[EVENTO FASE 2] El mismo infierno (V) - Parad al Yonko
#20
Tarareaba una canción dando alegres toquecitos en mi vientre mientras esperaba. Sólo era cuestión de tiempo que "El Bravo" llegase hasta la costa. Me preguntaba si se despertaría primero Han o Gan, o llegaríamos antes de que volvieran en si... Putos borrachos. Había que empezar a limitar las fiestas en cubierta.... ¡o mejor no! ¡Ser pirata sin fiesta no es divertido! ¡Y la vida sin diversión no era vida!. ¡¡Putos borrachos!! ¡Los amaba!.
Sabía que Erick habría entendido bien mi mensaje, directo o entre líneas y haría un buen trabajo, más y mejor incluso de ahora en adelante, pero realmente la paciencia no era mi fuerte, por más que apenas fueran unos minutos. ¡Estaba deseando llegar cuánto antes a aquel jardín gigante! Controlar el paso al Nuevo Mundo, hacerme con el nuevo arma de la Marina y aprovechar para liberar a todos aquellos desdichados capturados por esos perros del Gobierno para engrosar las filas de mi ejército ¡era un tres por uno sensacional! ¡Qué ofertón!.
Pero por desgracia mi gozo cayó en un pozo al sentir de pronto un huracanado viento impactar contra el casco y las velas del navío, viendo como los más enclenques y pequeñitos de todos los presentes salían volando perplejos, como hojas movidas por la brisa, acompañados de algunos barriles, cañones, cuerdas y otros útiles.

Activé de inmediato mi Haki de Observación, con mi capacidad de sentir más de un kilómetro, y rápidamente pude identificar a todos los presentes. Obviamente por el potencial de aquel ataque y la habilidad concreta, el haki más fuerte de todos ellos era de Dimípalo, el criajo con ínfulas de la Marina. Un aura de color blanco puro, completamente en calma y perfectamente circular. Estirada y remilgada hasta para él. Próximos a él estaban dos personas que destacaban por encima de las demás. Una de ellas tenía un aura rosa, agitada y enturbiada expandida de forma humeante, y el otro un aura azul frío, casi blanco brillante, de la misma forma humeante. Torcí los labios y arqueé una ceja. Parecían prometer y estar mucho más enteros que Dimípalo, pero seguían sin ser un peligro ni tan siquiera para mis hombres.
Después, la siguiente aura más importante era de un color verde esmeralda intensa, y parecía crepitar como las llamas de una hoguera. Seguidamente, una de color azul cielo, sorprendentemente en calma - aunque no tanto como Gukuro - y con ligereza, pareciendo ser de un corazón amable. La siguiente más notable era de un color turquesa blanquecino, también en relativa calma pero no tanto como la anterior, oscilando recordando a las olas del mar. La siguiente era de un color amarillo vibrante, muy enérgica y ruidosa pese a lo pequeña que era en comparación a las demás. Y la última de todas ellas era de un color rojo púrpura, chispeante y electrizante, inquieta y... para que negarlo, minúscula.
Sonreí al terminar de sentir a aquellos pobres diablos, y las otras diez auras idénticas, frías y secas, recordando al metal... Casi como si una maquina hubiera cobrado vida. Eran más poderosas que todos a excepción de el aura blanca, la rosa, la azul blanquecina, y la verde esmeralda.

— ¡¡¡BUUUUU KIKIKIKI!!! — reí golpeándome la panza con los cabellos de mi barba y bigotes danzando sin control, resistiendo los restos remanentes del viento que impactaba contra las velas sin problemas — ¡Menuda pobre bienvenida nos han da... — empecé a decir, y de pronto, un estallido rojo como la erupción de un volcán bañó aquella corriente de viento e inundó todo de fuego en un fogonazo resplandeciente y ardiente, siendo casi instantáneo — ¡¿¡MAMÁÁÁÁ!?! — grité llevándome las manos a la cabeza creyendo que mi madre llegaba a cubierta, y con los ojos casi saliéndose de las órbitas, dirigiendo mi vista hacia la costa y sintiendo junto al Almirante el aura rosa, la misma energía que en aquel fuego — ¡Que coño! ¡Que se quema el barco! ¡¡Que se quemaaa!! — grité mirando a ambos lados y agarrando a uno de mis tripulantes que corría a saber a donde, un tipo flacucho con barba de chivo — ¡¡NO ES MI MADRE!! — grité agitándolo, desmayándolo por la fuerza del movimiento y dejándolo caer al suelo inmediatamente, alzando de nuevo la vista a las velas en llamas y mordiéndome el labio con furia, dejando las dos manos apoyadas sobre mi reluciente y perfectamente pulida calva — ¡NO USÉIS EL SAKE! — grité desesperado — ¡Sobrevivir sin alcohol no tendría sentido! — añadí, firmemente decidido de que mi orden era la más inteligente.

