26-03-2025, 08:02 PM
(Última modificación: 26-03-2025, 10:31 PM por Odki Murray.
Razón: Arreglo cálculos.
)
Surcando las olas próximas a Sabaody se abría paso de forma imparable "El Bravo". El navío más armado de todos los mares del mundo. Mi Navío. Un barco con la madera rojiza, tres palos y enormes velas blancas con la Jolly Roger que me representaba. La Jolly Roger de los Piratas Armados. El buque de guerra de un Emperador.
Los periódicos habían hablado de ello. Ese nuevo "arma" de la Marina. Había que ser un zoquete, un completo idiota, un tontaco, un gilipichi, un pimpinela... ¡un mongolo! como para no darse cuenta de que su operación militar perpetrada, anunciada y más que proclamada - y es que hay que ver cuánto les gusta hacerse los chulos a estos del uniforme blanco... - por los medios de comunicación convencionales, estaba avisando de que iban a hacer una purga de novatos en el archipiélago. Pero nosotros no éramos unos patanes, unos mequetrefes, unos pijolinos, unos tontainas... ¡no! ¡Yo era el temido Barbarroja! ¡Y era mucho más listo que todos ellos!
— ¡¡Buuuu kikikiki!! — reí con mi estruendosa voz golpeándome la barriga, haciéndola sonar como un tambor, sentado en mi gran sillón en cubierta — ¿Cuánto queda? ¿estamos cerca? — pregunté al más cercano en ese momento de mi tripulación y di un buen trago al barril de ron que había junto a mi, agarrándolo con una sola mano y eructando después armando un escándalo — ¡Ese ha sido bueno! ¡Buuu kikikiki! — reí de nuevo, enorgulleciéndome de mi mismo y mi capacidad pulmonar, limpiándome con el antebrazo los restos de alcohol de la boca y mirando hacia el frente. A lo lejos, se podía ver a aproximadamente mil metros, se veía el inconfundible Archipiélago Sabaody.
Los ojos se me abrieron como platos y brillaron como los de un niño. Estábamos lo suficientemente cerca.
— ¡¡BUUU KIKIKIKIII!! — reí de nuevo poniéndome en pie — ¡Camaradas! — anuncié, mientras las risas de mis subordinados y el jolgorio del ajetreo en cubierta se hacía notar — ¡Parece que ya estamos llegando! ¡Ahí está el nido de mariquitas que ha reunido el Gobierno para hacer una caza de novatillos! — llevé mis nudillos a mis ojos para fingir que lloraba — ¡Buaaah buaaaah! — sollocé, fingiendo el llanto de un bebé — ¡Un despliegue militar para parar moscas! — sentencié y volví a golpearme la barriga haciendo resonar aquel gong y riendo de nuevo — ¡Buuuu kikikiki! — y entonces chasqueé los dedos girando la cabeza hacia la derecha, haciendo que un hombre se apresurase a levantar un saco y acercarse hacia mi — Creo que estamos a la suficiente distancia como para poder saludarles ¿no os apetece? — pregunté retóricamente mientras aquel hombre dejaba el saco a mi lado y yo introducía mi mano en su interior, sacando de él dos monedas, lanzando una a mi otra mano y alzando la que quedaba a la vista de todos.
— ¡¡Me apuesto con todos vosotros una de estas, para cada uno, a que llego desde aquí a un manglar!! — y los vítores y júbilo de los presentes no tardaron en acompañar mi declaración, haciéndome sonreír y entrecerrar los ojos, mirando hacia Sabaody y lanzándole la moneda a quien había traído el saco — Sujeta eso, Erik... — dije con una voz algo más baja y tras lanzar hacia arriba un par de metros la moneda que me quedaba, la atrapé al vuelo y la apreté con fuerza, comenzando a acumular mi energía en ese punto, cogiendo todo el aire que me era posible de una bocanada y gritando a pleno pulmón.
Entonces abrí la mano y la diminuta moneda se había convertido en una bala de cañón ovalada, más bien una ojiva militar y sobresalía de las dimensiones que podía asumir mi mano. Este era el poder de mi akuma no mi... el poder de poder convertirme yo mismo o cualquier parte de mi cuerpo ¡en un arma! ¡pero mi habilidad estaba despertada y podía afectar el entorno con ella! ¡Había convertido una moneda en una bomba de un potencial desconmensurado — ¡Voy a saludar a los Marines, vamos a asaltar el Archipiélago y a hacernos con esas armas nuevas del Dr.Omph! ¡Con todos! ¡Y después nos comemos unas papas aliñás! ¡¡Buuuu kikikiki!! — sentencié con alegría y otra fuerte risotada, cargando mi brazo hacia atrás mientras mis hombres me daban espacio y con un soberano y potente movimiento de mi diestra, lancé el proyectil con la fuerza de mil demonios hacia delante.
La bomba silbó recorriendo los ochocientos metros que nos separaban de aquel manglar, el más costero de todos cuyo número no era capaz de discernir desde mi posición, y cuando - en un instante - recorrió toda la distancia la luz precedió una explosión colosal que iluminó nuestros rostros y sacudió nuestros cabellos aun estando a esa distancia. Un sonoro 'bum' enorme que enorgullecía a mis viejos huesos.
— ¡¡Buuuu kikikiki!! ¡Me debéis todos un berrie! — grité con alegría sabiéndome ganador de mi apuesta, mientras mis hombres gritaban de emoción y reían ante mi demostración de poder. Todo lo que había que hacer era esperar a que los Marines vinieran a recibirnos y trajeran a sus nuevas armas para detenerme.. y entonces, como buen coleccionista y recolector de armas, hacerme con todas ellas.
