[Presente absoluto] El primer día del resto de tu vida
#4
El dolor era absoluto. Jean notaba como cada una de las fibras de sus músculos gritaban, clamando por venganza. Aquel primer día a cargo de la Sargento Amren había sido brutal. Por una parte, había sido una prueba. Por la otra, una demostración de que no iba a admitir menos del máximo que todos los allí presentes pudieran dar. Dura, pero justa. Pese a todo, ninguno de los reclutas había sido rechazado. Ni siquiera aquellos que no sabían combatir, que nunca habían tenido un arma entre las manos. "Todo se puede aprender y todo se puede entrenar. Mientras tengáis espíritu, está bien" les había dicho. Espíritu. ¿Realmente era lo único que hacía falta?

- Yo tampoco tengo energías ni para comer... - sonó a su lado la agotada voz de Mel, que descansaba su cabeza sobre la mesa, al lado de un nutrido plato de pasta del que salía un espagueti directo a la boca de su amiga, del que iba sorbiendo cada pocos segundos.

Jean intentó aguantar la risa, pero la imagen de Mel totalmente derrotada y comiendo aún así le hizo estallar en carcajadas. La risa pronto se extendió por su mesa y por el resto. La pelirroja se incorporó de mala gana, con algo de coloretes en los pómulos. 

- Pues yo no le veo la gracia... - replicó arrugando los labios. 

La rubia miró a su amiga con ternura. Después giró la vista hacía todos los demás reclutas. Estaban agotados, pero todos sentían esa misma calidez en el pecho. Se miraban con una camaradería que les unía a todos. Hacía pocos días pocos se conocían entre ellos, muchos ni siquiera se habrían visto en la vida. Sin embargo, aquella noche, mientras cenaban todos juntos, daba la sensación de que se conocían desde hacía años. 



- No me puedo dormir...

- Ya, me pasa lo mismo...

La cabeza de Mel apareció sobre la cama de Jean de forma lenta y perezosa.

- Nunca he estado tan cansada. Creo que me duelen tanto los músculos que mi cuerpo es incapaz de dormirse... 

- Suena a una explicación innecesariamente racional para alguien que apenas puede cerrar los ojos sin que le duelan las agujetas de los parpados. - dijo con la mirada perdida hacia el suelo - ¿Siempre haces eso?

- ¿El que?

Mel se quedó un momento en silencio, pensando.

- No se explicarlo. Hablas poco, pero cuando lo haces suele ser dando un punto de vista objetivo y racional sobre algo. - murmuró, entornando los ojos. - Me gusta. Pareces una guapa detective de libro. Pero también me apena. Parece que nunca sueltas el freno de mano.

- Yo... - se detuvo Jean. No sabía que decir. Mel podía tener razón. No. La tenía. Era obvio que la tenía. Jean temía demasiado el juicio ajeno, fruto de tantos años sometida a una estricta presión donde cada acto debía ser perfecto. 

- No hace falta que digas nada. - dijo Mel con un tono melancólico mientras su cabeza desaparecía y volvía a su propia almohada. Sus siguientes palabras llegaron mientras se aguantaba la risa. - Se como se cura. Mañana, si seguimos vivas, saldremos y ¡te emborracharé! Quizá conozcamos a algún atractivo chavalín que...

Una almohada apareció por el lateral de la cama de Mel, golpeándola ligeramente, ante lo que la joven comenzó a reír. Jean, desde abajo, bajó la almohada y se la volvió a colocar bajo la cabeza, totalmente roja. Ambas suspiraron a la vez, mirando al techo. Cerraron los ojos al mismo tiempo.

- Buenas noches Jean.

- Buenas noches Mel.

No le costó coger el sueño. A falta de unas pocas horas, Jean sentía que acababa de vivir el primer día del resto de su vida.
  Responder


Mensajes en este tema
RE: [Presente absoluto] El primer día del resto de tu vida - por Jean D´Orlanais - 19-03-2025, 04:15 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)