26-04-2025, 05:54 PM
Me acerqué con pasos silenciosos hacia el grupo de hombres quienes seguían al final del callejón casualmente falto de iluminación, manteniéndome entre las sombras que proyectaban las enormes raíces de los manglares y de los edificios que había a mi alrededor. El uniforme de la Marina no era precisamente discreto y yo tampoco era necesariamente sigiloso, así que me quité la chaqueta y la doblé bajo el brazo mientras avanzaba a la vez que guardaba la gorra en el bolsillo anterior del pantalón cerca del muslo derecho.
Los tres individuos seguían discutiendo, ahora con más intensidad y empezaba a escuchar lo que decían. Desde mi nueva posición, podía verlos con mayor claridad también. El primero llevaba un tatuaje y era un hombre corpulento con una cicatriz que le cruzaba la mejilla izquierda. Los otros dos eran más delgados, pero algo en su postura me indicaba que estaban acostumbrados a navajear a la gente que se entrometía en sus asuntos o a aquellos que deambularan por las noches en sus callejones.
"La entrega es mañana, no podemos esperar más," escuché decir al de la cicatriz con una voz grave y rasposa, misma que deja el beber mucho alcohol de mala calidad.
"Los marines han multiplicado las patrullas en el archipiélago," respondió uno de los más delgados, con voz algo más grave que la del tatuaje además de algo gangosa. "Es demasiado arriesgado."
"Me importa una mierda," gruñó el del tatuaje golpeando con su antebrazo derecho la pared que tenía detrás. "O hacemos el intercambio mañana, o nuestro contacto buscará a otro grupo. ¿Entiendes lo que eso significa?"
El tercer hombre, que había permanecido en silencio, finalmente habló con voz siseante como si se tratara de una serpiente: "Podríamos usar la ruta subterránea. Pasa cerca del cuartel de la Marina en el manglar 70, pero nadie la vigila porque pocos la conocen."
Me quedé helado. ¿Una ruta alterna bajo nuestro cuartel? Se estaban burlando en nuestra cara y no estábamos ni enterados por enfocarnos en la superficie. Di un paso atrás para procesar la información y accidentalmente pisé un trozo de vidrio que crujió bajo mi bota. El sonido, aunque leve, pareció amplificarse en el silencio nocturno lo que hizo que los tres hombres se voltearon inmediatamente en mi dirección.
"¿Quién anda ahí?" gritó el del tatuaje, llevando la mano a lo que seguramente era un arma oculta bajo su abrigo.
Mi mente trabajaba a toda velocidad. Podía identificarme como marine e intentar arrestarlos, pero estaba solo y ellos eran tres. Podía intentar escabullirme, pero si me descubrían huyendo, perdería la oportunidad de obtener más información sobre esa ruta secreta. O simplemente podría meterles una paliza y llevarlos al cuartel para interrogarles. Si, esta última opción era la mejor.
"Dejen mear en paz a uno," dije con voz pastosa como de borracho, tambaleándome intencionalmente mientras salía de las sombras mientras subía la bragueta del pantalón, asegurándome de mantener mi chaqueta de marine bien oculta.
Los tres me miraron con sospecha, pero el del tatuaje relajó ligeramente su postura.
"Lárgate de aquí," espetó. "Y vete a mear a tu casa asqueroso, si no quieres que te corte ese pinche cacahuate."
Fingí un ataque de hipo y me recosté contra la pared, ganando tiempo para observar mejor sus rostros y cualquier detalle que pudiera ser útil después.
"Lo siento, señores," balbuceé. "¿No tendrán algo para la resaca anticipada? Una cerveza es tan útil como cualquier otra medicina." agregué mientras guiñaba el ojo derecho a modo de complicidad.
El hombre de la cicatriz hizo un gesto a sus compañeros. "Llevadlo al final del callejón antes de que atraiga atención. Dadle una paliza si es necesario y déjenlo mearse encima, maldito gyojin borracho asqueroso."
Uno de los delgados se acercó y me agarró del brazo con más fuerza de la necesaria y yo le permití que me mangoneara para no demostrar que le podía dejar invalido de un golpe si quisiera. "Vamos, amigo. Te ayudaremos a encontrar un lugar más... cómodo." Siseo entre dientes mientras me conducía hacia la oscuridad del fondo del callejón, noté que el del tatuaje susurraba algo al tercer hombre, quien asintió y se alejó rápidamente en dirección contraria. Parecía que la reunión había terminado abruptamente por mi culpa.
El agarre en mi brazo se apretó mientras avanzábamos. "Sabes," dijo mi captor, "los borrachos curiosos suelen tener accidentes en Sabaody. Deberías tener cuidado amigo."
Fue entonces cuando sentí el frío metal de una navaja presionando suavemente contra mi costado.
"Qué curioso," respondí, abandonando mi actuación de borracho, "estaba pensando exactamente lo mismo sobre los contrabandistas que son demasiado idiotas para discutir sus planes en la calle."
Su expresión cambió al comprender que había escuchado su conversación. En ese momento, supe que mi noche libre y ese antojo que tenia de un segundo kebab tendrían que esperar. La pelea era inevitable. Con un movimiento rápido, tomé su muñeca y la torcí, alejando la navaja de mi cuerpo. El hombre gruñó de dolor, pero contraatacó con un cabezazo que pude esquivar con facilidad.
"¡Maldito espía!" gritó, alertando a su compañero que venía detrás.