Mi tripulación corría por cubierta y lanzaban mangueras al mar para bombear agua hacia las velas, cubos cargados del mismo líquido y mucho ruido tratando de organizarse. Pero poco hizo falta pues seguidamente, tras comenzar a arder las velas del navío, una trompa de arena nos llovió como si estuviésemos en la mismísima Alabasta, haciéndome girar el rostro de nuevo hacia la orilla y sintiendo el aura turquesa elevada sobre las demás, con la misma energía que esta arena — ¡Pero qué putos guarros! — grité, sacudiéndome la arena de encima, mirando hacia las velas viendo como el impacto de las arenas diluidas en el viento habían apagado las grandes llamaradas y ahora sólo quedaban brasas y telas a medio encender, sintiendo como el barco perdía la resistencia de nuestro viento a favor y el viento en contra de Yugu nos empujaba hacia atrás — ¡Rápido hijos de puta! ¡Apagad eso y coser parches a las velas! — grité alzando mi brazo derecho hacia el cielo convirtiéndolo desde el codo hasta la punta de los dedos en una masa blanquecina que se retorció y se moldeó hasta acabar convirtiéndose en un fabuloso - y enorme - rifle Barret M82, una preciosidad de precisión — Yo voy a asegurarme de que nos dejan de enviar regalos... — musité acercando el ojo a la mirilla del rifle y apuntando hacia la costa, viendo a un tipo con traje militar y un casco extraño en la cabeza, lleno de agujeros. Era el que tenía el aura rosa — Pequeña pulguita molesta... — susurré, sacando la lengua para mejorar mi puntería. Quizá un tiro a la cabeza no acababa con él, pues a saber de qué estaba hecho ese casco, y quería quitármelo de encima si realmente tenía la posibilidad de crear fuego e incendiar el barco desde tanta distancia, así que mi disparo más potente al centro de masa sería la opción de caza más factible.


— ¡¡ BANGAICHI!! —

Tras mi grito un proyectil salió de la punta del recién creado rifle barret, y recorrió la distancia entre el barco y la costa en un suspiro. Con un sutil silbido que imperó antes casi que el estruendo del disparo, el proyectil impactó en el cuerpo del tipo con la cabeza cubierta y... ¡un brazo salió volando acompañado de un precioso reguero de sangre carmesí! — ¡¡PLATO!! — grité abriendo ambos ojos y sonriendo abiertamente — ¡Buuuu kikikiki! — reí y escupí torpemente un par de veces al sentir como el vendaval metía los pelos de mi barba en mi boca al abrirla, frunciendo el ceño algo molesto, y volví a acercar el ojo a la mirilla aprovechando que el brazo seguía transformado en el rifle — Y este es una logia.... — dije mientras imbuía con mi busoshoku el arma y reorientaba la mira hacia el tipo que volaba, el responsable de lanzarnos aquel montón de arena, y viendo que no tenía casco ninguno sonreí al saber que tendría un tiro limpio a la cabeza... y volví a disparar sin miramientos.

— ¡¡ GUNDAM !! —

Y de nuevo un estruendo como un trueno precedido por un silbido imperaron en el lugar, lanzando otra bala - mucho menos potente y más lenta que la anterior - que adoptaba cierta inercia espiral en el disparo y se volvía un tiro divertido: Impactaba en una zona, pero nunca sabía exactamente qué iba a reventar hasta que hacía contacto. Y mirando desde la mirilla pude asegurar el éxito del tiro al ver su cabeza echarse hacia atrás y emitir un torrente de sangre desmedida — ¡¡Y otro más!! — grité con alegría viendo como caía en picado al suelo, seguramente muerto, aunque sin poder evitar sentir cierta decepción de no haber visto explotar su cabeza. Quizá debí haber cambiado el orden de los disparos.
Pero no era momento para pensar en ello, así que disolviendo el arma y volviendo a la forma natural de mi brazo, choqué ambas palmas y las mantuve unidas, manteniendo mi foco sobre el Almirante — ¡A la tercera va la vencida, cabrones! ¡¡Buuuu kikikikiki!! ¡El próximo tiro va a llevar al Almirante con Saint Peter! — reí, cargando la energía en mis brazos y preparándome para crear un arma aun más mortal y devastadora. Una proeza de la ingeniería balística, y no las mierdas que hacía la Marina. Tenía que quitarlo de en medio si quería que el barco volviera a avanzar cuando mis hombres terminasen de reparar las velas.

Pobres mequetrefes, casi me daban pena.
Se iban a ver en un follón que no iban a saber ni donde se habían metido.





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RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (V) - Parad al Yonko - por Odki Murray - 26-04-2025, 04:14 AM

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