01-05-2025, 02:04 PM
Finalmente el momento había llegado, las velas estaban izadas, como Kisuke había ordenado, el ancla estaba levantada y anclada gracias a Panda, tras un grito de este último dirigido a la tripulación de Sasha todo estaba listo y dispuesto para irnos del exótico conjunto de raíces que formaban el peculiar, y completamente inolvidable para Comi, Archipiélago Sabaody. Sin embargo, como si el mismísimo destino quisiera mantenerlos ahí, Panda previó problemas, y los problemas no tardaron en llegar en la forma de una mujer de cabellera rosada y parche blanquecino, tenía una mirada que, de haberla visto Comi, le habría dejado claro que estaba ante una depredadora en toda regla. Pero el mink no solo no vió su mirada de dorado iris, ni siquiera pudo ver a la portadora del parche aparecer, estaba mirando al barco de los Alas Negras en el momento en el que la misteriosa mujer apareció como si fuera por arte de magia, apenas podía ver nada desde mi posición, sin embargo algo ocurrió, mi pelaje se erizó como si el electro se hubiera activado, pero no era la estática lo que estaba encrespando los pequeños pelillos que cubrían mi cuerpo, era puro terror, era la sensación que tenía una presa cuando se encontraba de frente con un depredador que sabía que indicaba una muerte pronta, la sensación de futilidad que se siente cuando ves como algo va a ocurrir pero no eres capaz de actuar a tiempo para evitarlo.
El miedo y la impotencia apretaban cada centímetro de mi enorme cuerpo, era una sensación asfixiante, como si hubieras estado buceando por mucho rato, y cuando estás por salir a tomar aire algo te agarrase la pierna y tirase de ti, devolviéndote al fondo del mar de nuevo, arrancándote la posibilidad de tomar aire y sentenciándote a una muerte lenta y, nunca mejor dicho, asfixiante. Intenté moverme, pero fue del todo inútil, mi cuerpo estaba congelado, intenté hablar, pero mi garganta estaba cerrada y apenas podía articular palabra, de mi boca solo salían sonidos guturales sin ningún tipo de sentido, la sensación de angustia era tal que mi nariz se retorció mientras me provocaba varios ronquidos seguidos, tal vez un mecanismo de mi cuerpo para decirme que tenía que huir. Es lo que debería hacer, pero escuché a Kisuke hablar con Panda, podía entender que ellos quisieran entrar a defender a sus amigos, pero yo, que estaba de rodillas por haber estado atando la vela mayor a la barandilla del barco, me había quedado en esa postura de sumisión, no podía ni ponerme en pie para hablar con ellos, de hecho, no podía ni hablar con ellos.
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