de ellos. Los tres, al igual que yo, parecían haber volado contra su intención hasta este manglar a causa de aquel tornado misterioso. Se encontraban aun en el suelo tras semejante vendaval, pero relativamente cerca uno del otro, separados entre si a 5 metros cada uno del otro, habiendo 10 metros de separación entre los de cada extremo, siendo el del centro el que más atraía me atención por dos razones: su aura y su mascara. Unos 25 metros nos separaban por lo que tuve que gritar para que me escucharan con claridad.
“Hola chicos, ¿se encuentran bien?, mi nombre es Fuguwu, contramaestre de la Marina y miembro de la división 17 bajo el mando del vicealmirante Joe Joestar. Su cara me parece familiar, ¿nos conocemos de algún sitio?” – dije mientras levantaba mi mano derecha en señal de saludo hacia ellos.
Resumen
Posicion y Distribucion
Haki
Gasto
inventario

![[Imagen: Firma-Fuguwu.png]](https://i.ibb.co/Z6VjRFKr/Firma-Fuguwu.png)