13-03-2025, 07:58 AM
Leyenda (Guía de color)
El silencio en la zona me ponía bastante nervioso. Bueno, silencio posiblemente no era la palabra idónea, pues las características pompas de resina seguían formándose, ascendiendo y explotando. Pero dejando a un lado los fenómenos naturales nada comunes (aunque posiblemente por ello se llamaban fenómenos, porque no son algo de lo más habitual), no se escuchaba nada más. Era más que evidente que aquel felino estaba tramando algo, pues no hay marine que no sea un bastardo, quitando posiblemente a la prima que, aunque hubiera decidido tomar la cuestionable decisión (posiblemente por ingenuidad, por obligación o por la carta blanca que parecen tener para abrir fuego o cometer otra clase de crímenes contra menores de edad) de unirse a aquella reputada institución de dudosa moralidad, seguía siendo una buena persona - ¿Qué tal le irá? Conociéndola seguro que sigue a su bola. Siempre se ha tomado las cosas con una calma pasmosa - pensé por un instante.
Me pareció escuchar un leve sonido, como si la hierba del suelo se moviera. Antes de que pudiera tratar de descubrir de dónde provenía aquello, vi frente a mí la sombra del enorme felino. Dio un alto grito y al momento mi cabeza comenzó a dar vueltas. Sentí como si mis ojos se salieran de sus cuentas. Había tenido suerte, pues el golpe me había pillado conteniendo la respiración. Si me hubiera pillado hablando, por ejemplo, me podría haber mordido la lengua y me hubiera hecho una avería tremenda. Cuando mi vista se aclaró, pude ver como aquel despreciable marine caía gracilmente al suelo. Lo hizo de pie, como todo felino que se precie. No me estaba mirando directamente a mí, pero sí que estábamos enfrentados. Haciendo uso de mi nada despreciable juego de manos, apunté en dirección a donde se encontraba aquel animal, disparando con mi preciado Whistle tan pronto vi que posaba una de sus patas en el suelo. No me consideraba yo una persona rencorosa, ni mucho menos. Para persona rencorosa estaba mi amigo Ashura. Yo simplemente era alguien que valoraba lo suficiente la integridad física propia y que se consideraba lo suficientemente inteligente como para no dar ocasión a que alguien a quien me costaba seguir el ritmo volviera a atizarme. La bala voló con un silbido, (como hacia siempre). A aquel silbido le siguió una explosión, y otro silbido. Prefería arriesgarme a fallar mis dos disparos a impactar el primero y que mi objetivo tuviera tiempo suficiente como para esquivar el segundo, o volver a saltar para golpearme.
El resplandor del segundo impacto fue lo que necesitaba para continuar con mi estrategia. Si bien era cierto que tenía el terreno elevado, tenía que aprovechar, tal y como había hecho anteriormente con el coloso azulado y musculoso, a disparar y moverme, para que el "amigo" no supiera hacia donde dirigir sus ataques, pues después de haberse comido una buena explosión de pólvora le debería ser imposible seguirme el rastro por ese método, por lo menos a corto plazo. Con ello en mente, di un salto, más ligero incluso de lo que acostumbraba a saltar, recargando en el aire y cayendo treinta metros por detrás del marine, sin perder a este de vista ni un instante, volviendo a apuntarle con mi querido rifle, mientras sonreía al ver cómo el primer disparo había desintegrado la parte superior de su uniforme, gorra incluída
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