"No soy un espía," dije, dándole un rodillazo en el estómago que lo hizo doblarse. "Soy algo peor."
Saqué mi chaqueta de marine y me la puse rápidamente al igual que la gorra. El logo de la marina lucia fugaz bajo la única luz que alumbraba el callejón.
"Soy la justicia."
Los tres individuos seguían discutiendo, ahora con más intensidad y empezaba a escuchar lo que decían. Desde mi nueva posición, podía verlos con mayor claridad también. El primero llevaba un tatuaje y era un hombre corpulento con una cicatriz que le cruzaba la mejilla izquierda. Los otros dos eran más delgados, pero algo en su postura me indicaba que estaban acostumbrados a navajear a la gente que se entrometía en sus asuntos o a aquellos que deambularan por las noches en sus callejones.
"La entrega es mañana, no podemos esperar más," escuché decir al de la cicatriz con una voz grave y rasposa, misma que deja el beber mucho alcohol de mala calidad.
"Los marines han multiplicado las patrullas en el archipiélago," respondió uno de los más delgados, con voz algo más grave que la del tatuaje además de algo gangosa. "Es demasiado arriesgado."
"Me importa una mierda," gruñó el del tatuaje golpeando con su antebrazo derecho la pared que tenía detrás. "O hacemos el intercambio mañana, o nuestro contacto buscará a otro grupo. ¿Entiendes lo que eso significa?"
El tercer hombre, que había permanecido en silencio, finalmente habló con voz siseante como si se tratara de una serpiente: "Podríamos usar la ruta subterránea. Pasa cerca del cuartel de la Marina en el manglar 70, pero nadie la vigila porque pocos la conocen."
Me quedé helado. ¿Una ruta alterna bajo nuestro cuartel? Se estaban burlando en nuestra cara y no estábamos ni enterados por enfocarnos en la superficie. Di un paso atrás para procesar la información y accidentalmente pisé un trozo de vidrio que crujió bajo mi bota. El sonido, aunque leve, pareció amplificarse en el silencio nocturno lo que hizo que los tres hombres se voltearon inmediatamente en mi dirección.
"¿Quién anda ahí?" gritó el del tatuaje, llevando la mano a lo que seguramente era un arma oculta bajo su abrigo.
Mi mente trabajaba a toda velocidad. Podía identificarme como marine e intentar arrestarlos, pero estaba solo y ellos eran tres. Podía intentar escabullirme, pero si me descubrían huyendo, perdería la oportunidad de obtener más información sobre esa ruta secreta. O simplemente podría meterles una paliza y llevarlos al cuartel para interrogarles. Si, esta última opción era la mejor.
"Dejen mear en paz a uno," dije con voz pastosa como de borracho, tambaleándome intencionalmente mientras salía de las sombras mientras subía la bragueta del pantalón, asegurándome de mantener mi chaqueta de marine bien oculta.
Los tres me miraron con sospecha, pero el del tatuaje relajó ligeramente su postura.
"Lárgate de aquí," espetó. "Y vete a mear a tu casa asqueroso, si no quieres que te corte ese pinche cacahuate."
Fingí un ataque de hipo y me recosté contra la pared, ganando tiempo para observar mejor sus rostros y cualquier detalle que pudiera ser útil después.
"Lo siento, señores," balbuceé. "¿No tendrán algo para la resaca anticipada? Una cerveza es tan útil como cualquier otra medicina." agregué mientras guiñaba el ojo derecho a modo de complicidad.
El hombre de la cicatriz hizo un gesto a sus compañeros. "Llevadlo al final del callejón antes de que atraiga atención. Dadle una paliza si es necesario y déjenlo mearse encima, maldito gyojin borracho asqueroso."
Uno de los delgados se acercó y me agarró del brazo con más fuerza de la necesaria y yo le permití que me mangoneara para no demostrar que le podía dejar invalido de un golpe si quisiera. "Vamos, amigo. Te ayudaremos a encontrar un lugar más... cómodo." Siseo entre dientes mientras me conducía hacia la oscuridad del fondo del callejón, noté que el del tatuaje susurraba algo al tercer hombre, quien asintió y se alejó rápidamente en dirección contraria. Parecía que la reunión había terminado abruptamente por mi culpa.
El agarre en mi brazo se apretó mientras avanzábamos. "Sabes," dijo mi captor, "los borrachos curiosos suelen tener accidentes en Sabaody. Deberías tener cuidado amigo."
Fue entonces cuando sentí el frío metal de una navaja presionando suavemente contra mi costado.
"Qué curioso," respondí, abandonando mi actuación de borracho, "estaba pensando exactamente lo mismo sobre los contrabandistas que son demasiado idiotas para discutir sus planes en la calle."
Su expresión cambió al comprender que había escuchado su conversación. En ese momento, supe que mi noche libre y ese antojo que tenia de un segundo kebab tendrían que esperar. La pelea era inevitable. Con un movimiento rápido, tomé su muñeca y la torcí, alejando la navaja de mi cuerpo. El hombre gruñó de dolor, pero contraatacó con un cabezazo que pude esquivar con facilidad.
"¡Maldito espía!" gritó, alertando a su compañero que venía detrás.
"No soy un espía," dije, dándole un rodillazo en el estómago que lo hizo doblarse. "Soy algo peor."
Saqué mi chaqueta de marine y me la puse rápidamente al igual que la gorra. El logo de la marina lucia fugaz bajo la única luz que alumbraba el callejón.
"Soy la justicia."
OFF

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