14-03-2025, 10:02 AM
Diez metros eran lo que separaban al felino semidesnudo y a su ahora adversaria y compañera de entrenamiento, Triana. Ciertamente, quitando el hecho de que se jugaba no poder babear por ella durante un buen tiempo, estaba realmente emocionado de poder medirse con la maestra de las katanas. Sabía que era realmente fuerte y que, un corte de los suyos podía ser devastador. Pero eso no hacía más que motivarle a lanzarse con todo a por ella porque, si resultaba herido, al final del día, sería la propia mujer la que se tendría que encargar de atenderlo.- Pueje pueje... - Su mente, no paraba de rondar ideas perversas al respecto, ideas que se desvanecieron cuando, después de que Triana cruzara sus afiladas armas, desafiara a Garnet con que fuera él el que tomara la iniciativa.- Pues la verdad que al menda le fliparía que le mordieras, ¿es o no es? - Respondió - con la lengua fuera - ante la invitación de su capitana en funciones.- Pero está bien... - Volvió a adoptar un semblante serio, pasando a pisar con fuerza el terreno que se paraba bajo sus pies.- Allá voy, colegui. - Y, conforme terminó la frase con una sonrisa socarrona, Garnet, aprovechó la fuerza con la que estaba presionando la superficie bajo sus pies para tomar un impulso que le hicieron recorrer la mitad de la distancia que les separaba en un abrir y cerrar de ojos.
Con el haki que podía poseer Triana, Garnet desconocía si sería capaz de verle desplazarse o no, pero se olía que, igual, la mujer rubia estaba maquinando algo. No obstante, aquello era un desafío, un entrenamiento, y una prueba para ver como distaban las fuerzas de ambos entre sí, no era como cuando entrenó con Kenzo el día anterior, que sintió que tenía que tomar más un rol de maestro. Es por ello que, aunque a 5 metros de Triana, el pelirrojo pensó en desviarse hacia la izquierda o derecha para atacarle por uno de sus flancos, prefirió ir de frente, comenzando a cerrar los dedos de su puño derecho de forma que las articulaciones interfalángicas de sus dedos sobresalían. Del mismo modo, y sabiendo los poderes con los que contaba la doctora de los Alas Negras, empezó a imbuir tanto su mano como su guante con el dominio básico del haki de armamento, a la par que contraía el brazo derecho hacia su mismo flanco. Cuando estuvo a dos metros de ella - y, por tanto, a su alcance - se agachó súbitamente a la par que pisó con fuerza el suelo con su pie izquierdo, parándose por completo en ese instante y, aprovechando la inercia que había generado para - acompañado de un ligero y sutil giro antihorario de su torso - liberar su diestra hacia el estómago de Triana.
Sabía que no la llamaban la dama de hierro por nada, así que no pensaba contenerse. Estando a dos metros aún de ella, su vista se enfocó en las katanas de Triana, o eso intentó hacer pues, en ese momento, debido a la altura a la que estaba su cara, no pudo evitar fijarse en los pechos de la mujer, que se ocultaban tras los ferrosos filos de sus espadas.- Puejeje... Tetas... - Murmuró, mientras sus ojos se tornaban en corazones, hasta que una realidad pasó como una estrella fugaz por su mente.- ¡Para el carro! Encima acabo de tocar el cuerpo de Triana, ¡puedo tocarla mientras peleamos! Por lo que... Puejeje... - La perversa imaginación de Garnet comenzaba a hacer de las suyas y es que, como no podía ser de otra forma, aquello no iba a ser un entrenamiento normal.
Con el haki que podía poseer Triana, Garnet desconocía si sería capaz de verle desplazarse o no, pero se olía que, igual, la mujer rubia estaba maquinando algo. No obstante, aquello era un desafío, un entrenamiento, y una prueba para ver como distaban las fuerzas de ambos entre sí, no era como cuando entrenó con Kenzo el día anterior, que sintió que tenía que tomar más un rol de maestro. Es por ello que, aunque a 5 metros de Triana, el pelirrojo pensó en desviarse hacia la izquierda o derecha para atacarle por uno de sus flancos, prefirió ir de frente, comenzando a cerrar los dedos de su puño derecho de forma que las articulaciones interfalángicas de sus dedos sobresalían. Del mismo modo, y sabiendo los poderes con los que contaba la doctora de los Alas Negras, empezó a imbuir tanto su mano como su guante con el dominio básico del haki de armamento, a la par que contraía el brazo derecho hacia su mismo flanco. Cuando estuvo a dos metros de ella - y, por tanto, a su alcance - se agachó súbitamente a la par que pisó con fuerza el suelo con su pie izquierdo, parándose por completo en ese instante y, aprovechando la inercia que había generado para - acompañado de un ligero y sutil giro antihorario de su torso - liberar su diestra hacia el estómago de Triana.
Sabía que no la llamaban la dama de hierro por nada, así que no pensaba contenerse. Estando a dos metros aún de ella, su vista se enfocó en las katanas de Triana, o eso intentó hacer pues, en ese momento, debido a la altura a la que estaba su cara, no pudo evitar fijarse en los pechos de la mujer, que se ocultaban tras los ferrosos filos de sus espadas.- Puejeje... Tetas... - Murmuró, mientras sus ojos se tornaban en corazones, hasta que una realidad pasó como una estrella fugaz por su mente.- ¡Para el carro! Encima acabo de tocar el cuerpo de Triana, ¡puedo tocarla mientras peleamos! Por lo que... Puejeje... - La perversa imaginación de Garnet comenzaba a hacer de las suyas y es que, como no podía ser de otra forma, aquello no iba a ser un entrenamiento normal.
INFO
![[Imagen: Tb4Z3O3.png]](https://imgur.com/Tb4Z3O3.png)
