09-03-2025, 02:19 PM
(Última modificación: 09-03-2025, 02:20 PM por Garnet D. Matlock.)
Un espejismo. Toda la ofensiva que había desatado Garnet en pos de tomar una clara ventaja en el combate no había sido más que un mero espejismo, seguramente debido a la ferviente oleada de calor que sintió el pelirrojo en cada poro de su piel. De un momento a otro, un calor abrasador, propio de estar próximo al mismísimo astro rey, dio una bofetada de realidad al incrédulo skypiean quien, sin llegar a asestar su ataque, se quedó parado en el sitio a dos metros de distancia del enmascarado. El dolor, gracias a las quemaduras que había propiciado aquel fogonazo de energía calórica, se empezó a clavar en cada nervio de su cuerpo, sintiendo como sus sentidos se deterioraban. Aún permaneciendo de pie, su vista se emborronaba y sus oídos no dejaban de pitar, todo aquello mientras su transformación cesaba, dejando a la luz su forma base de skypiean, mostrando aquel cuerpo esculpido por los mismísimos dioses al desnudo - y ahora lleno de quemaduras hasta las trancas -. Sus alas, a medio teñir de negro, volvieron aparecer a sus espaldas al desactivarse los poderes de su Akuma no Mi.- ¿Q-qué acaba de pasar..? - Su confusa mente no paraba de repetir aquella pregunta y es que, ¿acaso había sido capaz de verle lanzarse a su máxima velocidad? ¿De verdad el nivel que los separaba era tan abismal? No tuvo demasiado tiempo a seguir dándoles vueltas al coco pues, un segundo ataque impactó de lleno con una potencia abrumadora en el cielo de su cabeza - entre sus dos antenas -.
Quizás, debido al crucial estado de su psique, el sonido que escuchó Garnet al recibir el garrotazo de Sohem sobre su cabeza, se alejaba bastante de la cruda realidad. Y vaya que si se había alejado. Lejos de la comicidad, el estado en el que se encontraba el músico de los Alas Negras, aún estando de pie y consciente, era deplorable. Desde la cabeza, un pequeño brote de sangre, que se entremezclaba entre los carmesíes cabellos de Garnet, descendió por todo el rostro del pirata hasta pararse en sus labios. En tan sólo dos ataques, Sohem había puesto en jaque al skypiean, demostrando que la admiración que sentía la semioni hacia él no era por nada. Y es que nunca se había enfrentado a nada ni nadie igual.- Ahora me cosco de porque me dijiste que era el más fuerte... - Recordó en ese momento la conversación con Sasha cuando estuvieron viendo el combate entre el enmascarado y Yojimbo. Y es que , perfectamente, podía estar frente al oponente más poderoso y destructivo con el que jamás se había enzarzado en un combate. Su aura ya lo había dejado claro en un primer momento, pero ya no había más dudas después de las quemaduras de su cuerpo y el chichón que le saldría de su cabeza. La diferencia era demasiada grande y la incertidumbre de saber si saldría de esa vivo, capturado o muerto estaba constantemente en el aire, y aún así.- ¿Por qué estás sonriendo, huh? ¿Garnet? - Se dijo así mismo, con una amplia sonrisa recorriendo su rostro y es que, a diferencia del miedo, terror y venganza que sentía frente a Finn... La impotencia e inseguridades que recorrían su mente en su enfrentamiento contra Karl... Y la tortura que sintió frente a Seandass - a pesar de que en los últimos compases disfrutó de la pelea - al ver como su instrumento quedaba reducido a añicos... A diferencia de todos esos combates, el pelirrojo había elegido activamente pelear contra su oponente y, de alguna manera ilógica, estaba emocionado de poder enfrentarse a alguien de ese calibre. La gran cantidad de adrenalina que no paraba de segregar el skypiean le hacía sentir completamente vivo, a pesar de que estaba más al borde de la muerte que nunca.
Sus obnubilados sentidos iban volviendo paulatinamente a su estado normal, pudiendo apreciar cada vez con mayor resolución como Sohem seguía parado frente a él, con su kanabo - sujeto aún con su izquierda - apuntando hacia el suelo y en posición oblicua respecto a su cuerpo. Desde luego, estaba en posición de seguir el combate, y él no iba a ser menos. Lamentablemente para Garnet, el pirata sentía su cuerpo pesado y magullado, presentado una gran dificultad para mover cada músculo de su ser con propiedad. Su mente no paraba de pensar que curso de acción seguir y realizar para poder hacer frente a una calamidad como la que tenía delante. No quería que el combate terminara aún y sentía que un golpe más podría mandarlo a volar. Sin embargo, y para sorpresa del pelirrojo, el cazarrecompensas ordenó que se vistiera, dejando completamente desprevenido a Garnet.- ¿Huh? - Dijo extrañado, mirando hacia abajo y observando como tenía su increíble miembro reproductor al aire y achicharrado.- Con el calor ni me había coscado de que estaba en bolas, ¿es o no es? - Volvió a levantar su mirada hacia el enmascarado. Sorprendentemente, las sendas quemaduras que presentaba su cuerpo protegía su desnudez del frío invernal que hasta hace poco tenía jodido a Garnet. En ese momento, activó su haki de observación de nuevo a su máximo alcance. Otra vez, pudo sentir aquella desagradable presencia, a la vez que notaba como el aura de Sohem fluctuaba con extrema violencia, como el bravo oleaje en mitad de la tempestad.
