20-03-2025, 01:26 PM
Parece que no había impedimentos de parte de su rival, eso era bueno, una oportunidad de revancha en el futuro, una promesa de un mañana en el que la pelirroja podría golpear a la mink y no dejarse golpear de vuelta. Este encuentro había ayudado a ambas mujeres a ver las fallas de sus estilos y, además, les había ofrecido una guía de cómo podrían hacerse más fuertes y mejores en el desempeño de las batallas. Mientras la pelirroja caminaba hacia su barco con el arma sujeta con las dos manos el discurso de la mink la hizo apretar el arma con fuerza, con rabia, tal vez, pero precisamente por dar en el clavo. La vida de Gabriella no había sido un camino de rosas, pero se impuso a sí misma la voluntad de seguir hacia adelante siempre, y por más obstáculos que el destino le pusiera delante los destrozaría todos con pura fuerza bruta, y, hasta esa mañana de invierno, había funcionado para ella, la vida se había sometido a su poder sin problemas hasta que se topó con la horma de su bota, un enemigo al que no podía golpear porque se había centrado demasiado en el poder y muy poco en el control de un arma tan grande como la que cargaba. Pero ahora había aprendido la lección, sabía lo que tenía que hacer para ser mejor.
Cuando ya estaba en la pasarela para subir a su barco le llegó el grito de la mink, quería que entrenase, pues también su rival lo haría, para algún día volver a medir sus fuerzas. — Tsch… — respondió para sí, habiendo detenido por un instante su marcha para procesar las palabras de la mink, no eran burlescas, no se estaba riendo de ella, quería, genuinamente, volver a verla en el futuro para combatir, pero, — ¿Por qué? — era algo que Gabriella no entendía, pero tampoco entendía la sensación que le provocaban esas palabras, un calor agradable en el pecho, algo que hacía tantos años que no sentía que había olvidado que podía sentir. Ladeó su cabeza desde la cubierta del barco, miró en la distancia como la mink trepaba un árbol y no pudo evitar sonreír pensando que, de nuevo, había vuelto a hacerlo — Es más mona que zorra. — pensó para sí. Dispuso el barco para que el viento volviera a mover su barco y la brisa del mar volviera a abrazar su piel mientras hacía ondear su melena cobriza. — ¡Esto no es una despedida, es una tregua temporal! ¡Volveré algún día y te haré sentir el frío acero de mi ancla! — exclamó antes de que fuera demasiado tarde y la mink no pudiera oírlo, esa sería su última palabra hasta que sus caminos volvieran a encontrarse en este vasto mar.
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