12-04-2025, 05:22 PM
[personajeinvalido=1606]
Deje el manglar 44 en cuestión de segundos sin dirigir una sola palabra mas al grupo de piratas que con mucho esfuerzo – aunque no fuera notorio en mis limitadas heridas – había logrado derrotar hace poco. La dirección era bastante clara, la enorme nube de humo en forma de hongo seguía alzándose en la lejanía, además, había un par más de indicadores de que me dirigía en la dirección correcta. El primero era la gente, los civiles y comerciantes del archipiélago Sabaody que se escondían en el primer edificio o agujero que encontraban mientras que los demás (posiblemente los mas inteligentes de ellos) se alejaban lo mas posible del epicentro de aquella explosión de la cual emanaba el humo champiñón, por lo que iban en sentido contrario al que yo iba. El segundo indicio eran los múltiples marines, quienes al igual que yo habían recibido la orden del Almirante Yugu Dimípalo de dirigirse al manglar donde se había ocasionado aquella explosión.
Al pasar entre manglares rumbo al manglar que era mi destino, la horda de civiles que corría despavorida en sentido contrario contrastaba como el día y la noche con el grueso de marines que corríamos con decisión a enfrentar nuestro destino, fuera cual fuese. La dicotomía de emociones era palpable gracias al Haki de Observación, por un lado, los que huían llenos de temor y dudas, por el otro, los marines llenos de determinación, aunque también varios temerosos de lo que encontraríamos al llegar al manglar 33.
“Aprieten el paso compañeros, el Almirante Yugu Dimípalo nos espera, él se encargará de la situación, pero debemos apoyarle.” – alce la voz sobre los miles de pasos marchantes. Las palabras habían dado el resultado esperado, aquellos marines quienes sentían algo de miedo ante la incertidumbre de la situación se vieron calmados tras la mención del Almirante Gukuro y de cómo él se haría cargo de todo. Si bien yo también esperaba que esto fuera así, sabía que no sería tan fácil como sonaba. No obstante, no estábamos solos, no era solo el Almirante quien nos esperaba si no también el Vicealmirante Joe Joestar, la Comodoro Karlglass, el Comodoro Ryze Tengen, el Comandante Apolo Bahia y el Sargento James Brando, los demás miembros de la división 17 junto conmigo. Con la imagen de mis compañeros de división renovando mis fuerzas acelere el paso rumbo al manglar 33.
La caótica situación en el archipiélago Sabaody empeoraba con cada minuto que pasaba. Aquellos quienes tenían la posibilidad se empezaban a hacer a la mar ya fuera usando su propia embarcación, robando la de alguien más, o simplemente aventándose al mar (esto ultimo lo vi de un par de Gyojines quienes claramente no estaban preparados para enfrentar a nadie en combate). Las secuelas que dejarían los sucesos de este día serán enormes y resonaran por todo el mundo extendiéndose tan rápido como la pólvora, la marina necesitara de toda la ayuda posible pues seguro mañana a primera hora tendremos una fila de gente fuera del cuartel reclamando todo tipo de daños y perjuicios, desde los que perdieron sus casas, a los que les robaron sus embarcaciones, los que sufrieron heridas por lo ocurrido con el Patriota (asumiendo que solo uno estuviera descompuesto), y ni hablar de todos los familiares de aquellos que habían fallecido a manos del Patriota. Sumado a todo esto, la situación actual solo empeoraba la serie de eventos desafortunados que ocurrían en el archipiélago Sabaody. Por supuesto que habrá reclamos, y los habrá quienes quieran aprovechar la situación para sacar algo a su favor incluso sin haber sufrido nada – claramente, asumiendo que sobrevivamos a este día.
Pero bueno, primero hay que sobrevivir a este día para preocuparse por lo que vendrá en el siguiente. A medida que avanzaba la nube de humo en forma de hongo se empezaba a disipar, pero dado que ya me encontraba muy cerca de ella no le necesitaba más para orientarme correctamente hacia mi destino, unos cuantos cientos de metros más en línea recta y llegaría al epicentro de la supuesta explosión. A lo lejos, podía observar los primeros estragos que había causado dicha detonación en los manglares adjuntos, el fuego se empezaba a extender sin haber nadie que intentara frenarlo o controlarlo mientras que la zona había sido completamente abandonada por civiles y comerciantes.