![[Imagen: cKKdWfA.png]](https://i.imgur.com/cKKdWfA.png)
Los periódicos habían hablado de ello. Ese nuevo "arma" de la Marina. Había que ser un zoquete, un completo idiota, un tontaco, un gilipichi, un pimpinela... ¡un mongolo! como para no darse cuenta de que su operación militar perpetrada, anunciada y más que proclamada - y es que hay que ver cuánto les gusta hacerse los chulos a estos del uniforme blanco... - por los medios de comunicación convencionales, estaba avisando de que iban a hacer una purga de novatos en el archipiélago. Pero nosotros no éramos unos patanes, unos mequetrefes, unos pijolinos, unos tontainas... ¡no! ¡Yo era el temido Barbarroja! ¡Y era mucho más listo que todos ellos!
— ¡¡Buuuu kikikiki!! — reí con mi estruendosa voz golpeándome la barriga, haciéndola sonar como un tambor, sentado en mi gran sillón en cubierta — ¿Cuánto queda? ¿estamos cerca? — pregunté al más cercano en ese momento de mi tripulación y di un buen trago al barril de ron que había junto a mi, agarrándolo con una sola mano y eructando después armando un escándalo — ¡Ese ha sido bueno! ¡Buuu kikikiki! — reí de nuevo, enorgulleciéndome de mi mismo y mi capacidad pulmonar, limpiándome con el antebrazo los restos de alcohol de la boca y mirando hacia el frente. A lo lejos, se podía ver a aproximadamente mil metros, se veía el inconfundible Archipiélago Sabaody.
Los ojos se me abrieron como platos y brillaron como los de un niño. Estábamos lo suficientemente cerca.
— ¡¡BUUU KIKIKIKIII!! — reí de nuevo poniéndome en pie — ¡Camaradas! — anuncié, mientras las risas de mis subordinados y el jolgorio del ajetreo en cubierta se hacía notar — ¡Parece que ya estamos llegando! ¡Ahí está el nido de mariquitas que ha reunido el Gobierno para hacer una caza de novatillos! — llevé mis nudillos a mis ojos para fingir que lloraba — ¡Buaaah buaaaah! — sollocé, fingiendo el llanto de un bebé — ¡Un despliegue militar para parar moscas! — sentencié y volví a golpearme la barriga haciendo resonar aquel gong y riendo de nuevo — ¡Buuuu kikikiki! — y entonces chasqueé los dedos girando la cabeza hacia la derecha, haciendo que un hombre se apresurase a levantar un saco y acercarse hacia mi — Creo que estamos a la suficiente distancia como para poder saludarles ¿no os apetece? — pregunté retóricamente mientras aquel hombre dejaba el saco a mi lado y yo introducía mi mano en su interior, sacando de él dos monedas, lanzando una a mi otra mano y alzando la que quedaba a la vista de todos.
— ¡¡Me apuesto con todos vosotros una de estas, para cada uno, a que llego desde aquí a un manglar!! — y los vítores y júbilo de los presentes no tardaron en acompañar mi declaración, haciéndome sonreír y entrecerrar los ojos, mirando hacia Sabaody y lanzándole la moneda a quien había traído el saco — Sujeta eso, Erik... — dije con una voz algo más baja y tras lanzar hacia arriba un par de metros la moneda que me quedaba, la atrapé al vuelo y la apreté con fuerza, comenzando a acumular mi energía en ese punto, cogiendo todo el aire que me era posible de una bocanada y gritando a pleno pulmón.
— B A T S U —
Entonces abrí la mano y la diminuta moneda se había convertido en una bala de cañón ovalada, más bien una ojiva militar y sobresalía de las dimensiones que podía asumir mi mano. Este era el poder de mi akuma no mi... el poder de poder convertirme yo mismo o cualquier parte de mi cuerpo ¡en un arma! ¡pero mi habilidad estaba despertada y podía afectar el entorno con ella! ¡Había convertido una moneda en una bomba de un potencial desconmensurado — ¡Voy a saludar a los Marines, vamos a asaltar el Archipiélago y a hacernos con esas armas nuevas del Dr.Omph! ¡Con todos! ¡Y después nos comemos unas papas aliñás! ¡¡Buuuu kikikiki!! — sentencié con alegría y otra fuerte risotada, cargando mi brazo hacia atrás mientras mis hombres me daban espacio y con un soberano y potente movimiento de mi diestra, lancé el proyectil con la fuerza de mil demonios hacia delante.
— ¡ G A I D E N ! —
La bomba silbó recorriendo los ochocientos metros que nos separaban de aquel manglar, el más costero de todos cuyo número no era capaz de discernir desde mi posición, y cuando - en un instante - recorrió toda la distancia la luz precedió una explosión colosal que iluminó nuestros rostros y sacudió nuestros cabellos aun estando a esa distancia. Un sonoro 'bum' enorme que enorgullecía a mis viejos huesos.
— ¡¡Buuuu kikikiki!! ¡Me debéis todos un berrie! — grité con alegría sabiéndome ganador de mi apuesta, mientras mis hombres gritaban de emoción y reían ante mi demostración de poder. Todo lo que había que hacer era esperar a que los Marines vinieran a recibirnos y trajeran a sus nuevas armas para detenerme.. y entonces, como buen coleccionista y recolector de armas, hacerme con todas ellas.
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