- OLÉ TUS COJONES ¡CHURRITA! - Gritó Nicolás sorprendido, mientras la sangre brotaba de las dos heridas que le había generado al almirante.
-Tch - Pensé de forma rápida - Tenía que haber apuntado a los ojos - Me arrepentí instantáneamente mientras admitía que la ira y las represalias me habían controlado y no había sido completamente óptimo a la hora de aprovechar mi oportunidad. Aunque hay veces que era mejor herir el orgullo que la carne, sinceramente. Por eso no estaba siendo duro del todo conmigo, porque había replicado sus acciones con un pequeño matiz, yo era más rastrero que la suela de una sandalia. Pero, sin lugar a duda le había demostrado que si seguía menospreciándome le llevaría de camino al campo santo.
El me había golpeado. Yo me había defendido. Solo había un problema, el puto haki de mis cojones humantes funcionaba peor que mi cabeza, ni el que servía para que pudiera tocar, ni el que servía para que pudiera saber como de diferentes éramos yo y el almirante. Saber algo que no funciona es como hacer funcionar algo que no sabes. Yo me entiendo. Mi garganta ardía, acompañada por un escozor peculiar y punzante, mientras sentía como las gotas de sangre, calientes y pesadas, descendían hacia mi pecho empapándolo y machándolo a partes iguales. Más le valía al jodido Ben Power estar operativo y haber destrozado el puto cacharro que me había mandado volando hasta aquí o si no... Aquel hombre había sido el primero en dañarme en años. Tenía mi aprobación. Una espada bonita, unos poderes más destructivos que los míos y además por lo visto su puto haki de mierda funcionaba de cojones, mientras que el mío era como una mula con 3 patas, que ni es mula ni es ná.
Quería seguir con el combate, me sentía enérgico, vivo, chispeante, pero antes... Tenía que recuperar algo que era mío.
El humo tiro de mi hacía bajo, absorbiendo toda mi forma, en unos breves instantes quedé consumido en un charco gaseoso de poco más de un palmo de altura que se extendía por el terreno mientras avanzaba hacia dónde mi preciada arma había caído, tiré con fuerza y avancé hasta alcanzarla, sintiendo a mi paso los cuerpos de Yugu, Triana y Kisuke ¿Seguían vivos? Me sudaba completamente la polla y los huevos, en mi cabeza solo había una misión: recuperar mi arma. Avancé mientras mi mano se materializaba y la agarraba para, girando a la par mientras emergía del charco, enfocarme completamente de nuevo hacia mi contrincante. Con ambas espadas en las manos, en mi diestra el arma sin nombre con la cual había herido al almirante, la cual después de esta gesta merecía ser nombrada y disponer de un título a su altura, y en mi siniestra La Hoja Del Luto. Me erguí cuan alto era desde un charco humeante que se desvanecía a medida que empujaba al humo para que me recompusiera, formándose las partes de mi cuerpo oni desde él y enfocando totalmente hacia Yugu. Resoplando mientras el dolor y el cansancio hacían mella modernamente en mi cuerpo mientras mi cara se desconfigurada en un sonrisa que enseñaba mis dientes ensangrentados y arrugaba mi frente dándome un rostro espeluznante.
El muro, mellado por el devastador ataque del almirante, ser erguía a mis espaldas a 13 metros de distancia, mientras yo, a un metro y medio de Yugu observaba la escena, atento y preparado con las dos espadas en mis manos. Quizá habría otra apertura para golpearle, o quizá había llegado hasta aquí, viéndose mis capacidades superadas por la gran diferencia entre el alto cargo de los picoletos y yo, pero había una verdad innegable, que nadie, ni con mi muerte, podría rebatir en la vida:
Yo, Ashura: Capitán y General de Guerra de los Piratas Mushoku, había hecho sangrar a un Almirante de la Marina.
-Tch - Pensé de forma rápida - Tenía que haber apuntado a los ojos - Me arrepentí instantáneamente mientras admitía que la ira y las represalias me habían controlado y no había sido completamente óptimo a la hora de aprovechar mi oportunidad. Aunque hay veces que era mejor herir el orgullo que la carne, sinceramente. Por eso no estaba siendo duro del todo conmigo, porque había replicado sus acciones con un pequeño matiz, yo era más rastrero que la suela de una sandalia. Pero, sin lugar a duda le había demostrado que si seguía menospreciándome le llevaría de camino al campo santo.
El me había golpeado. Yo me había defendido. Solo había un problema, el puto haki de mis cojones humantes funcionaba peor que mi cabeza, ni el que servía para que pudiera tocar, ni el que servía para que pudiera saber como de diferentes éramos yo y el almirante. Saber algo que no funciona es como hacer funcionar algo que no sabes. Yo me entiendo. Mi garganta ardía, acompañada por un escozor peculiar y punzante, mientras sentía como las gotas de sangre, calientes y pesadas, descendían hacia mi pecho empapándolo y machándolo a partes iguales. Más le valía al jodido Ben Power estar operativo y haber destrozado el puto cacharro que me había mandado volando hasta aquí o si no... Aquel hombre había sido el primero en dañarme en años. Tenía mi aprobación. Una espada bonita, unos poderes más destructivos que los míos y además por lo visto su puto haki de mierda funcionaba de cojones, mientras que el mío era como una mula con 3 patas, que ni es mula ni es ná.
Quería seguir con el combate, me sentía enérgico, vivo, chispeante, pero antes... Tenía que recuperar algo que era mío.
El humo tiro de mi hacía bajo, absorbiendo toda mi forma, en unos breves instantes quedé consumido en un charco gaseoso de poco más de un palmo de altura que se extendía por el terreno mientras avanzaba hacia dónde mi preciada arma había caído, tiré con fuerza y avancé hasta alcanzarla, sintiendo a mi paso los cuerpos de Yugu, Triana y Kisuke ¿Seguían vivos? Me sudaba completamente la polla y los huevos, en mi cabeza solo había una misión: recuperar mi arma. Avancé mientras mi mano se materializaba y la agarraba para, girando a la par mientras emergía del charco, enfocarme completamente de nuevo hacia mi contrincante. Con ambas espadas en las manos, en mi diestra el arma sin nombre con la cual había herido al almirante, la cual después de esta gesta merecía ser nombrada y disponer de un título a su altura, y en mi siniestra La Hoja Del Luto. Me erguí cuan alto era desde un charco humeante que se desvanecía a medida que empujaba al humo para que me recompusiera, formándose las partes de mi cuerpo oni desde él y enfocando totalmente hacia Yugu. Resoplando mientras el dolor y el cansancio hacían mella modernamente en mi cuerpo mientras mi cara se desconfigurada en un sonrisa que enseñaba mis dientes ensangrentados y arrugaba mi frente dándome un rostro espeluznante.
El muro, mellado por el devastador ataque del almirante, ser erguía a mis espaldas a 13 metros de distancia, mientras yo, a un metro y medio de Yugu observaba la escena, atento y preparado con las dos espadas en mis manos. Quizá habría otra apertura para golpearle, o quizá había llegado hasta aquí, viéndose mis capacidades superadas por la gran diferencia entre el alto cargo de los picoletos y yo, pero había una verdad innegable, que nadie, ni con mi muerte, podría rebatir en la vida:
Yo, Ashura: Capitán y General de Guerra de los Piratas Mushoku, había hecho sangrar a un Almirante de la Marina.
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