Al entrar en el manglar 33, claramente marcado con un número 33 gigante en uno de aquellos arboles inmensos como el resto de los demás manglares del archipiélago, lo primero que llamo mi atención fue la presencia de dos individuos desconocidos que pude sentir con el Haki de Observación. Ambos eran claramente fuertes, incluso mas que el Vicealmirante Joe pero menos que el Almirante Gukuro. A su lado, justamente se encontraba el Vicealmirante Joe Joestar quien entablaba conversación con aquellos desconocidos la cual no pude escuchar a la distancia que aún me encontraba. Frente a ellos, a 10 metros de distancia, se encontraba el mayor despliegue de acero y poder del que había sido presente en mi vida. Diez nuevos Patriotas – o al menos lo parecían, pues se encontraban en perfecto estado – formaban una fila perfecta y permanecían firmes esperando órdenes.
Acercándome con precaución pues no entendía del todo esta situación, reduciendo la velocidad conforme cerraba la brecha entre nosotros, me detuve a 10 metros de distancia del Vicealmirante Joe y aquellos dos desconocidos (y por ende a 20 metros de distancia de los Patriotas) y tomando posición firme realicé el saludo oficial de la marina y me dirigí al Vicealmirante – “Contramaestre Fuguwu reportándose, señor.” – la tensión era palpable en el ambiente, aunque no sentía ninguna hostilidad de parte de ninguno de los presentes. Siguiendo con la mirada el mismo punto que al que los presentes prestaban atención, mientras me mantenía firme en mi posición esperando las instrucciones del Vicealmirante Joe, pude ver a lo lejos como un inmenso barco se empezaba a acercar.
Recordando entonces las instrucciones del Almirante Yugu me di cuenta de que de verdad nos enfrentaríamos a uno de los seres mas poderosos de estos mares, un Yonko se acercaba a ritmo de tambores de guerra. Una frase de uno de mis libros favoritos resonó en mi interior como si estuviera viviendo la misma situación que aquellos desafortunados enanos en las minas de Moria: “Tambores… Tambores en lo profundo. No podemos salir. Una sombra se mueve en la oscuridad. No podemos salir. Ya vienen..."
Deje el manglar 44 en cuestión de segundos sin dirigir una sola palabra mas al grupo de piratas que con mucho esfuerzo – aunque no fuera notorio en mis limitadas heridas – había logrado derrotar hace poco. La dirección era bastante clara, la enorme nube de humo en forma de hongo seguía alzándose en la lejanía, además, había un par más de indicadores de que me dirigía en la dirección correcta. El primero era la gente, los civiles y comerciantes del archipiélago Sabaody que se escondían en el primer edificio o agujero que encontraban mientras que los demás (posiblemente los mas inteligentes de ellos) se alejaban lo mas posible del epicentro de aquella explosión de la cual emanaba el humo champiñón, por lo que iban en sentido contrario al que yo iba. El segundo indicio eran los múltiples marines, quienes al igual que yo habían recibido la orden del Almirante Yugu Dimípalo de dirigirse al manglar donde se había ocasionado aquella explosión.
Al pasar entre manglares rumbo al manglar que era mi destino, la horda de civiles que corría despavorida en sentido contrario contrastaba como el día y la noche con el grueso de marines que corríamos con decisión a enfrentar nuestro destino, fuera cual fuese. La dicotomía de emociones era palpable gracias al Haki de Observación, por un lado, los que huían llenos de temor y dudas, por el otro, los marines llenos de determinación, aunque también varios temerosos de lo que encontraríamos al llegar al manglar 33.
“Aprieten el paso compañeros, el Almirante Yugu Dimípalo nos espera, él se encargará de la situación, pero debemos apoyarle.” – alce la voz sobre los miles de pasos marchantes. Las palabras habían dado el resultado esperado, aquellos marines quienes sentían algo de miedo ante la incertidumbre de la situación se vieron calmados tras la mención del Almirante Gukuro y de cómo él se haría cargo de todo. Si bien yo también esperaba que esto fuera así, sabía que no sería tan fácil como sonaba. No obstante, no estábamos solos, no era solo el Almirante quien nos esperaba si no también el Vicealmirante Joe Joestar, la Comodoro Karlglass, el Comodoro Ryze Tengen, el Comandante Apolo Bahia y el Sargento James Brando, los demás miembros de la división 17 junto conmigo. Con la imagen de mis compañeros de división renovando mis fuerzas acelere el paso rumbo al manglar 33.
