Una vida estaba por perderse en el manglar.
Sintiendo que la suerte me había acompañado en este combate, estaba listo para terminar lo que había iniciado. El sudor empezaba a dejar marca en mi uniforme de invierno de la marina debido a la extenuante labor que había sido combatir a tres poderosos enemigos. Un aire frio recorrió el manglar, recordándome que el invierno había llegado hace no mucho, mientras que el sol empezaba a ponerse en el horizonte, trayendo consigo unas tonalidades naranjas y carmesís las cuales llegaban como un augurio que profetizaban la muerte que estaba por ocurrir en el manglar.
Aunque el ultimo de sus ataques, coordinados como si fueran un equipo, casi logra hacerme un daño considerable, fueron ellos los que terminaron siendo azotados por mis puños y quienes ahora yacían frente a mí, a mi merced. El más alto de ellos había caído inconsciente ante mi ultimo ataque. Mi compatriota, el Gyojin de nombre Gaeru, manteniéndose de pie a base de agallas y voluntad propia de alguien de nuestra especie. Por último, pero no por eso menos importante, el enmascarado alado, Quetzalli Jr, quien había estado cerca de infligir el mayor de los daños en más de una ocasión y la razón por la que consideraba que la suerte había estado de mi lado, del lado de la justicia, caía derribado a un metro a mi izquierda tras el impacto de aquel ataque que había desplegado con maestría. De los tres, quien visiblemente aun se encontraba en capacidad de seguir con el combate y de quien podía sentir con mi Haki de Observación que aún no se había dado por vencido seguía siendo Quetzalli Jr. Era una amenaza para la sociedad, no debido a sus acciones pues desconocía que fuera culpable de delitos atroces, si no debido a su potencial.
La vida de Quetzalli Jr estaba por terminar aquí y ahora.
Mientras Gaeru, con un esfuerzo inhumano (ingyojiano, quizás), encontraba la fuerza para hablarme, afirmando que se sentía derrotado pero que no recurriría a trucos sucios para atacarme por la espalda pues no era propio de un verdadero guerrero – cosa que me lleno de orgullo por un instante, viniendo de alguien de mi especia, a pesar de su condición de pirata – mientras posaba su ensangrentado puño en mi pecho, cerca de mi corazón, Quetzalli Jr hacia amague de levantarse para continuar con el combate. Las palabras y acciones de Gaeru casi logran apaciguar mi ira, la cual en realidad no iba dirigida a ellos específicamente si no a aquellos piratas quienes habían secuestrado a mi hermano Fugowo. Sin embargo, este sentimiento solo duro un breve instante, y fue remplazado por un odio desmedido hacia lo que representaban: la piratería, el deshonor, la ruptura de familias y el esclavismo.
Esto no lo iba a permitir.
“¿Qué es para ti la justicia?” – preguntó Gaeru con un hilo de voz, casi desfalleciendo a causa de sus heridas, pero demostrándose mas fuerte que ellas, o a pesar de ellas.
Fúrico ante aquella pregunta arremetí contra Quetzalli Jr antes de darle oportunidad de ponerse de pie o moverse de su lugar de cualquier forma. Arremetí con toda mi furia, con todo el coraje guardado que le tenía a los piratas, descargando todo el odio y dolor que tras más de diez años se habían acumulado en mí. Mis intenciones eran claras, y estaba seguro de que tanto Gaeru como Quetzalli lo podían ver en mis ojos, los cuales solo mostraban crueldad absoluta. El enmascarado estaba a mi merced, era mi oportunidad de arrebatarle una vida a los piratas, de cobrar la vida que me habían arrebatado a mi y a mi familia aquel fatídico día en la isla Gyojin.
Sin piedad alguna, golpee el rostro de Quetzalli Jr quien no tuvo oportunidad de defenderse, ambos golpes dirigidos a su rostro, alternando entre mis brazos, primero el derecho y luego el izquierdo. Con el Haki de Observación pude sentir como su energía empezaba a agotarse, estaba en las puertas de la muerte, esperando a que le atravesara el pecho con la mas fuerte de las técnicas que conocía del Gyojin Karate, cual tiburón que está listo para devorar a su presa. Estaba listo, estaba decidido, el destino les había puesto delante mío y no había razón alguna para no cumplir con el destino.
Adiós, Quetzalli Jr.
