21-03-2025, 11:41 PM
(Última modificación: 21-03-2025, 11:42 PM por Jean D´Orlanais.)
Jean continuó caminando por el pasillo, girando su mirada hacia Casca, que le seguía un poco por detrás. Inclinó ligeramente la cabeza al escucharle. Volvió a levantar una ceja, aunque corrigió rápidamente su acción y volvió a mirar al frente. Las sospechas de que aquel chico estaba traumatizado por aquel evento crecieron. De forma paralela, cavando un poco más en su interior, también coexistía la idea de que simplemente fuese un joven con una limitación intelectual bastante severa. Incluso planeaba sobre su cabeza la idea de que simplemente estaba tomándole el pelo. Fuese cual fuese la realidad, la labor de Jean no cambiaba. Tenía que intentar ayudarle como fuera posible. Adoptó de nuevo un tono de voz relajado mientras guiaba a Casca por los pasillos de la base.
- Nos dirigimos al ala de aquí al lado, a las oficinas. – repitió, aunque la imagen de una sala totalmente acolchada flasheo en su mente por una centésima de segundo. – Allí creo que podremos encontrar a alguien que pueda ayudarte más que yo.
Pero ¿Cuál era realmente el plan? Pensó en recurrir a la Sargento Amren, pero estaba segura de que por el talante que la caracterizaba acabaría tirando a Casca por la ventana más cercana. Tal vez acudir a la oficina donde emitían las ordenes de Wanted y donde acudían los cazadores a cobrar sus recompensas era un objetivo más adecuado. Tal vez allí alguien tuviera información sobre el evento en el que se había envuelto Casca. Algo que dejaba un reguero de veinte muertos no podía pasar desapercibido. Si, tal vez aquello sería lo más adecuado.
- ¡Jean! ¡Te estaba buscando!
Una estridente voz llena de energía les atropelló nada más girar una esquina. Ante ellos, Mel, la primera chica que había conocido Jean nada más entrar a la Marina. Algo más baja que la rubia, vestía un uniforme de la Marina algo manchado, pero iluminaba el ambiente con una enérgica sonrisa de ilusión. Sus ojos, plateados y brillantes, contrastaban con la maraña pelirroja que era aquel pelo rizado que salvajemente enmarcaba un rostro redondo.
- Mel, ¿Que haces aquí? ¿No estabas hoy de patrulla?
Mel era una de las primeras reclutas que la Sargento Amren había elegido para salir a realizar las primeras patrullas de prácticas por la ciudad. Esta sonrió con suficiencia.
- ¡Exacto! De hecho me han mandado aquí de vuelta a pedir refuerzos. Al parecer uno de los jefes había visto a unos tipos... Blablabla... Lo cierto es que no me he enterado bien. - hizo unos remolinos con la mano mientras ponía lo ojos en blanco - Ya sabes lo intensitos que son a veces. Así que han mandado a la nueva para avisar a la base. Yo creo que se me querían quitar del medio porque hasta donde sé los Den Den Mushi no se quedan sin energía... Total que he dado el aviso y ahora iba a hacer un poco el vago. Hay que aprovechar las oportunidades que da la vida. ¿Quieres venirte a...? - se quedó en silencio de repente, al caer en que Casca parecía ir con Jean.
Mel se inclinó sobre si para mirar a Casca. Luego se acercó a Jean con una mano cerca de la boca.
- Oye, ¿este quien es? - preguntó en un tono mucho más confidencial de lo que la situación ameritaba.
Jean se giró hacia Casca, dubitativa.
- Es... Bueno...
¿Qué era? Lo cierto es que, aparte de que estaba algo traumatizado y/o alelado, Jean tampoco tenía mucha información sobre su acompañante. Se había presentado, pero solo sabía su nombre y que había venido por aquella nota del suburbio dos. Nada más.
- Se llama Casca. - le presentó Jean - Estábamos yendo a las oficinas, se vio envuelto en algún problema que hubo en el suburbio dos, con varios muertos, y allí tomaran mejor los datos.
Mel se acercó con curiosidad al chico.
- Bien, bueno, encantada. ¿Sabes? Os acompaño. ¡Lo dejamos y luego nos vamos por ahí! - exclamó con una sonrisa traviesa.
- Mel, estamos trabajando... - le advirtió la rubia.
