El joven accedió a compartir mesa conmigo, con suma naturalidad y sin dudar. Mis sospechas no hacían más que aumentar, no era alguien común. No obstante, sus palabras también comunicaban su intención entre líneas, me confirmaron que tenía un verdadero interés en mí. No era de extrañar por mis orígenes, sin embargo esa mirada y su forma de actuar me hacían pensar que había algo más, no era la inocente curiosidad de un niño que descubría algo nuevo.
- No me tomes a mal, pero no encontramos muchos de los vuestros en estas tierras y para variar, pareces ser uno de los pocos con una mirada que arde con una auténtica llama de pasión real – Me dijo mi desconocido y nuevo acompañante.
Sonreí ante el comentario que hizo acerca de mi mirada antes de responder, tengo que admitir que no esperaba que resaltase ese aspecto sobre mí.
- Creo que nadie me había dicho nunca nada de mi mirada. Al menos no directamente. – Le contesté para justificar así mi pequeña sonrisa. – No te preocupes, si te soy sincero, ni yo he visto a un Oni. Yo soy hijo de un honorable Oni y de una humana.
Al tiempo que respondía me percataba de un detalle que había hecho justo antes, al hablar de mi mirada. Quizá de pura casualidad logré advertir que su mano había señalado hacia detrás, concretamente a un grupo de piratas bastante ruidosos. Admito que me caían en gracia, pero también me hacían sentir incómodos con tanto ruido, este no era el lugar viendo el ambiente del resto de clientes. Retorné mi mirada en mi acompañante con idea de presentarme cuando antes de hablar vi que su mirada estaba fijada en otra mesa, concretamente en la gyojin, y en él había una mala mirada hacia la mesa.
- Vaya, pensaba que yo estaba siendo prejuicioso, pero veo que no soy el único. ¿Qué diantres hará ese hombre con esa gyojin? – Pensé mientras aprovechaba para dar otro trago antes de hablar. Algo en esos dos olía mal, aunque ahora sabía que no estaba solo en mis pensamientos.
- Perdona mi descortesía, aún no me he presentado – Le dije de golpe con una pequeña risa. - Mi nombre es Legan. Es mi primera vez aquí, ¿A ti que te trae por aquí? ¿Es tu primera vez?
A lo mejor es cosa mía, pero me daba la impresión que este chico había dirigido mi mirada con un leve movimiento de la mano para poder centrarse en la mesa de la gyojin y su acompañante sin que me percatase. Si esto era cierto había sido extremadamente habilidoso. ¿Con qué clase de persona me había sentado a comer? ¿O quizá era cosa de mi imaginación?
Era pronto para sacar conclusiones, pero la comida que me estaban sirviendo en la mesa captó toda mi atención. De solo verla se me hacía la boca agua. El emplatado consistía en el pescado como pieza central, bastante grande a decir verdad, ya que seguramente habían tenido en cuenta mi tamaño. Además, me lo habían servido sin rastro alguno de piel, totalmente blanco. Lo acompañaba una buena porción de patatas doradas, ya cortadas, y pequeñas láminas de pimientos y tomates cherry. Probablemente el aceite que ensalzaba el sabor de la comida era producto del horneado de todos los ingredientes en su conjunto. Por último, pero no menos importante, finas hierbas espolvoreadas sobre los alimentos y dos rodajas de limón.
Aunque me moría de ganas de empezar, desconocía si mi acompañante había pedido algo de comer, en cuyo caso prefería esperar a que llegase su plato por mera educación.
- ¿Has pedido algo para comer o ya comiste? – Le pregunté con ánimo de saber rápido la respuesta.
No había pasados ni unos segundos cuando el bullicio crecía, esta vez ocasionado por el grupo de piratas que se situaba a mi izquierda. Estaban cantando canciones piratescas, y aunque me evocó una sonrisa por mis sueños de ser un gran pirata, seguía pensando que ese no era el lugar más indicado. Se puede decir que tenía sentimientos encontrados al respecto. Pero una nueva pregunta de mi acompañante me sacó de esos pensamientos.
- ¿Qué te ha traído por el aburrido, tranquilo y en ocasiones hasta repetitivo East Blue?
