15-03-2025, 03:20 AM
(Última modificación: 15-03-2025, 04:02 AM por James Brando.
Razón: Error gramatical garrafal
)
Las negociaciones no llegan a ningún término. Al contrario. Tan solo consigo que mi adversario, aquel que porta el arma de fuego, me insulte a mí y al Gobierno. Intolerable. Nunca me he considerado una persona irascible, y mucho menos un gran amante de los combates. Pero ya tengo suficiente. Entre los hechos del Patriota, las burlas y comentarios de mis compañeros por servir con lealtad y exponer sus amistades con piratas, y que Joe parecía más interesado en cumplir con sus ideales heroicos antes que ser efectivo para el Gobierno Mundial al que debe obediencia... Yo ya estoy hasta la polla.
No lo dudo. Un arrebato de ira se apodera de mi, como si una voluntad divina me poseyera y me obligara a hacerlo. No sé quién es aquel que se atreve a insultar a quien nos gobierna, pero será castigado por mi mano. Salgo de la base del árbol y pego un brinco prodigioso, dibujando una diagonal ascendente hasta clavar un puñetazo en el rostro del rival.
El golpe conecta de lleno. Mi puño se alza sobre la rama donde se intenta esconder mi enemigo. El que se oculta es un pequeño Tontatta, que apuntaba con un rifle antes de ser fulminado. El golpe es un zurdazo cargado, que se eleva por encima de una rama de 1 metro de longitud horizontal, hasta conectar con el mentón y rostro del diminuto ser.
Pero la cosa no va a acabar aquí. El salto está pensado para alcanzar la distancia de mi agresor en lo alto del árbol, pero no pienso caer. Con el brazo derecho, nada más conecto y veo que empiezo a descender, me engancho a una rama inferior de la que reposa mi enemigo, aturdido. Se encuentra a escasos 5 metros y comparte su longitud de 1 metro en horizontal. Al mismo tiempo, las zarpas de mis pies se clavan en la corteza del tronco del árbol, que no se aleja demasiado para mí, dado el tamaño de la distancia de la rama con mis 4 metros y medio de tamaño.
Como una centella y con el Hamon activado, apoyado con el brazo en la rama y las piernas en el tronco, doy un pequeño salto para arriba de 5 metros y medio, antes de que el tirador se recupere y, con el brazo con el que había golpeado inicialmente, el izquierdo, ejecuto mi siguiente técnica...
Entonces sí, empiezo el descenso. El salto era ínfimo, pero no innecesario. No podía permitir que se me escapara después de haberlo aturdido, así que aprovechar mi enorme tamaño y características de león eran un acierto para impulsarme con el árbol y no dejarme caer hasta el fondo y permitir que mi rival reaccionara. La caída es suave. Mis potentes piernas amortiguan el aterrizaje sin dificultad. El aura del Hamon es más intensa que nunca. Entonces me acerco al cautivo al rostro, completamente presionado y preso entre mis garras.
-Yare yare daze...- digo, mirando con prepotencia y una sonrisa cínica. -Dejame adivinar... Tú siguiente línea de diálogo es... A no, espera, que no puedes hablar, JAJAJAJA...- evidentemente no puede. No le dejo respirar y menos mencionar palabras. Pero es mi momento de reírme con sarna.
No lo dudo. Un arrebato de ira se apodera de mi, como si una voluntad divina me poseyera y me obligara a hacerlo. No sé quién es aquel que se atreve a insultar a quien nos gobierna, pero será castigado por mi mano. Salgo de la base del árbol y pego un brinco prodigioso, dibujando una diagonal ascendente hasta clavar un puñetazo en el rostro del rival.
-¡MUDA!-
El golpe conecta de lleno. Mi puño se alza sobre la rama donde se intenta esconder mi enemigo. El que se oculta es un pequeño Tontatta, que apuntaba con un rifle antes de ser fulminado. El golpe es un zurdazo cargado, que se eleva por encima de una rama de 1 metro de longitud horizontal, hasta conectar con el mentón y rostro del diminuto ser.
Pero la cosa no va a acabar aquí. El salto está pensado para alcanzar la distancia de mi agresor en lo alto del árbol, pero no pienso caer. Con el brazo derecho, nada más conecto y veo que empiezo a descender, me engancho a una rama inferior de la que reposa mi enemigo, aturdido. Se encuentra a escasos 5 metros y comparte su longitud de 1 metro en horizontal. Al mismo tiempo, las zarpas de mis pies se clavan en la corteza del tronco del árbol, que no se aleja demasiado para mí, dado el tamaño de la distancia de la rama con mis 4 metros y medio de tamaño.
Como una centella y con el Hamon activado, apoyado con el brazo en la rama y las piernas en el tronco, doy un pequeño salto para arriba de 5 metros y medio, antes de que el tirador se recupere y, con el brazo con el que había golpeado inicialmente, el izquierdo, ejecuto mi siguiente técnica...
-¡¡¡ZA... HANDO!!!-
Grito a la vez que extiendo mi brazo con la palma de la mano abierta, atrapando el cuerpo por completo y tan solo dejando libre aquel cabezón enorme. La ventaja de tamaños está servida y es notoria. La presión de la mano es tan brutal que no solo no dejo posibilidad a maniobra, sino que no dejo pié a la respiración. Entonces sí, empiezo el descenso. El salto era ínfimo, pero no innecesario. No podía permitir que se me escapara después de haberlo aturdido, así que aprovechar mi enorme tamaño y características de león eran un acierto para impulsarme con el árbol y no dejarme caer hasta el fondo y permitir que mi rival reaccionara. La caída es suave. Mis potentes piernas amortiguan el aterrizaje sin dificultad. El aura del Hamon es más intensa que nunca. Entonces me acerco al cautivo al rostro, completamente presionado y preso entre mis garras.
-Yare yare daze...- digo, mirando con prepotencia y una sonrisa cínica. -Dejame adivinar... Tú siguiente línea de diálogo es... A no, espera, que no puedes hablar, JAJAJAJA...- evidentemente no puede. No le dejo respirar y menos mencionar palabras. Pero es mi momento de reírme con sarna.
Aclaraciones
Bélico
