11-04-2025, 02:02 PM
[personajeinvalido=1593]
El viento que me golpeaba mientras sobrevolaba aquella tormentosa isla era un recuerdo vivo que hacía escocer aún más mis heridas. La sangre se fundía con el humo que me propulsaba por el cielo y la ira se mezclaba con su poder característico con la decepción de haberme visto superado. Mejor dicho, derrotado.
La isla era un completo caos, observé a los humanos como hormigas que seguían caóticos patrones bajo mi vuelo. Movimientos erráticos y celeridad, el miedo se sentía en el ambiente. Llegué a mi destino, el astillero se expandía ante mi visión dado que me acercaba a él con la máxima velocidad que me permitía mi vuelo llegué.
- ¡VAMOS COÑO! -
El niebla de guerra parecía seguir intacto. Sus velas moradas moradas marcaban el final de mi frenética travesía. Avancé propulsándome con más fuerza y me estrellé contra su suelo blanco marfil, el humo que me formaba se deformo por un momento y emergí de la gaseosa explosión mientras miraba para todos los lados. Un grupo de personas me estaba esperando cerca del niebla de guerra.
- ¿QUIÉN COÑO ES PACO? - Grité mientras me volteaba en busca de aquel hombre que me había citado en mi propio barco. Si iban a atacar el Niebla de Guerra primero tendrían que pasar sobre mi humeante cadáver - Voy a arrancarle la columna verte... - La frase se apagó mientras escuchaba lo que tenían que decirme - ¿Recubrimiento por cinco millones? ¿Vais a pintar mi - La frase fue cortada por Korg, el cual, lanzó rápidamente dos bolsas llenas de berries, el hijo de puta estaba moreno de cojones. ¿Se había ido a tomar el sol cuando nos separamos? No me hubiera extrañado lo más mínimo conociéndole y sabiendo mejor que nadie las dotes que tenía para escurrir el bulto sin que nadie se enterare. Lo que estaba claro era que si el navegante quería que nos recubrieran el barco tendríamos que recubrirlo y si Korg quería movernos no me quedaba otra que hacerle caso, aun que mi corazón pedía a gritos que me recuperase, nos quedáramos y saliera de nuevo en busca del almirante.
Rapax, Quetzalli, Gaeru y Artur no tardaron en aparecer. Todos estaban destruidos y Artur inconsciente.
- ¿Quién coños os a hecho eso? - Les grité con fuerza, escupiendo sangre - ¿Artur ha muerto? ¿Estáis bien? - Mi pecho se aceleró ¿Me estaba preocupando por ellos? No. Quería saber que cojones había pasado para que dejaran pisotear el nombre de la tripulación como si fuera una colilla a punto de morir - Me vais a contar todo - Pronuncié con una voz queda mientras sangraba con cada palabra. Todo mi tronco estaba empapado por mi propia sangre - Nadie derrota a un Mushoku - Acabé de pronunciar mientras mis ojos se ensombrecían y seguían generando pequeños arroyos carmesí que desembocaban en mi barbilla haciendo que esta goteara mi sangre de manera arrítmica.
Mientras pronuncié aquella leve consecuencia de oraciones Queztalli juntó otra bolsa de dinero, avancé hasta donde se amontonaban nuestra riquezas y salté del barco hacía los hombres que nos habían echo la oferta. Aunque todo era un caos era hora de hacer mi trabajo, quisiera o no.
- ¿5 millones? - Le dije a los trabajadores que esperaban una respuesta. Algunos estaban nerviosos, otros no me sostenían la mirada. Quizá mi interacciones anteriores con los demás tenían algo que ver. Conté rápidamente el dinero que había en las bolsas, casi todo era fajos de billetes atados con gomas, no me llevó mucho tiempo - Solo tengo 3 millones y medio - Las caras de los operarios fueron un poema - Pero que os parece, si hacemos los siguiente, os pago 3 millones y medio y mato a la mitad de vosotros - La sangre seguía goteando sin parar desde mi barbilla y yo les apuntaba con la espada - O quizá, queráis que os haga una rebaja y os pago solo 3 millones y medio y dejo que todos vosotros veías mañana un nuevo amanecer - Todos asintieron al unísono, mientras sus rostros palidecían, algunos incluso respiraron aliviados. Agarré las bolsas con el dinero y se las lancé - Y ahora, a trabajar, no quiero cosas raras, os voy a estar vigilando - Dije desde la embarcación clavando la mirada en los trabajadores y observé como se ponían a trabajar, algunos agarraban las cosas con manos temblorosas, otros, no volvieron a cruzar sus mirada conmigo.