“No… nos lleves ni a mi hermano ni a mi” – escuche provenir de Gaeru, suplicante, honesto, aterrorizado. En ese momento, mientras mi puño empezaba a viajar en dirección al pecho de Quetzalli Jr, frente a mi desapareció el enmascarado y en su lugar le reemplazó un Gyojin de piel amarilla con púas en su barbilla de no más de 16 años.
Era Fugowo. Las palabras de Gaeru funcionaron en mi como si de magia se tratara y, aunque ya no pude detener el movimiento de mi brazo, si evite usar la técnica que estaba a punto de matar a Quetzalli Jr, por lo que solo termine de golpear con mi puño derecho sobre su pecho.
Una lágrima cayó de la mejilla de Quetzalli Jr. Se acerco a Gaeru y posándole la mano sobre su hombro, supe que todo era verdad. Gaeru y Quetzalli Jr se consideraban tan hermanos como yo considero a Fugowo como el mío. El Haki de Observación, maldito sea en esta ocasión, me confirmaba que aquellos sentimientos eran tan reales como el aire que respiraba agitadamente tras lo que estuve a punto de hacer.
Al estar lado a lado, el hechizo regreso por un instante, siendo ambos – Gaeru y Quetzalli – iluminados, no, exaltados por aquellos tonos naranjas y rojos que traían el atardecer y los cuales me hicieron revivir un momento que había olvidado por completo, un recuerdo que había guardado en lo mas profundo de mi ser por ser tan preciado para mi y a la vez tan doloroso de recordar. La primera vez que vi el atardecer, cosa que no sucede nunca en la isla Gyojin, fue alado de Fugowo. No habíamos prometido nunca separarnos, volvernos fuertes para cuidar a quienes lo necesitaran, salir de aventuras y visitar todas las islas del mundo. Nos habíamos prometido ser felices.
Bajando el rostro al suelo, con el corazón en la mano, comencé a llorar.
Había perdido la gorra de la marina sin darme cuenta durante el combate por lo que el bajar mi rostro no impidió que Gaeru y Quetzalli Jr vieran aquellas lágrimas brotar de mi rostro. Baje los brazos, dejándolos caer a mis costados, cansado. No podía matarlos, no debía matarlos, hacerlo hubiera ido contra todo valor y principio que sostenía, por los cuales me regía. Mi maestro Ershot Spardal tenía razón, la venganza es un camino peligroso, es un objetivo vacío. De no ser por Gaeru, habría cometido un acto tan atroz que hubiera significado perderme a mi mismo, hubiera sido un punto de inflexión en mi vida del cual me hubiera arrepentido por el resto de ella. La suerte estaba de mi lado, aún. Pero más importante, volvía a sentir a Fugowo a mi lado.
Prestando atención a las palabras que provinieron de Quetzalli Jr, quien demostraba tener un espíritu inquebrantable, le respondí con honestidad, pues ambos se habían ganado mi respeto – “Tienen razón…” – inicié mi respuesta con calma, en un tono que buscaba el entendimiento a pesar de ser enemigos – “en estos momentos la justicia es selectiva, créanme que lo sé, como Gyojin puedo asegurar que lo sé de primera mano, ¿en dónde estábamos cuando pasaron todas aquellas cosas horribles que relatas?, seguramente deteniendo esclavistas, capturando asesinos o desmantelando grupos criminales, pero la pregunta importante no es ¿en dónde estábamos?, si no, ¿por qué no estuvimos donde también nos necesitaban?” – continué, en el mismo tono inicial, pausado y respetuoso, secando las lágrimas de mi rostro con el dorso de mi antebrazo derecho.
“Porque no somos suficientes, porque la justicia es selectiva, porque lamentablemente la marina es una institución tan grande que ha permitido, y sigue permitiendo, actos de corrupción” – sentencié, contestando a mi propia pregunta – “Pero no todos somos así, sin embargo, no somos suficientes. Estamos tan divididos entre facciones que, en lugar de enfocarnos en objetivos en común, permitimos que esta división nos ciegue dando oportunidad a los verdaderos culpables de los crimines y las injusticias de seguir a sus anchas, aprovechándose de nuestra inútil lucha.” – aseveré con un tono de reproche, uno que iba dirigido a mi principalmente, puesto que a pesar de que era consciente de todo esto que decía, no había hecho nada por evitarlo – “Sin embargo, esto no va a cambiar desde fuera. El problema hay que arrancarlo desde dentro, hay que arrancarlo de raíz, estoy convencido que junto con mis compañeros de división podemos reformar a la marina para que sea lo que debe ser, para llevar la justicia a todas partes, para perseverar a pesar de quienes se oponen a nosotros” – empezaba a aumentar mi tono de voz, como si buscara convencerme a mi mismo que esto que decía era verdad, que era posible llevar a cabo un cambio tan radical – “¿Qué que es para mí la justicia, Gaeru?” – me dirigí al Gyojin, convencido de la respuesta que estaba a punto de emanar de mi interior – “La justicia no es una verdad absoluta ni una imposición inmediata, sino el resultado de la determinación inquebrantable de hacer lo correcto, sin importar cuántas veces uno caiga o cuán difíciles sean las circunstancias. La verdadera justicia no se rinde, no se deja cegar por la venganza y nunca pierde de vista el propósito de sus acciones.” – respondí llevando el puño hacia mi pecho en aquella zona que el Gyojin había dejado manchada de su sangre.