La caótica situación en el archipiélago Sabaody empeoraba con cada minuto que pasaba. Aquellos quienes tenían la posibilidad se empezaban a hacer a la mar ya fuera usando su propia embarcación, robando la de alguien más, o simplemente aventándose al mar (esto ultimo lo vi de un par de Gyojines quienes claramente no estaban preparados para enfrentar a nadie en combate). Las secuelas que dejarían los sucesos de este día serán enormes y resonaran por todo el mundo extendiéndose tan rápido como la pólvora, la marina necesitara de toda la ayuda posible pues seguro mañana a primera hora tendremos una fila de gente fuera del cuartel reclamando todo tipo de daños y perjuicios, desde los que perdieron sus casas, a los que les robaron sus embarcaciones, los que sufrieron heridas por lo ocurrido con el Patriota (asumiendo que solo uno estuviera descompuesto), y ni hablar de todos los familiares de aquellos que habían fallecido a manos del Patriota. Sumado a todo esto, la situación actual solo empeoraba la serie de eventos desafortunados que ocurrían en el archipiélago Sabaody. Por supuesto que habrá reclamos, y los habrá quienes quieran aprovechar la situación para sacar algo a su favor incluso sin haber sufrido nada – claramente, asumiendo que sobrevivamos a este día.
Pero bueno, primero hay que sobrevivir a este día para preocuparse por lo que vendrá en el siguiente. A medida que avanzaba la nube de humo en forma de hongo se empezaba a disipar, pero dado que ya me encontraba muy cerca de ella no le necesitaba más para orientarme correctamente hacia mi destino, unos cuantos cientos de metros más en línea recta y llegaría al epicentro de la supuesta explosión. A lo lejos, podía observar los primeros estragos que había causado dicha detonación en los manglares adjuntos, el fuego se empezaba a extender sin haber nadie que intentara frenarlo o controlarlo mientras que la zona había sido completamente abandonada por civiles y comerciantes.
Al entrar en el manglar 33, claramente marcado con un número 33 gigante en uno de aquellos arboles inmensos como el resto de los demás manglares del archipiélago, lo primero que llamo mi atención fue la presencia de dos individuos desconocidos que pude sentir con el Haki de Observación. Ambos eran claramente fuertes, incluso mas que el Vicealmirante Joe pero menos que el Almirante Gukuro. A su lado, justamente se encontraba el Vicealmirante Joe Joestar quien entablaba conversación con aquellos desconocidos la cual no pude escuchar a la distancia que aún me encontraba. Frente a ellos, a 10 metros de distancia, se encontraba el mayor despliegue de acero y poder del que había sido presente en mi vida. Diez nuevos Patriotas – o al menos lo parecían, pues se encontraban en perfecto estado – formaban una fila perfecta y permanecían firmes esperando órdenes.
Acercándome con precaución pues no entendía del todo esta situación, reduciendo la velocidad conforme cerraba la brecha entre nosotros, me detuve a 10 metros de distancia del Vicealmirante Joe y aquellos dos desconocidos (y por ende a 20 metros de distancia de los Patriotas) y tomando posición firme realicé el saludo oficial de la marina y me dirigí al Vicealmirante – “Contramaestre Fuguwu reportándose, señor.” – la tensión era palpable en el ambiente, aunque no sentía ninguna hostilidad de parte de ninguno de los presentes. Siguiendo con la mirada el mismo punto que al que los presentes prestaban atención, mientras me mantenía firme en mi posición esperando las instrucciones del Vicealmirante Joe, pude ver a lo lejos como un inmenso barco se empezaba a acercar.
Recordando entonces las instrucciones del Almirante Yugu me di cuenta de que de verdad nos enfrentaríamos a uno de los seres mas poderosos de estos mares, un Yonko se acercaba a ritmo de tambores de guerra. Una frase de uno de mis libros favoritos resonó en mi interior como si estuviera viviendo la misma situación que aquellos desafortunados enanos en las minas de Moria: “Tambores… Tambores en lo profundo. No podemos salir. Una sombra se mueve en la oscuridad. No podemos salir. Ya vienen..."
Resumen
Haki
Gasto
inventario

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