El viento que me golpeaba mientras sobrevolaba aquella tormentosa isla era un recuerdo vivo que hacía escocer aún más mis heridas. La sangre se fundía con el humo que me propulsaba por el cielo y la ira se mezclaba con su poder característico con la decepción de haberme visto superado. Mejor dicho, derrotado.
La isla era un completo caos, observé a los humanos como hormigas que seguían caóticos patrones bajo mi vuelo. Movimientos erráticos y celeridad, el miedo se sentía en el ambiente. Llegué a mi destino, el astillero se expandía ante mi visión dado que me acercaba a él con la máxima velocidad que me permitía mi vuelo llegué.
- ¡VAMOS COÑO! -
El niebla de guerra parecía seguir intacto. Sus velas moradas moradas marcaban el final de mi frenética travesía. Avancé propulsándome con más fuerza y me estrellé contra su suelo blanco marfil, el humo que me formaba se deformo por un momento y emergí de la gaseosa explosión mientras miraba para todos los lados. Un grupo de personas me estaba esperando cerca del niebla de guerra.
- ¿QUIÉN COÑO ES PACO? - Grité mientras me volteaba en busca de aquel hombre que me había citado en mi propio barco. Si iban a atacar el Niebla de Guerra primero tendrían que pasar sobre mi humeante cadáver - Voy a arrancarle la columna verte... - La frase se apagó mientras escuchaba lo que tenían que decirme - ¿Recubrimiento por cinco millones? ¿Vais a pintar mi - La frase fue cortada por Korg, el cual, lanzó rápidamente dos bolsas llenas de berries, el hijo de puta estaba moreno de cojones. ¿Se había ido a tomar el sol cuando nos separamos? No me hubiera extrañado lo más mínimo conociéndole y sabiendo mejor que nadie las dotes que tenía para escurrir el bulto sin que nadie se enterare. Lo que estaba claro era que si el navegante quería que nos recubrieran el barco tendríamos que recubrirlo y si Korg quería movernos no me quedaba otra que hacerle caso, aun que mi corazón pedía a gritos que me recuperase, nos quedáramos y saliera de nuevo en busca del almirante.
Rapax, Quetzalli, Gaeru y Artur no tardaron en aparecer. Todos estaban destruidos y Artur inconsciente.
- ¿Quién coños os a hecho eso? - Les grité con fuerza, escupiendo sangre - ¿Artur ha muerto? ¿Estáis bien? - Mi pecho se aceleró ¿Me estaba preocupando por ellos? No. Quería saber que cojones había pasado para que dejaran pisotear el nombre de la tripulación como si fuera una colilla a punto de morir - Me vais a contar todo - Pronuncié con una voz queda mientras sangraba con cada palabra. Todo mi tronco estaba empapado por mi propia sangre - Nadie derrota a un Mushoku - Acabé de pronunciar mientras mis ojos se ensombrecían y seguían generando pequeños arroyos carmesí que desembocaban en mi barbilla haciendo que esta goteara mi sangre de manera arrítmica.
Mientras pronuncié aquella leve consecuencia de oraciones Queztalli juntó otra bolsa de dinero, avancé hasta donde se amontonaban nuestra riquezas y salté del barco hacía los hombres que nos habían echo la oferta. Aunque todo era un caos era hora de hacer mi trabajo, quisiera o no.
- ¿5 millones? - Le dije a los trabajadores que esperaban una respuesta. Algunos estaban nerviosos, otros no me sostenían la mirada. Quizá mi interacciones anteriores con los demás tenían algo que ver. Conté rápidamente el dinero que había en las bolsas, casi todo era fajos de billetes atados con gomas, no me llevó mucho tiempo - Solo tengo 3 millones y medio - Las caras de los operarios fueron un poema - Pero que os parece, si hacemos los siguiente, os pago 3 millones y medio y mato a la mitad de vosotros - La sangre seguía goteando sin parar desde mi barbilla y yo les apuntaba con la espada - O quizá, queráis que os haga una rebaja y os pago solo 3 millones y medio y dejo que todos vosotros veías mañana un nuevo amanecer - Todos asintieron al unísono, mientras sus rostros palidecían, algunos incluso respiraron aliviados. Agarré las bolsas con el dinero y se las lancé - Y ahora, a trabajar, no quiero cosas raras, os voy a estar vigilando - Dije desde la embarcación clavando la mirada en los trabajadores y observé como se ponían a trabajar, algunos agarraban las cosas con manos temblorosas, otros, no volvieron a cruzar sus mirada conmigo.
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