04-04-2025, 08:22 PM
Día 37 de Primavera, Año 15
Ciudad Akauri. Reino de Ilisia, West Blue
- Te queda bien así...Las palabras de Mel atravesaron la habitación desde su cama. Tras la primera semana, habían realojado a los nuevos reclutas aceptados, prácticamente toda la promoción de Jean, en habitaciones dobles. Dado que se habían conocido el primer día y se habían caído bien, Mel y Jean compartían habitación. Se trataba de una estancia pequeña, con dos camas con un pequeño baúl para guardar sus pertenencias, un par de pequeñas cómodas que exigían tener un fondo de armario muy justo y un par de mesillas de noche. En el centro habían querido colocar una alfombra granate sobre el suelo de madera que, opinaron, le daban un toque más acogedor a aquel lugar que ahora era su hogar.
Jean volvió a soltarse el pelo, dejando que este cayera sobre sus hombros. Se miró en un pequeño espejo que habían colocado en la pared, giró sobre si misma, arrugó los labios y cogió de nuevo su lazo azul ante el agónico gemido de Mel, que dio un par de vueltas sobre la cama.
Al salir de la casa de su familia, algo que no había considerado la joven era que estaba huyendo de su casa, de su hogar, de aquel sitio donde había vivido desde siempre. Y los primeros días le costaba pensar que pudiera volver a sentir ese arraigo en cualquier otra parte, que no podría volver a considerar que ningún edificio era su hogar, que ninguna habitación podía volver a ser su refugio, aquel lugar seguro en el que refugiarse cuando todo fuese mal. Sin embargo, allí, con Mel dando vueltas sobre si misma aburrida encima de la cama, ella decidiendo si era mejor llevar el pelo suelto o recogido... Bueno, solía decirse que el hogar no era un lugar físico, sino que era donde te sintieras a gusto. Se sentía a gusto allí.
- Creo que lo voy a llevar como siempre. - terminó decidiendo mientras terminaba de hacer el lazo sobre su coleta.
Extendió las manos y la coleta quedó perfectamente quieta. Mel chispeó los ojos.
- ¿En que momento se me ha ocurrido preguntarte...? - dijo levantándose con un deje de extrema pereza.
- Coincido, ha sido culpa tuya. - le contestó la rubia sacando ligeramente la lengua y cogiendo en el aire la almohada que le llegó volando segundos después. - Venga, vámonos ya o se irán sin nosotras.