“¡LA JUSTICIA ES PERSEVERANTE!”
La batalla había concluido. Por un lado, había llevado mis ordenes a cabo de forma implacable, por otro, de no ser por la oportuna intervención de mi enemigo Gyojin me habría perdido en el odio y la venganza perdiendo de esta forma la mayor de las batallas, la que tengo conmigo mismo y mis demonios internos. Tanto Gaeru como Quetzalli Jr habían demostrado ser algo mas que simple piratas, eran verdaderos guerreros quienes, a su forma, buscaban encontrar su propia justicia.
Una idea se formó en mi cabeza.
“Gaeru, Quetzalli Jr, asumo que no fue hace mucho que se unieron a los piratas Mushoku.” – me dirijo a los hermanos de otra madre, mientras empiezo a caminar lentamente hacia donde se encontraba Artur, tumbado – “ese grupo de piratas han cometido crímenes más atroces de los que ustedes han vivido, hace poco destruyeron una base de la marina matando a todos los presentes despiadadamente.” – seguí avanzando quedando de frente al gigante alado – “Su compañero de aquí formo parte del ataque, y es mi responsabilidad entregarlo a la justicia para que dictamine sentencia sobre sus acciones.” – continué, mientras guardaba la espada estilo samurai de casi dos metros en su vaina de cuero, la cual había quedado en el piso luego de que Artur cayera inconsciente, para seguidamente acomodármela a la cintura utilizando una de las vendas que traía conmigo, quedando ridículamente desproporcional a mi costado derecho – “Pero ustedes son diferentes, son verdaderos guerreros, me lo han demostrado durante este combate.”
El aire frío del invierno silbo en el manglar y una burbuja de resina exploto antes de que continuara con la propuesta que estaba a punto de formular – “Por lo que les voy a proponer dos opciones. La primera, continúen como piratas, peor aún, como parte de los Mushoku, y véanse fallando a sus ideales, siendo capturados quizás no hoy, si la suerte esta con ustedes puesto que luego de abandonar el manglar voy a avisar al cuartel general de que he dejado a dos piratas listos para ser capturados, pero más pronto que tarde.” – dije mientras me agachaba para agarrar una de las piernas del gigante alado, la izquierda, listo para arrastrarle de regreso al cuartel de la marina – “La segunda, vengan conmigo, entréguense a la marina y juro por mi vida que yo abogaré por ustedes, creo poder convencer al Vicealmirante Joe de que se unan a la división 17. Saben, los piratas me arrebataron a mi hermano hace más de 10 años, y si bien somos un grupo un poco disfuncional, en mis compañeros de división he encontrado algo que he anhelado desde el día que perdí a mi hermano y que apenas hoy, gracias a tus palabras Gaeru y a tus acciones Quetzall Jr, me doy cuenta por fin he encontrado.” – pronuncié mientras giraba mi cuello para verlos a los ojos y luego voltear a ver el atardecer, el cual se expandía glorioso en el horizonte – “Una familia.”
Quizás aceptarían, cosa que no me podría hacer más feliz, o quizás se negarían a venir conmigo. Sea como fuese aceptaría su decisión. Sin embargo, incluso si se negaban a mi oferta, sabía que había sembrado una semilla que a futuro podría dar fruto si se mantenía vigilada. Tendría que estar pendientes a partir de ahora de cada uno de sus movimientos, pero eso no sería problema, si terminaran desviándose al tipo de piratería que caracterizaba al grupo pirata al que se habían unido – los piratas Mushoku – solo tendría que detenerles nuevamente.
Y, si se diera el caso, no habría segundas oportunidades.
Resumen
Belico
Aclaraciones
Haki
Gasto
inventario
OFF

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