29-03-2025, 06:37 PM
17:37 del día 2 de Invierno. Año 14
Manglar 13.
El frío del invierno empezaba a calar hondo en el húmedo ambiente del curioso ecosistema que había en la, aún más curiosa, formación insular que eran las raíces de tan peculiar árbol y que había sido escenario para un encuentro que cambiaría de forma radical el curso de mi vida, en cuestión de unos días pasé de ser un mink solitario, atormentado por un pasado nefasto que me pesaba en el alma a tener un grupo que me aceptaba, una serie de individuos que podía considerar cercanos por primera vez en años, y pensaba pelear a muerte por proteger lo que no pude en el pasado, defender a los míos era lo que quería hacer, era lo que iba a hacer.
Ya había pasado algo más de una semana desde que Zorak había despertado y se me había aceptado como parte de la milicia revolucionaria conocida como Kuro no Bogyu, estaba contento, evidentemente, pero sentía que con esta oportunidad también venía una gran responsabilidad, me habían elegido para unirme a sus filas y tenía que estar a la altura de esas expectativas, no podía dormirme en los laureles y quedarme atrás, debía adelantarles a todos y convertirme a la vez en el escudo que los protegería del futuro que nos esperaba y en la lanza que se abriría camino entre la oscuridad de lo desconocido para crear un camino que mis nuevos camaradas pudieran transitar tranquilos, debía hacerme más fuerte, obviamente tardaría en estar, siquiera, a su altura, pero confiaba en que si no dejaba de entrenar a diario acabaría llegando al mismo escalón que mis compañeros. Por todo esto y con la idea de dejarme guiar por alguien que supiera a ciencia cierta que iba a ayudarme acudí a Zorak, no sabía hasta que punto podría ayudarme de la manera en la que lo necesitaba, aún estaba algo tocado y magullado por mi incompetencia a la hora de buscar a Kisuke durante nuestro primer día juntos, aunque solo con palabras me pudiera motivar lo que necesitaba era algo más que palabras de ánimo, ni yo tenía claro lo que quería o necesitaba de él, pero algo dentro de mi me calmaba diciéndome que, fuera lo que fuera lo que estaba buscando si alguien podía ayudarme era el Mariscal Zorak.
Me senté al lado del barco, el glorioso Saint Fermín, con la espalda dada al barco y con la punta de mi dedo índice de la mano derecha toqué con suavidad el marco de la ventana que daba a su camarote, — Mariscal. — dije de forma cortada y tímida, no quería importunar, tal vez estuviera descansando después de la comida, pero el asunto que quería tratar con él no podía esperar, no creo que le fuera a molestar mi determinación por crecer y hacerme más fuerte, mi deseo de convertirme en un verdadero activo útil en la causa social por la que luchaban mis camaradas. Volví a acercar mi dedo al marco de su ventana, esta vez con determinación lo llamé, — Mariscal Zorak, quisiera hablar con usted de algo que considero verdaderamente importante, oink. — tras acabar de hablar giré mi torso y mi cabeza, para poder mirar por la ventana y tener algo de visión del interior del camarote, para poder determinar con seguridad si mi superior estaba durmiendo, o descansando, o si por el contrario estaba despierto y atendiendo mi reclamo.
