22-04-2025, 11:39 PM
(Última modificación: 22-04-2025, 11:41 PM por Yugu Dimípalo.)
[personajeinvalido=1593]
Un vendaval se desató anunciando mi llegada. Aparecí tras la espalda de los Patriotas, que esperaban en fila y observé a todos los que habían llegado antes que yo. Por fortuna, mi escolta, el señor Joe Joestar estaba presente, y parecía acompañado de tres marines mas. La señorita Karlglass Firebirth, el señor Fuguwu y el señor Apolo Bahía. Eran menos de lo esperado, y no parecía detectar ni al mink león ni a la tontatta de cabello púrpura. Fruncí el ceño ligeramente mientras me incorporaba y me tosía un par de veces, sacándome polvo del uniforme.
— Disculpad la tardanza — espeté de forma directa, mirando hacia Joe Joestar — Estamos ante un problema mayor, Vicealmirante. Vamos a necesitar todas las manos posibles ¿dónde está el resto de su escuadrón? — pregunté mirando en derredor, pasando mi vista hacia Apolo, Fuguwu y finalmente Karlglass. Al instante recordé los informes y el tipo de fruta que ella poseía — Comodoro — dije dando un paso hacia ella — ¿Le importaría cerrar mis heridas después, por favor? — pedí amablemente haciendo un barrido con la mano de arriba a abajo señalando todas las heridas que llevaba conmigo fruto de la lucha contra aquella tríada de diablos, y sin esperar una respuesta miré hacia el gyojin, quien sabía que era el que tenía un rango más bajo de todos aquellos presentes — Usted póngase al Den Den Mushi, por favor. Llame a todas las fuerzas de la isla. Diga que el Almirante Gukuro los convoca a todos de inmediato en el Manglar Treinta y tres — y volví a repasar con la mirada a los cuatro marines — Lo que se nos viene encima no va a ser fácil de gestionar. Vamos a necesitar hasta la última mano disponible en lo que llegan los refuerzos... y por suerte aun tenemos unos minutos para organizarnos — dije, pasando mi mirada entonces hacia el trío desconocido.
No eran figuras emblemáticas pero eran novatos que se habían hecho un buen nombre. Ese casco era tal y como los rumores contaban, y su aspecto lo hacía inconfundible de cara a las noticias del periódico. Además, el hecho de estar acompañado de un hombre albino... o casi albino, dejaban pocas dudas. Eran el señor Sohem y el señor Viktor Evans, de Magna. El gremio de cazadores. El joven que los acompañaba me era totalmente desconocido. Lo preocupante era que el líder de este trío parecía estarse preparando ya para pasar a la ofensiva, y no estaba del todo seguro de si sabía que la persona más poderosa del barco que se acercaba sería capaz de matarlos a los tres con una sola mano — Soy el Almirante Yugu Dimípalo, conocido como Gukuro, el búho gris — dije mirando en su dirección caminando un par de pasos hacia ellos — Entiendo que ustedes son nuestros refuerzos por ahora, les estoy muy agradecido por acudir a este lugar — miré al albino — Señor Evans — y pasé a su jefe — Señor... Sohem. Disculpe, no conozco su apellido — dije, propiciando que me lo diera — Y tampoco lo conozco a usted, joven — finalicé con la presentaciones — Ese barco que viene hacia nosotros es "El Bravo" en navío insígnia de Odki "Akahige" Murray, el Yonko. Y tenemos que impedir que desembarque en este archipiélago o arrasará con todos los seres vivos que aquí se encuentran, apoderándose de este paso hacia el Nuevo Mundo — hice una pausa para que lo comprendieran — No vamos a ser capaces de matarlo. Pero podremos retenerlo el tiempo suficiente. Si ustedes colaboran con nosotros y sobrevivimos, podrán poner el precio que quieran por sus servicios — sentencié firmemente, y pasé a girarme y dirigirme hacia el frente de los Patriotas, observando el barco aun fuera de alcance de la mayoría de los presentes. Sólo tendríamos unos cuanto minutos más... apenas un puñado de ellos. Y las vidas de todos los que estaban detrás de mi dependían únicamente de que yo no cayera, pero sabía lo que tenía que hacer llegado el caso de ser mi final: Todos ellos saldrían de aquí con vida. Aunque esperaba no tener que llegar a eso, me concentraba en intentar recuperar las fuerzas y la compostura para poder retener a aquel monstruo malnacido el tiempo suficiente para que Tucrow o Whitend llegasen en nuestro auxilio. Sólo esperaba que fuera Tucrow. Era más rápido.