- Pero nanai. - Se negó, cruzando sus brazos en forma de equis a la altura de su pecho, para potenciar dicha negación y transformándose inmediatamente después, en un abrir y cerrar de ojos, en su forma híbrida de Dientes de Sable, recuperando la figura con la que Sohem había conocido en ese islote al pelirrojo degenerado. Acto seguido, y sin variar la postura de sus brazos, Garnet flexionó sus piernas, pisando el terreno con fuerza, pasando a erguirse sobre el suelo a una altura de aproximadamente dos metros. La pelea pintaba difícil, pero al igual que los diamantes se creaban y salir a relucir bajo grandes valores de presión, él no pensaba rendirse aún. Con una sonrisa, saldría a flote y conseguiría ser el último que reluciría y brillaría de aquella épica contienda. Su corazón, mente y alma, gritaban al unísono una palabra de manera reiterada "Agallas". Todos sus sentidos estaban puestos en ese hombre al que Garnet debía superar.
Quizás, debido al crucial estado de su psique, el sonido que escuchó Garnet al recibir el garrotazo de Sohem sobre su cabeza, se alejaba bastante de la cruda realidad. Y vaya que si se había alejado. Lejos de la comicidad, el estado en el que se encontraba el músico de los Alas Negras, aún estando de pie y consciente, era deplorable. Desde la cabeza, un pequeño brote de sangre, que se entremezclaba entre los carmesíes cabellos de Garnet, descendió por todo el rostro del pirata hasta pararse en sus labios. En tan sólo dos ataques, Sohem había puesto en jaque al skypiean, demostrando que la admiración que sentía la semioni hacia él no era por nada. Y es que nunca se había enfrentado a nada ni nadie igual.- Ahora me cosco de porque me dijiste que era el más fuerte... - Recordó en ese momento la conversación con Sasha cuando estuvieron viendo el combate entre el enmascarado y Yojimbo. Y es que , perfectamente, podía estar frente al oponente más poderoso y destructivo con el que jamás se había enzarzado en un combate. Su aura ya lo había dejado claro en un primer momento, pero ya no había más dudas después de las quemaduras de su cuerpo y el chichón que le saldría de su cabeza. La diferencia era demasiada grande y la incertidumbre de saber si saldría de esa vivo, capturado o muerto estaba constantemente en el aire, y aún así.- ¿Por qué estás sonriendo, huh? ¿Garnet? - Se dijo así mismo, con una amplia sonrisa recorriendo su rostro y es que, a diferencia del miedo, terror y venganza que sentía frente a Finn... La impotencia e inseguridades que recorrían su mente en su enfrentamiento contra Karl... Y la tortura que sintió frente a Seandass - a pesar de que en los últimos compases disfrutó de la pelea - al ver como su instrumento quedaba reducido a añicos... A diferencia de todos esos combates, el pelirrojo había elegido activamente pelear contra su oponente y, de alguna manera ilógica, estaba emocionado de poder enfrentarse a alguien de ese calibre. La gran cantidad de adrenalina que no paraba de segregar el skypiean le hacía sentir completamente vivo, a pesar de que estaba más al borde de la muerte que nunca.
Sus obnubilados sentidos iban volviendo paulatinamente a su estado normal, pudiendo apreciar cada vez con mayor resolución como Sohem seguía parado frente a él, con su kanabo - sujeto aún con su izquierda - apuntando hacia el suelo y en posición oblicua respecto a su cuerpo. Desde luego, estaba en posición de seguir el combate, y él no iba a ser menos. Lamentablemente para Garnet, el pirata sentía su cuerpo pesado y magullado, presentado una gran dificultad para mover cada músculo de su ser con propiedad. Su mente no paraba de pensar que curso de acción seguir y realizar para poder hacer frente a una calamidad como la que tenía delante. No quería que el combate terminara aún y sentía que un golpe más podría mandarlo a volar. Sin embargo, y para sorpresa del pelirrojo, el cazarrecompensas ordenó que se vistiera, dejando completamente desprevenido a Garnet.- ¿Huh? - Dijo extrañado, mirando hacia abajo y observando como tenía su increíble miembro reproductor al aire y achicharrado.- Con el calor ni me había coscado de que estaba en bolas, ¿es o no es? - Volvió a levantar su mirada hacia el enmascarado. Sorprendentemente, las sendas quemaduras que presentaba su cuerpo protegía su desnudez del frío invernal que hasta hace poco tenía jodido a Garnet. En ese momento, activó su haki de observación de nuevo a su máximo alcance. Otra vez, pudo sentir aquella desagradable presencia, a la vez que notaba como el aura de Sohem fluctuaba con extrema violencia, como el bravo oleaje en mitad de la tempestad.
- Pero nanai. - Se negó, cruzando sus brazos en forma de equis a la altura de su pecho, para potenciar dicha negación y transformándose inmediatamente después, en un abrir y cerrar de ojos, en su forma híbrida de Dientes de Sable, recuperando la figura con la que Sohem había conocido en ese islote al pelirrojo degenerado. Acto seguido, y sin variar la postura de sus brazos, Garnet flexionó sus piernas, pisando el terreno con fuerza, pasando a erguirse sobre el suelo a una altura de aproximadamente dos metros. La pelea pintaba difícil, pero al igual que los diamantes se creaban y salir a relucir bajo grandes valores de presión, él no pensaba rendirse aún. Con una sonrisa, saldría a flote y conseguiría ser el último que reluciría y brillaría de aquella épica contienda. Su corazón, mente y alma, gritaban al unísono una palabra de manera reiterada "Agallas". Todos sus sentidos estaban puestos en ese hombre al que Garnet debía superar.
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