08-03-2025, 09:55 PM
Pensaba que la elevada cantidad en el cartel de recompensa de aquel Mink panda demostraría una peligrosidad con la que tendría que tener mucho cuidado. Sin embargo y para mi sorpresa, éste no se abalanzó sobre mí sino que decidió responder a mis preguntas por pura voluntad. Estaba siendo otro ejemplo del por qué no tenía que juzgar como criminales a todo aquel que la Marina o el Gobierno Mundial decidiese etiquetar con una cifra sobre un papel. El mundo cada vez me parecía más complejo.
Escuchaba con genuino interés sus palabras, a la vez que permanecía estático en el mismo lugar con los brazos cruzados por delante de mi pecho. No sé qué asuntos traería con su padre, o si podría seguir vivo pero que escogiese el apellido de su madre me recordó a mí mismo y al legado que portaba a mis espaldas. Decía desconocer mi nombre (cosa que no me sorprendía) y que le había causado problemas a la Marina en varias ocasiones. Yo no podía evitar sonreír levemente a medida que hablaba.
El broche de oro a su discurso fue el momento en el que mencionó que su plan era atacar a la subasta de esclavos que salía anunciada en el periódico y así poder liberar a la gente — ¡Kakahaha! — no pude evitar reírme. No de él, sino de lo irónico que estaba resultando todo aquello. Suspiré mientras clavé mi mirada hacia mis pies, me llevé mi diestra hacia mi pelo mientras mi zurda era apoyada en mi cintura. Me eché el pelo hacia atrás y dejé posada mi mano sobre mi cuello mientras volví a mirarle. — Revolucionario... ¿verdad? — Parecía que yo estaba siendo víctima de algún tipo de capricho del destino ya que desde que salí de Ballywood, lo único que se había tropezado en mi camino eran miembros de esa organización. Algunos más simpáticos que otros, también he de decir.
Ya que tuvo el detalle de hablar de sí mismo, creí justo equilibrar la balanza y tratarle de la misma manera — Lo cierto es... — comencé a hablar con un tono de voz sereno — es que yo también he causado problemas a la Marina a lo largo de mi vida. Sin ir más lejos vengo de combatir contra una especie de robot humano que les pertenecía y que empezó a atacar a civiles sin motivo. También hace unas horas un sargento del mismo grupo me amenazó queriendo agredirme porque me escuchó insultar al Gobierno Mundial... como si eso fuese a hacer que dejase de maldecirlos — chasqueé la lengua recordando el incidente con James — Lo cierto es que también me gustaría reventar esa subasta y quemar el edificio junto a los culpables hasta que no quedase nada y que alguien me explicase por qué se permiten este tipo de cosas y más en un archipiélago tan abarrotado de Marines — apreté mi mano zurda en mi cadera, fruto de la frustración — pero no poseo los medios suficientes para cambiar el mundo por mí mismo por mucho que lo intente. De hecho empiezo a no saber quién soy... y aunque cada vez me rodee más gente, con el paso de los días me siento cada vez más solo — Volví a mirar al suelo. Desde que habíamos llegado a ese archipiélago empezaba a sentir que nada de lo que pasaba tenía sentido, como si los cimientos sobre los que se sustentaba mi vida empezasen a tambalearse y todo se fuese a caer. Daba igual lo que hiciese, ya tenía la etiqueta de oveja negra y eso ya no me lo quitaría nadie. — Lo cierto — volví a mirarle a los ojos, lleno de determinación — es que yo no tuve padre y por lo tanto también llevo conmigo el apellido de mi madre, una madre que me arrebató el Gobierno Mundial cuando yo tan solo era un crío. Me has hablado de ti y por lo tanto creo que lo justo es que yo también te diga quién soy. Y lo cierto... — Quizás podría arrepentirme de lo que iba a decirle pero consideraba que era justo tratarle de la misma forma con la que él me trató a mí
— Lo cierto es que mi nombre es Apolo Bahía, Comandante de la División Diecisiete de la Marina. Y pese a mi cargo no es eso lo que me enorgullece, lo que me enorgullecería es que algún día me conozcan como el hijo de Tainara. Todo lo que te he dicho previamente es verdad y lo que me han ordenado desde arriba es que capture a los criminales que me encuentre. Pero si lo que dices es cierto... ¿acaso puedo considerar como criminal a alguien que quiere liberar a los esclavos de una subasta surrealista? ¿es más criminal alguien cuyo objetivo es ese... que aquellos que diseñaron y ordenaron hacer desfilar a unos robots que acabaron con la vida de gente inocente? — apreté mis puños de rabia, haciendo sonar el cuero de mis guantes — Lo único que está claro es que sólo puedo confiar en mí mismo — Finalicé sin quitarle un ojo de encima, estando alerta por lo que pudiese ocurrir ya que en caso de atacarme, no sería la primera vez que alguien lo hace sólo por verme como un Marine. Lo fácil habría sido ocultar quién soy e irme pero a veces mi actitud caótica también me abraza a mí mismo. Más fácil aún habría sido encontrarme a uno de esos a los que Karl buscaba y actuar sin pensar para llevarle sus cabezas como agradecimiento por haber sido mi maestra. El destino estaba siendo caprichoso al haberme arrastrado junto a aquel mink que compartía mis ideales y que tenía una intención noble, más allá de lo que pudiese haber hecho en un pasado
Tan sólo observaba la línea marcada en la arena, me tocaba descubrir quién era yo y hacia dónde iba.