Un vendaval se desató anunciando mi llegada. Aparecí tras la espalda de los Patriotas, que esperaban en fila y observé a todos los que habían llegado antes que yo. Por fortuna, mi escolta, el señor Joe Joestar estaba presente, y parecía acompañado de tres marines mas. La señorita Karlglass Firebirth, el señor Fuguwu y el señor Apolo Bahía. Eran menos de lo esperado, y no parecía detectar ni al mink león ni a la tontatta de cabello púrpura. Fruncí el ceño ligeramente mientras me incorporaba y me tosía un par de veces, sacándome polvo del uniforme.
— Disculpad la tardanza — espeté de forma directa, mirando hacia Joe Joestar — Estamos ante un problema mayor, Vicealmirante. Vamos a necesitar todas las manos posibles ¿dónde está el resto de su escuadrón? — pregunté mirando en derredor, pasando mi vista hacia Apolo, Fuguwu y finalmente Karlglass. Al instante recordé los informes y el tipo de fruta que ella poseía — Comodoro — dije dando un paso hacia ella — ¿Le importaría cerrar mis heridas después, por favor? — pedí amablemente haciendo un barrido con la mano de arriba a abajo señalando todas las heridas que llevaba conmigo fruto de la lucha contra aquella tríada de diablos, y sin esperar una respuesta miré hacia el gyojin, quien sabía que era el que tenía un rango más bajo de todos aquellos presentes — Usted póngase al Den Den Mushi, por favor. Llame a todas las fuerzas de la isla. Diga que el Almirante Gukuro los convoca a todos de inmediato en el Manglar Treinta y tres — y volví a repasar con la mirada a los cuatro marines — Lo que se nos viene encima no va a ser fácil de gestionar. Vamos a necesitar hasta la última mano disponible en lo que llegan los refuerzos... y por suerte aun tenemos unos minutos para organizarnos — dije, pasando mi mirada entonces hacia el trío desconocido.
No eran figuras emblemáticas pero eran novatos que se habían hecho un buen nombre. Ese casco era tal y como los rumores contaban, y su aspecto lo hacía inconfundible de cara a las noticias del periódico. Además, el hecho de estar acompañado de un hombre albino... o casi albino, dejaban pocas dudas. Eran el señor Sohem y el señor Viktor Evans, de Magna. El gremio de cazadores. El joven que los acompañaba me era totalmente desconocido. Lo preocupante era que el líder de este trío parecía estarse preparando ya para pasar a la ofensiva, y no estaba del todo seguro de si sabía que la persona más poderosa del barco que se acercaba sería capaz de matarlos a los tres con una sola mano — Soy el Almirante Yugu Dimípalo, conocido como Gukuro, el búho gris — dije mirando en su dirección caminando un par de pasos hacia ellos — Entiendo que ustedes son nuestros refuerzos por ahora, les estoy muy agradecido por acudir a este lugar — miré al albino — Señor Evans — y pasé a su jefe — Señor... Sohem. Disculpe, no conozco su apellido — dije, propiciando que me lo diera — Y tampoco lo conozco a usted, joven — finalicé con la presentaciones — Ese barco que viene hacia nosotros es "El Bravo" en navío insígnia de Odki "Akahige" Murray, el Yonko. Y tenemos que impedir que desembarque en este archipiélago o arrasará con todos los seres vivos que aquí se encuentran, apoderándose de este paso hacia el Nuevo Mundo — hice una pausa para que lo comprendieran — No vamos a ser capaces de matarlo. Pero podremos retenerlo el tiempo suficiente. Si ustedes colaboran con nosotros y sobrevivimos, podrán poner el precio que quieran por sus servicios — sentencié firmemente, y pasé a girarme y dirigirme hacia el frente de los Patriotas, observando el barco aun fuera de alcance de la mayoría de los presentes. Sólo tendríamos unos cuanto minutos más... apenas un puñado de ellos. Y las vidas de todos los que estaban detrás de mi dependían únicamente de que yo no cayera, pero sabía lo que tenía que hacer llegado el caso de ser mi final: Todos ellos saldrían de aquí con vida. Aunque esperaba no tener que llegar a eso, me concentraba en intentar recuperar las fuerzas y la compostura para poder retener a aquel monstruo malnacido el tiempo suficiente para que Tucrow o Whitend llegasen en nuestro auxilio. Sólo esperaba que fuera Tucrow. Era más rápido.
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