10-03-2025, 01:01 AM
Aquellos tres maleantes pudieron reaccionar rápidamente ante mi amenazador gesto, y mejor para ellos haberlo hecho, pues lo que vendría poco después habría sido el final de alguno de ellos. Al contrario de esto, Ashura tomó la iniciativa - nuevamente - y se lanzó como un loco a por mi, en un movimiento que pude ver yendo a posicionarse a mi espalda, donde le perdí de vista y opté por dejarme invadir por el espíritu de mi propia naturaleza y dejar que obrasen como quisieran. Tanto es así, que los humanos frente a mi optaron por venir corriendo y saltando hacia mi dirección para flanquearme por los lados, mientras sentía un corte a la altura de los tobillos que me hizo flaquear un paso, seguido de otros dos cortes más en mi espalda que hicieron que separase mis brazos de par en par y arquease mi espalda ofreciendo ambos flancos hacia mis oponentes frontales, quienes en una bella danza sincronizada atacaron casi simultáneamente con ambas espadas cada uno realizando un corte en equis a la altura de mis costillas, provocándome un daño masivo y descomunal...
O eso les habría gustado. Pues cuando terminaron aquellas hostilidades ese cuerpo dañado y maltrecho desapareció como un espejismo en el desierto, disolviéndose en el viento y revelando que todo había sido un truco por mi parte: que al 'dejarme invadir por el espíritu de mi propia naturaleza' realmente estaba dejando una imagen residual de mi, una especie de clon de viento, que absorbería todos los impactos de aquellos - valientes o estúpidos - guerreros por mi.
Por mi parte me había desplazado un metro más hacia delante, quedando ahora a catorce metros de la pared contra la que los había estampado varias veces, y en total a dos metros y medio del más distante de los tres, Ashura. Pero mi arte de la guerra gentil no se limitaba sólo a esquivar de forma grácil andanadas de movimientos, si no también a evitar esos daños de la forma más eficiente posible, así que con un rápido movimiento de mano en barrido, como si tratase de atrapar una mosca frente a mi, unas nuevas corrientes de viento sacudieron a mis contrincante y notaron como, el elemento controlado por una inteligencia humana podía hacer cosas impensables, ya que les arrancó las armas de sus manos y las llevó junto a mi, dejándolas en el suelo mientras me giraba para volver a encararles, ahora desarmados, imbuyendo el filo de mi espada en una negritud absoluta. La energía de los mejores, el haki. Ahora, mi Juramentada abrazaba la oscuridad y se disponía a privar de la motivación de pelear de aquellos ilusos.
A la mayor velocidad que me fue posible, convertí mis piernas y mi tren inferior al completo en una columna de viento - bastante similar a lo que hacía Ashura, pero más limpia, sobraba decir - y realicé un desplazamiento seco y lineal contra Triana Tempesta, lanzando nada más llegar frente a ella un corte diagonal ascendente, de derecha a izquierda desde mi posición, buscando cercenar en la mayor superficie a la capitana de los Alas Negras. Seguidamente tras el corte, un nuevo y rápido desplazamiento hacia el aparente líder de los Revolucionarios, Kisuke Kageyama, mientras me encogía para atacar desde abajo, y ejecutar un corte vertical ascendente que buscaba tajarlo por el centro del pecho siguiendo el esternón. Y finalmente me lancé de la misma manera hacia el capitán de los piratas Mushoku, Ashura, alzando mi altura con el viento que ahora componía la mitad inferior de mi cuerpo para igualarme a él, y efectuar una estocada directa a su garganta, con la mano libre apoyada en el pomo de mi katana para impulsarla con más fuerza, buscando hacer que la sangre en la garganta de ese mal nacido le privase de hablar un rato y mis oídos pudieran descansar.
Al finalizar con este ataque, saqué la espada de su carne y volví a mi altura normal, volviendo a materializar mis piernas y envainando el filo de mi arma, preparándome para terminar con ellos si esto no les había bastado para rendirse.
O eso les habría gustado. Pues cuando terminaron aquellas hostilidades ese cuerpo dañado y maltrecho desapareció como un espejismo en el desierto, disolviéndose en el viento y revelando que todo había sido un truco por mi parte: que al 'dejarme invadir por el espíritu de mi propia naturaleza' realmente estaba dejando una imagen residual de mi, una especie de clon de viento, que absorbería todos los impactos de aquellos - valientes o estúpidos - guerreros por mi.
Por mi parte me había desplazado un metro más hacia delante, quedando ahora a catorce metros de la pared contra la que los había estampado varias veces, y en total a dos metros y medio del más distante de los tres, Ashura. Pero mi arte de la guerra gentil no se limitaba sólo a esquivar de forma grácil andanadas de movimientos, si no también a evitar esos daños de la forma más eficiente posible, así que con un rápido movimiento de mano en barrido, como si tratase de atrapar una mosca frente a mi, unas nuevas corrientes de viento sacudieron a mis contrincante y notaron como, el elemento controlado por una inteligencia humana podía hacer cosas impensables, ya que les arrancó las armas de sus manos y las llevó junto a mi, dejándolas en el suelo mientras me giraba para volver a encararles, ahora desarmados, imbuyendo el filo de mi espada en una negritud absoluta. La energía de los mejores, el haki. Ahora, mi Juramentada abrazaba la oscuridad y se disponía a privar de la motivación de pelear de aquellos ilusos.
A la mayor velocidad que me fue posible, convertí mis piernas y mi tren inferior al completo en una columna de viento - bastante similar a lo que hacía Ashura, pero más limpia, sobraba decir - y realicé un desplazamiento seco y lineal contra Triana Tempesta, lanzando nada más llegar frente a ella un corte diagonal ascendente, de derecha a izquierda desde mi posición, buscando cercenar en la mayor superficie a la capitana de los Alas Negras. Seguidamente tras el corte, un nuevo y rápido desplazamiento hacia el aparente líder de los Revolucionarios, Kisuke Kageyama, mientras me encogía para atacar desde abajo, y ejecutar un corte vertical ascendente que buscaba tajarlo por el centro del pecho siguiendo el esternón. Y finalmente me lancé de la misma manera hacia el capitán de los piratas Mushoku, Ashura, alzando mi altura con el viento que ahora componía la mitad inferior de mi cuerpo para igualarme a él, y efectuar una estocada directa a su garganta, con la mano libre apoyada en el pomo de mi katana para impulsarla con más fuerza, buscando hacer que la sangre en la garganta de ese mal nacido le privase de hablar un rato y mis oídos pudieran descansar.
Al finalizar con este ataque, saqué la espada de su carne y volví a mi altura normal, volviendo a materializar mis piernas y envainando el filo de mi arma, preparándome para terminar con ellos si esto no les había bastado para rendirse.
Anotación
Bélico
Akuma no mi
Gasto y Daño
Inventario
Orden de posteo