Escuchaba con genuino interés sus palabras, a la vez que permanecía estático en el mismo lugar con los brazos cruzados por delante de mi pecho. No sé qué asuntos traería con su padre, o si podría seguir vivo pero que escogiese el apellido de su madre me recordó a mí mismo y al legado que portaba a mis espaldas. Decía desconocer mi nombre (cosa que no me sorprendía) y que le había causado problemas a la Marina en varias ocasiones. Yo no podía evitar sonreír levemente a medida que hablaba.
El broche de oro a su discurso fue el momento en el que mencionó que su plan era atacar a la subasta de esclavos que salía anunciada en el periódico y así poder liberar a la gente — ¡Kakahaha! — no pude evitar reírme. No de él, sino de lo irónico que estaba resultando todo aquello. Suspiré mientras clavé mi mirada hacia mis pies, me llevé mi diestra hacia mi pelo mientras mi zurda era apoyada en mi cintura. Me eché el pelo hacia atrás y dejé posada mi mano sobre mi cuello mientras volví a mirarle. — Revolucionario... ¿verdad? — Parecía que yo estaba siendo víctima de algún tipo de capricho del destino ya que desde que salí de Ballywood, lo único que se había tropezado en mi camino eran miembros de esa organización. Algunos más simpáticos que otros, también he de decir.
Ya que tuvo el detalle de hablar de sí mismo, creí justo equilibrar la balanza y tratarle de la misma manera — Lo cierto es... — comencé a hablar con un tono de voz sereno — es que yo también he causado problemas a la Marina a lo largo de mi vida. Sin ir más lejos vengo de combatir contra una especie de robot humano que les pertenecía y que empezó a atacar a civiles sin motivo. También hace unas horas un sargento del mismo grupo me amenazó queriendo agredirme porque me escuchó insultar al Gobierno Mundial... como si eso fuese a hacer que dejase de maldecirlos — chasqueé la lengua recordando el incidente con James — Lo cierto es que también me gustaría reventar esa subasta y quemar el edificio junto a los culpables hasta que no quedase nada y que alguien me explicase por qué se permiten este tipo de cosas y más en un archipiélago tan abarrotado de Marines — apreté mi mano zurda en mi cadera, fruto de la frustración — pero no poseo los medios suficientes para cambiar el mundo por mí mismo por mucho que lo intente. De hecho empiezo a no saber quién soy... y aunque cada vez me rodee más gente, con el paso de los días me siento cada vez más solo — Volví a mirar al suelo. Desde que habíamos llegado a ese archipiélago empezaba a sentir que nada de lo que pasaba tenía sentido, como si los cimientos sobre los que se sustentaba mi vida empezasen a tambalearse y todo se fuese a caer. Daba igual lo que hiciese, ya tenía la etiqueta de oveja negra y eso ya no me lo quitaría nadie. — Lo cierto — volví a mirarle a los ojos, lleno de determinación — es que yo no tuve padre y por lo tanto también llevo conmigo el apellido de mi madre, una madre que me arrebató el Gobierno Mundial cuando yo tan solo era un crío. Me has hablado de ti y por lo tanto creo que lo justo es que yo también te diga quién soy. Y lo cierto... — Quizás podría arrepentirme de lo que iba a decirle pero consideraba que era justo tratarle de la misma forma con la que él me trató a mí
— Lo cierto es que mi nombre es Apolo Bahía, Comandante de la División Diecisiete de la Marina. Y pese a mi cargo no es eso lo que me enorgullece, lo que me enorgullecería es que algún día me conozcan como el hijo de Tainara. Todo lo que te he dicho previamente es verdad y lo que me han ordenado desde arriba es que capture a los criminales que me encuentre. Pero si lo que dices es cierto... ¿acaso puedo considerar como criminal a alguien que quiere liberar a los esclavos de una subasta surrealista? ¿es más criminal alguien cuyo objetivo es ese... que aquellos que diseñaron y ordenaron hacer desfilar a unos robots que acabaron con la vida de gente inocente? — apreté mis puños de rabia, haciendo sonar el cuero de mis guantes — Lo único que está claro es que sólo puedo confiar en mí mismo — Finalicé sin quitarle un ojo de encima, estando alerta por lo que pudiese ocurrir ya que en caso de atacarme, no sería la primera vez que alguien lo hace sólo por verme como un Marine. Lo fácil habría sido ocultar quién soy e irme pero a veces mi actitud caótica también me abraza a mí mismo. Más fácil aún habría sido encontrarme a uno de esos a los que Karl buscaba y actuar sin pensar para llevarle sus cabezas como agradecimiento por haber sido mi maestra. El destino estaba siendo caprichoso al haberme arrastrado junto a aquel mink que compartía mis ideales y que tenía una intención noble, más allá de lo que pudiese haber hecho en un pasado
Tan sólo observaba la línea marcada en la arena, me tocaba descubrir quién era yo y hacia dónde iba.
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