- Oh, la verdad es que me recomendaron este sitio hace un tiempo. Además, quiero conocer gente interesante, y este lugar parece ideal. – Le contesté mostrando después una sonrisa de oreja a oreja durante uno o dos segundos. – Busco formar un grupo completo, peculiar, poder viajar juntos por el mundo persiguiendo nuestros sueños y ser un gran pirata.
Quizá me arriesgaba confesando mis intenciones, al fin y al cabo no sabía nada de mi acompañante, pero tampoco tenía recompensa por mi cabeza todavía, era un don nadie. Además, a lo mejor resulta alguien clave en mi futuro, para bien o para mal.
- Pienso que el mundo es enorme y alocado. Todos tenemos un destino, pero hay que ayudar a que se cumpla ¿No crees? Con un grupo unido de gente que realmente valga la pena, podemos conseguir lo que sea. – Terminé esa frase con una gran risa, quizá demasiado alta y se acabarían enterando las 4 o 5 mesas más cercanas.
Había extendido mi comentario anterior buscando impactar su corazón, o mejor dicho, su espíritu aventurero si es que lo tenía. Da igual el tipo de persona que seas, las personas tienen sueños y ambiciones.
- ¿Y tú? ¿Quién eres? ¿Qué buscas? No eres alguien del montón ¿Verdad? – Le espeté de golpe casi sin tiempo a que reaccionara a mis anteriores palabras.
El ruido en el restaurante aumentaba, los marines hablaban más altos, con risas incluso. Y los piratas parecían responder con canciones más despectivas hacia la marina. El viento parecía aumentar levemente al tiempo que iba entrando por la puerta. Todo comenzaba a aumentar de ritmo, los camareros sirviendo lo más rápido que podían, los clientes comenzaban a pedir la cuenta por el alboroto de los mencionados grupos, y al mismo tiempo otros clientes alzaban la voz para hacerse oír entre tanto ruido. Sin embargo, nada de eso me importaba, mi mirada estaba totalmente fija y concentrada en mi acompañante. Apenas habíamos intercambiado algunas frases, pero nuestro contacto ya vino antes de las primeras frases. Había levantado todas las cartas sobre la mesa y era su turno. Era extraño como todo se había precipitado antes, no obstante mentiría si no dijese que estaba emocionándome por la suma de acontecimientos.
- No me tomes a mal, pero no encontramos muchos de los vuestros en estas tierras y para variar, pareces ser uno de los pocos con una mirada que arde con una auténtica llama de pasión real – Me dijo mi desconocido y nuevo acompañante.
Sonreí ante el comentario que hizo acerca de mi mirada antes de responder, tengo que admitir que no esperaba que resaltase ese aspecto sobre mí.
- Creo que nadie me había dicho nunca nada de mi mirada. Al menos no directamente. – Le contesté para justificar así mi pequeña sonrisa. – No te preocupes, si te soy sincero, ni yo he visto a un Oni. Yo soy hijo de un honorable Oni y de una humana.
Al tiempo que respondía me percataba de un detalle que había hecho justo antes, al hablar de mi mirada. Quizá de pura casualidad logré advertir que su mano había señalado hacia detrás, concretamente a un grupo de piratas bastante ruidosos. Admito que me caían en gracia, pero también me hacían sentir incómodos con tanto ruido, este no era el lugar viendo el ambiente del resto de clientes. Retorné mi mirada en mi acompañante con idea de presentarme cuando antes de hablar vi que su mirada estaba fijada en otra mesa, concretamente en la gyojin, y en él había una mala mirada hacia la mesa.
- Vaya, pensaba que yo estaba siendo prejuicioso, pero veo que no soy el único. ¿Qué diantres hará ese hombre con esa gyojin? – Pensé mientras aprovechaba para dar otro trago antes de hablar. Algo en esos dos olía mal, aunque ahora sabía que no estaba solo en mis pensamientos.
- Perdona mi descortesía, aún no me he presentado – Le dije de golpe con una pequeña risa. - Mi nombre es Legan. Es mi primera vez aquí, ¿A ti que te trae por aquí? ¿Es tu primera vez?
