[EVENTO FASE 2] El mismo infierno (III) Triana, Ashura y Kisuke
#18
Mi espada deformo el cuerpo de aquel pequeño tocapelotas, con un débil verdor que disipaba lo que era una ilusión el filo de mi amada arma bailó sin dañar, no más que la figura del tormentoso almirante, y de la preciosa manera con la que la había empuñado ejecutando aquella sucesión de golpes. ¿QUÉ PODERES ERAN AQUELLOS? 

Cuando el hijo de mil vientos se personificó de nuevo, lo hizo esta vez a dos metros y medio de mi, Kisuke y Triana entre medias de ambos. Sin poder evitarlo y con la gentileza que caracterizaba al hijo de la gran puta, con un leve movimiento un tornado en miniatura arrebató mi arma de mis manos callosas. Por mucho que intenté evitarlo, aquel vendaval tiró con la fuerza de mil mulas y arrancó el metal de mis manos, que se alejaba de ellas bailando al son del caótico ritmo que generaba el fenómeno atmosférico en miniatura. 

Su espada, como la que la espadachina con brazos de gorila había empuñado en la base que habíamos derruido, se tiznó de un negro absoluto que rivalizaba con el de la mía, atrayendo por completo mi atención - Esa espada será mía - pensé atraído por la belleza del arma que portaba el almirante. Acto seguido y cortando mi embobamiento con su arma como una navaja recién afilada el papel, sus pies empezaron a turbarse en un vendaval que imitaba mis capacidades para volar. 

- Es un SER ELEMENTAL - Advirtió Nicolás - Es como tú, pero en guapo, churrita - 

Chisté con sonoridad la lengua. Mi haki no funcionaba como debería, no podría golpearle sin una fuente de... 

Mientras Yugu avanzaba con las piernas de un torbellino, lento pero arrasador sobre Triana y posteriormente Kisuke, el dial que tenía guardado en mi palma salió a flote entre hileras de humo que se trenzaban para desaparecer mecidas por el viento que Yugu generaba. Giré ligeramente la palma hacia abajo y torcí la muñeca enfocando mi palma hacia la dirección en la que venía. Observé aterrado - Mentira - o por lo menos intentando poner cara de que estaba acojonado vivo, mientras intentaba dar un torpe y lento paso atrás con los golpes que lanzaba el almirante a la par que mis pies empezaban a perderse en trombas de humo que se violentaban por el vendaval que generaba su tren inferior. Sus golpes eran tan rápidos que se perdían ante mis ojos cuando conectaban contra Triana y Kisuke respectivamente. El hijo de puta era diestro, manejaba la espada con mucha más destreza que yo... Y su poder era mucho más pulcro que el mío, menos turbado. La celeridad con la que avanzaba le llevó hasta mi. Aquel almirante era mi antítesis. 
 
Observé como, sin perder un ápice de su movimiento, se elevaba hasta alcanzar mi altura, abrí la boca para gritarle, pero en vez de palabras solo encontré dolor. Pero para mi el dolor era combustible. Según su espada se clavó, mi nervios enviaron a mis manos las señales, que recorrían mi cuerpo por el peligro inminente, como una respuesta natural, y a la velocidad de reacción de un resorte, mi dedo activo el dial.

Un poderoso estallido de agua emergió desde mi palma izquierda, empujando y mojando por completo al almirante. Avanzó 2 metros mientras el torrente de agua lo sometía, llevé mi mano libre - la diestra - a la empuñadura de la espada que llevaba en el cinto envainada, y una vez la fuerza del torrente me lo permitió, empujé con todas las fuerzas que pude el humo que mantenía mi tren superior sobre una negra y oscura columna sucia que difería con la del almirante, el cual, ahora había recuperado sus piernas mortales. La explosión me hizo avanzar un metro mientras desenvainaba, con mucha más destreza que con la que solía portar el arma, como si mi cuerpo entendiera que esa era mi oportunidad, mis músculos se tensaron imitando al hierro y el agarre de la espada chirrió por la fuera que le estaba imprimiendo, a la par que el dial se volvía a repeler en mi cuerpo y acompañaba el desenvaine con mi izquierda para posar ambas manos sobre la empuñadora de la espada. Mi cuerpo, debido a la potencia de su explosión, se puso más en paralelo con el suelo que perpendicular, y entonces, escuché al humo, como si me lo pidiera, como si su guerra contra el viento fuera eónica, algo que escapaba de la comprensión humana, que superara a ese hombre y a sus poderes.

- DESESPERACIÓN - Grité completamente ronco acompañando con mi propia sangre la palabra. Mientras por la comisura de mis labios caían unas mínimas serpientes carmesí, de mi garganta nacía un reguero más preocupante. Ni si quiera me había dado cuenta del daño que me había generado un ataque tan simple como ese. Pero no era momento de dudar.

Había esperado mucho tiempo para desatar ese ataque, era un golpe anómalo, sentí la tensión del hombro al recibir la sacudida con la que realizaba el tajo. Lancé con aquella fuerza y velocidad el corte hacía la mano con mantenía su agarre roto y sorprendido por el torrente, mi espada cercenó las falanges y sus dedos con una fiereza sin igual, y el agua de mar había recogido me permitió alcanzarle en ese momento y esperando que fuera lo suficiente para que soltase se espada, corte con un amplio tajo su mano, sin llegar a arrancársela del cuerpo. 

Cuando la inercia del golpe termino de completar el surco total sobre su mano y en la que ahora reposaba un herida igual de brutal que la que tenía en la garganta, el humo volvió a empujar mientras seguía la caída del almirante. 

- ¡DOLOR! - La sangre emanó nuevamente con la palabra, mezclada con el humo que se arremolinaba en mi espalda como una capa. Este corte nació de dónde había finalizado el anterior y con un giro de muñecas que hicieron que mis articulaciones rechinaran cambie la orientación, enviado el filo destruido y oscuro de mi espada hacia su garganta, arrancando así su carne y generándole un herida igual de severa que la mía. Además de que la sangre emanara como una cascada de su garganta y tiñese con el rojo su impoluto uniforme. 

Recuperé la postura una vez terminé ambos movimientos, con los cuales esperaba poner a mi favor aquel combate. Aunque después de eso no me quedara nada. Había puesto toda la carne en el asador, y al igual que cuando caen grasa sobre el carbón, la parrilla estaba humeando. 

Observé sin perder un mínimo movimiento al almirante, esperando las represalias de mi osadía. Decidido a hacerme responsable por enfrentarme a uno de los 4 marines más poderosos que existen, y aún con la herida en mi garganta, que bombeaba de manera preocupante una sangre de color oscuro, casi morado que manchaba mis ropajes, no podía evitar, observar al almirante con una mueca de locura, que otros llamarían sonrisa, mientras le enseñaba mis dientes ensangrentados por el corte que me había generado, y las patas de gallo de la edad afilaban mi mirada como si se tratase de mi espada. 

Por primera vez después de 4 años, era feliz. 

 
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RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (III) Triana, Ashura y Kisuke - por Ashura - 11-03-2025, 10:57 AM

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