10-04-2025, 08:20 PM
[personajeinvalido=1604]
- Pero este tío tiene menos luces que un barco pirata - murmuré, maldiciendo al amigo de los malos humos que me había colgado por la cara hacía unos minutos. Seguía corriendo como alma que lleva el diablo, saltando sobre las cabezas de la gente que corría como pollos sin cabeza buscando una forma de salir.
- Ya me debería de faltar poco para llegar al astillero - pensé en voz alta al percatarme de que el barullo había aumentado considerablemente en intensidad. Para variar, volvía a tener razón. No tardé mucho en llegar al manglar número cero. Haciendo gala de mis maravillosas dotes para escabullirme, logré pasar entre la muchedumbre y alcanzar los muelles. Me sorprendió ver allí a un grupo de unos diez carpinteros, los cuales parecían estar pertrechados para llevar a cabo su trabajo. Llevé mi mano rápidamente a la empuñadura de mi querido whistle. No se muy bien si fueron las palabras de aquel carpintero, el símbolo que todos portaban en la gorra o las ganas que tenía de salir de aquel lugar, pero aquel carpintero se libró de un tiro entre ceja y ceja. Bueno, por eso y porque no soy yo un tipo de gatillo fácil.
En lugar de una bala, lo que voló en su dirección fueron dos bolsas repletas de dinero, la mía y la que le había birlado a aquel marine león, las cuales cayeron limpiamente en la caja señalada
Sin perder un instante, salté al barco. Caí sobre la barandilla, girándome para ver si alguno de los demás habían llegado. No me preocupaban en exceso, a excepción del feo hombre que había hecho el arma que colgaba de mi cintura, que me esperaba que estuviera por ahí llamando la atención. Bueno, a decir verdad no era él quien más me preocupaba, pues sabía de alguien que se entretendría peleándose con cualquiera que le mirara medianamente mal, o con cualquiera que no pareciera un enfermo terminal también. Esperaba con toda mi alma que aquel gigante cornudo hubiera entendido mi mensaje y estuviera viniendo hacia el barco, porque hasta que él no llegara no iba a poder salir de aquella isla o me arriesgaba a no poder dormir tranquilamente nunca más por miedo a que un machete ponzoñoso me macheteara mientras dormía.
- ¡Menos mal que no te has quedado por ahí haciendo a saber qué! - le dije al tipo del machete, el cual se veía bastante desmejorado - Ya pensaba yo que después de colgarme así sin más te ibas a ir de cabeza donde los marines - Vi también al enmascarado de las alas, el cual cargaba al otro alado mientras la rana con katana le agarraba de la mano - Vamos, dejad lo que falte y preparad todo, que tenemos que salir cuanto antes, que no quiero pillar cola
Leyenda (Guía de color)
- Pero este tío tiene menos luces que un barco pirata - murmuré, maldiciendo al amigo de los malos humos que me había colgado por la cara hacía unos minutos. Seguía corriendo como alma que lleva el diablo, saltando sobre las cabezas de la gente que corría como pollos sin cabeza buscando una forma de salir.
- Ya me debería de faltar poco para llegar al astillero - pensé en voz alta al percatarme de que el barullo había aumentado considerablemente en intensidad. Para variar, volvía a tener razón. No tardé mucho en llegar al manglar número cero. Haciendo gala de mis maravillosas dotes para escabullirme, logré pasar entre la muchedumbre y alcanzar los muelles. Me sorprendió ver allí a un grupo de unos diez carpinteros, los cuales parecían estar pertrechados para llevar a cabo su trabajo. Llevé mi mano rápidamente a la empuñadura de mi querido whistle. No se muy bien si fueron las palabras de aquel carpintero, el símbolo que todos portaban en la gorra o las ganas que tenía de salir de aquel lugar, pero aquel carpintero se libró de un tiro entre ceja y ceja. Bueno, por eso y porque no soy yo un tipo de gatillo fácil.
En lugar de una bala, lo que voló en su dirección fueron dos bolsas repletas de dinero, la mía y la que le había birlado a aquel marine león, las cuales cayeron limpiamente en la caja señalada
Sin perder un instante, salté al barco. Caí sobre la barandilla, girándome para ver si alguno de los demás habían llegado. No me preocupaban en exceso, a excepción del feo hombre que había hecho el arma que colgaba de mi cintura, que me esperaba que estuviera por ahí llamando la atención. Bueno, a decir verdad no era él quien más me preocupaba, pues sabía de alguien que se entretendría peleándose con cualquiera que le mirara medianamente mal, o con cualquiera que no pareciera un enfermo terminal también. Esperaba con toda mi alma que aquel gigante cornudo hubiera entendido mi mensaje y estuviera viniendo hacia el barco, porque hasta que él no llegara no iba a poder salir de aquella isla o me arriesgaba a no poder dormir tranquilamente nunca más por miedo a que un machete ponzoñoso me macheteara mientras dormía.
- ¡Menos mal que no te has quedado por ahí haciendo a saber qué! - le dije al tipo del machete, el cual se veía bastante desmejorado - Ya pensaba yo que después de colgarme así sin más te ibas a ir de cabeza donde los marines - Vi también al enmascarado de las alas, el cual cargaba al otro alado mientras la rana con katana le agarraba de la mano - Vamos, dejad lo que falte y preparad todo, que tenemos que salir cuanto antes, que no quiero pillar cola
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