La joven pelirroja alzó un dedo.
- Estas. - corrigió, pícara - Salvo que alguien indague más de la cuenta, yo he terminado mis tareas del día. Pero tienes razón, en las oficinas me pillaran seguro... - se giró de nuevo hacia Casca, pensativa, valorando sus opciones. Le señaló con el índice - Seguro que podemos solucionarlo sin tener que ir allí. A ver, tu, ¿Qué te ha pasado?
- Nos dirigimos al ala de aquí al lado, a las oficinas. – repitió, aunque la imagen de una sala totalmente acolchada flasheo en su mente por una centésima de segundo. – Allí creo que podremos encontrar a alguien que pueda ayudarte más que yo.
Pero ¿Cuál era realmente el plan? Pensó en recurrir a la Sargento Amren, pero estaba segura de que por el talante que la caracterizaba acabaría tirando a Casca por la ventana más cercana. Tal vez acudir a la oficina donde emitían las ordenes de Wanted y donde acudían los cazadores a cobrar sus recompensas era un objetivo más adecuado. Tal vez allí alguien tuviera información sobre el evento en el que se había envuelto Casca. Algo que dejaba un reguero de veinte muertos no podía pasar desapercibido. Si, tal vez aquello sería lo más adecuado.
- ¡Jean! ¡Te estaba buscando!
Una estridente voz llena de energía les atropelló nada más girar una esquina. Ante ellos, Mel, la primera chica que había conocido Jean nada más entrar a la Marina. Algo más baja que la rubia, vestía un uniforme de la Marina algo manchado, pero iluminaba el ambiente con una enérgica sonrisa de ilusión. Sus ojos, plateados y brillantes, contrastaban con la maraña pelirroja que era aquel pelo rizado que salvajemente enmarcaba un rostro redondo.
Mel
- Mel, ¿Que haces aquí? ¿No estabas hoy de patrulla?
Mel era una de las primeras reclutas que la Sargento Amren había elegido para salir a realizar las primeras patrullas de prácticas por la ciudad. Esta sonrió con suficiencia.
- ¡Exacto! De hecho me han mandado aquí de vuelta a pedir refuerzos. Al parecer uno de los jefes había visto a unos tipos... Blablabla... Lo cierto es que no me he enterado bien. - hizo unos remolinos con la mano mientras ponía lo ojos en blanco - Ya sabes lo intensitos que son a veces. Así que han mandado a la nueva para avisar a la base. Yo creo que se me querían quitar del medio porque hasta donde sé los Den Den Mushi no se quedan sin energía... Total que he dado el aviso y ahora iba a hacer un poco el vago. Hay que aprovechar las oportunidades que da la vida. ¿Quieres venirte a...? - se quedó en silencio de repente, al caer en que Casca parecía ir con Jean.
Mel se inclinó sobre si para mirar a Casca. Luego se acercó a Jean con una mano cerca de la boca.
- Oye, ¿este quien es? - preguntó en un tono mucho más confidencial de lo que la situación ameritaba.
Jean se giró hacia Casca, dubitativa.
- Es... Bueno...
¿Qué era? Lo cierto es que, aparte de que estaba algo traumatizado y/o alelado, Jean tampoco tenía mucha información sobre su acompañante. Se había presentado, pero solo sabía su nombre y que había venido por aquella nota del suburbio dos. Nada más.
- Se llama Casca. - le presentó Jean - Estábamos yendo a las oficinas, se vio envuelto en algún problema que hubo en el suburbio dos, con varios muertos, y allí tomaran mejor los datos.
Mel se acercó con curiosidad al chico.
- Bien, bueno, encantada. ¿Sabes? Os acompaño. ¡Lo dejamos y luego nos vamos por ahí! - exclamó con una sonrisa traviesa.
- Mel, estamos trabajando... - le advirtió la rubia.
La joven pelirroja alzó un dedo.
- Estas. - corrigió, pícara - Salvo que alguien indague más de la cuenta, yo he terminado mis tareas del día. Pero tienes razón, en las oficinas me pillaran seguro... - se giró de nuevo hacia Casca, pensativa, valorando sus opciones. Le señaló con el índice - Seguro que podemos solucionarlo sin tener que ir allí. A ver, tu, ¿Qué te ha pasado?