A lo mejor es cosa mía, pero me daba la impresión que este chico había dirigido mi mirada con un leve movimiento de la mano para poder centrarse en la mesa de la gyojin y su acompañante sin que me percatase. Si esto era cierto había sido extremadamente habilidoso. ¿Con qué clase de persona me había sentado a comer? ¿O quizá era cosa de mi imaginación?
Era pronto para sacar conclusiones, pero la comida que me estaban sirviendo en la mesa captó toda mi atención. De solo verla se me hacía la boca agua. El emplatado consistía en el pescado como pieza central, bastante grande a decir verdad, ya que seguramente habían tenido en cuenta mi tamaño. Además, me lo habían servido sin rastro alguno de piel, totalmente blanco. Lo acompañaba una buena porción de patatas doradas, ya cortadas, y pequeñas láminas de pimientos y tomates cherry. Probablemente el aceite que ensalzaba el sabor de la comida era producto del horneado de todos los ingredientes en su conjunto. Por último, pero no menos importante, finas hierbas espolvoreadas sobre los alimentos y dos rodajas de limón.
Aunque me moría de ganas de empezar, desconocía si mi acompañante había pedido algo de comer, en cuyo caso prefería esperar a que llegase su plato por mera educación.
- ¿Has pedido algo para comer o ya comiste? – Le pregunté con ánimo de saber rápido la respuesta.
No había pasados ni unos segundos cuando el bullicio crecía, esta vez ocasionado por el grupo de piratas que se situaba a mi izquierda. Estaban cantando canciones piratescas, y aunque me evocó una sonrisa por mis sueños de ser un gran pirata, seguía pensando que ese no era el lugar más indicado. Se puede decir que tenía sentimientos encontrados al respecto. Pero una nueva pregunta de mi acompañante me sacó de esos pensamientos.
- ¿Qué te ha traído por el aburrido, tranquilo y en ocasiones hasta repetitivo East Blue?
- Oh, la verdad es que me recomendaron este sitio hace un tiempo. Además, quiero conocer gente interesante, y este lugar parece ideal. – Le contesté mostrando después una sonrisa de oreja a oreja durante uno o dos segundos. – Busco formar un grupo completo, peculiar, poder viajar juntos por el mundo persiguiendo nuestros sueños y ser un gran pirata.
Quizá me arriesgaba confesando mis intenciones, al fin y al cabo no sabía nada de mi acompañante, pero tampoco tenía recompensa por mi cabeza todavía, era un don nadie. Además, a lo mejor resulta alguien clave en mi futuro, para bien o para mal.
- Pienso que el mundo es enorme y alocado. Todos tenemos un destino, pero hay que ayudar a que se cumpla ¿No crees? Con un grupo unido de gente que realmente valga la pena, podemos conseguir lo que sea. – Terminé esa frase con una gran risa, quizá demasiado alta y se acabarían enterando las 4 o 5 mesas más cercanas.
Había extendido mi comentario anterior buscando impactar su corazón, o mejor dicho, su espíritu aventurero si es que lo tenía. Da igual el tipo de persona que seas, las personas tienen sueños y ambiciones.
- ¿Y tú? ¿Quién eres? ¿Qué buscas? No eres alguien del montón ¿Verdad? – Le espeté de golpe casi sin tiempo a que reaccionara a mis anteriores palabras.
El ruido en el restaurante aumentaba, los marines hablaban más altos, con risas incluso. Y los piratas parecían responder con canciones más despectivas hacia la marina. El viento parecía aumentar levemente al tiempo que iba entrando por la puerta. Todo comenzaba a aumentar de ritmo, los camareros sirviendo lo más rápido que podían, los clientes comenzaban a pedir la cuenta por el alboroto de los mencionados grupos, y al mismo tiempo otros clientes alzaban la voz para hacerse oír entre tanto ruido. Sin embargo, nada de eso me importaba, mi mirada estaba totalmente fija y concentrada en mi acompañante. Apenas habíamos intercambiado algunas frases, pero nuestro contacto ya vino antes de las primeras frases. Había levantado todas las cartas sobre la mesa y era su turno. Era extraño como todo se había precipitado antes, no obstante mentiría si no dijese que estaba emocionándome por la suma de acontecimientos.
