06-04-2025, 12:58 AM
El camino de regreso al cuartel era todo menos callado. Luego de aquel personaje que me había intercambiado una historia sin sentido por unas monedas, aparecieron una serie de personajes igual o más curiosos (por no decir raros) que el primero. A tan solo unos metros adelante de aquel buen hombre parlanchín, se encontraba una figura sombría, vestida con trapos que le cubrían todo el cuerpo (el rostro incluido), el cual se encontraba hincado en posición penitente, haciendo sonar una campana para llamar la atención de los pasantes. Frente de él un cartel rezaba: “El Fin Está Cerca”, escrito en rojo carmesí.
Pasé cerca de aquella figura encapuchada sin apenas prestar atención, sin embargo él si que me había prestado atención a mi pues, tan solo pasar cerca de él, me agarró fuertemente del pantalón que llevaba impidiéndome seguir mi camino. Bajando la mirada para ver de quien se trataba, pude ver como un compatriota de la isla Gyojin era quien se encontraba hincado frente a mi. Se trataba de un Gyojin con rasgos de anguila, era imposible discernir el cuello del resto de su cuerpo pues el mismo se trataba de un solo ente alargado; su cara plana y afilada con unos ojos que sobresalían a los lados de la misma como si hubieran sido sobrepuestos de manera forzada como si de un muñeco se tratara. Mirándome con ojos que gritaban desesperación, se dirigió a mi con un tono de voz aún más desesperado, gritando: “Hermano, el fin está cerca, se acabaron los Gyojin, es el fin de nuestra especie, lo que esta apunto de ocurrir es terrible. Ella se volvió loca, y no hay vuelta atrás, busca a tu familia y escóndete en el lugar más recóndito del planeta, pues si creías que antes la caza y esclavitud de nuestra raza no tenía fin, en muy poco tiempo aumentara de forma indiscriminada. Ella se volvió loca, loca te digo, va a acabar con todo y con todos, se lo dije, se lo advertí, me llamaron loco, pero no estoy loco, los locos son ellos por escucharla y darle la razón, ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS!”
Continuo gritando sin parar, sin tener posibilidad alguna de detenerse siendo llevado como presa por completo por el pánico. Intenté detenerle, pues empezaba a hacerse daño con la campana que llevaba en la mano, pero al intentar quitársela se prendió por completo en electricidad cosa que me hizo apartar la mano y la pierna de forma brusca de donde me tenía agarrado. Negando con la cabeza pensando que había perdido la razón, lo deje hablando (gritando) solo. Era mi día libre, y no me apetecía llevar al calabozo a uno de mi raza, por muy loco que estuviera.
Lo peor de todo, es que la noche aún dio para mucho más.
Pasé cerca de aquella figura encapuchada sin apenas prestar atención, sin embargo él si que me había prestado atención a mi pues, tan solo pasar cerca de él, me agarró fuertemente del pantalón que llevaba impidiéndome seguir mi camino. Bajando la mirada para ver de quien se trataba, pude ver como un compatriota de la isla Gyojin era quien se encontraba hincado frente a mi. Se trataba de un Gyojin con rasgos de anguila, era imposible discernir el cuello del resto de su cuerpo pues el mismo se trataba de un solo ente alargado; su cara plana y afilada con unos ojos que sobresalían a los lados de la misma como si hubieran sido sobrepuestos de manera forzada como si de un muñeco se tratara. Mirándome con ojos que gritaban desesperación, se dirigió a mi con un tono de voz aún más desesperado, gritando: “Hermano, el fin está cerca, se acabaron los Gyojin, es el fin de nuestra especie, lo que esta apunto de ocurrir es terrible. Ella se volvió loca, y no hay vuelta atrás, busca a tu familia y escóndete en el lugar más recóndito del planeta, pues si creías que antes la caza y esclavitud de nuestra raza no tenía fin, en muy poco tiempo aumentara de forma indiscriminada. Ella se volvió loca, loca te digo, va a acabar con todo y con todos, se lo dije, se lo advertí, me llamaron loco, pero no estoy loco, los locos son ellos por escucharla y darle la razón, ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS! ¡LOCOS!”
Continuo gritando sin parar, sin tener posibilidad alguna de detenerse siendo llevado como presa por completo por el pánico. Intenté detenerle, pues empezaba a hacerse daño con la campana que llevaba en la mano, pero al intentar quitársela se prendió por completo en electricidad cosa que me hizo apartar la mano y la pierna de forma brusca de donde me tenía agarrado. Negando con la cabeza pensando que había perdido la razón, lo deje hablando (gritando) solo. Era mi día libre, y no me apetecía llevar al calabozo a uno de mi raza, por muy loco que estuviera.
Lo peor de todo, es que la noche aún dio para mucho más.

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