02-05-2025, 05:35 AM
(Última modificación: 02-05-2025, 06:22 AM por Beto Matashita.)
— ... es el último de los que deben ir al campo de entrenamiento #3. Los restantes se quedarán con Ryu —terminó de decir el sargento Ryker a través del Den Den Mushi.
Diez personas fueron nombradas por el sargento, y para tu sorpresa tampoco fuiste nombrado. Los seis restantes parecían olvidados por todos. ¿Acaso habían sido convocados por error? Quizá, pero aún no podrían saberlo. Las diez personas nombradas silenciosamente se dirigieron al campo de entrenamiento # 3, sin prisa, pero sin pausa.
— Sargento. Ya todos se retiraron. Puede hablar al grupo restante —le dijo el pelirrojo al Den Den Mushi.
— ¡Bien! Terminaré rápido para irme a encargar de ellos. Muchas gracias —le respondió el sargento—. Ahora, lo siguiente que diré será dirigido a ustedes que están allí con Ryu.
Todos estaban atentos, parados firmes, escuchando el sonido emitido por aquel caracol. Tú de momento no podrás ver a los otros cinco soldados que se quedaron junto a ti ya que estaban detrás de ti, pero pudiste escuchar claramente como uno de ellos tragó grueso, en clara señal de nervios.
— Quiero ser honesto con ustedes. Estoy seguro de que estuvieron atentos a todo lo que acaba de ocurrir a su alrededor. El grupo que se dirigió al campo de entrenamiento # 2 es el grupo del que mayores resultados se espera, y los soldados con más reputación entre ustedes. Los diez que recién acabo de nombrar, si bien no son tan destacados, son personas de gran utilidad, ya sea en la cocina, medicina, infiltración o comunicaciones. Luego están ustedes… —dijo el sargento haciendo una pausa al final.
Era probable que los seis marines que estaban escuchando el mensaje entendieran lo que aquella pausa trataba de decir. Un secreto a voces, más claro que el blanco del uniforme que portaban.
— En principio, si cualquier persona lee el historial de cada uno de ustedes no vería más que inútiles. Sin embargo, no por ego, he de decir que yo no soy cualquier persona. Tengo una fijación con casos como los de ustedes, y además tengo una apuesta que ganar —siguió diciendo el sargento—. Ustedes son personas que de una u otra manera han conocido la dureza del mundo. No sé que los trajo a la marina, eso ya no importa, no necesitan gritar la razón de estar aquí ni nadie debe juzgarlos por eso. Desde mi punto de vista los grandes héroes a menudo surgen de las filas que nadie espera. Ryu, quien está frente a ustedes es uno de los soldados rasos que más cerca está de convertirse en sargento, aunque tenga la misma jerarquía que ustedes será mi representante y la persona que los guiará a partir de aquí. Cambio y fuera.
El sargento cortó su llamada tras esas palabras y Ryu guardó aquel Den Den Mushi en su bolsillo izquierdo. El pelirrojo no era precisamente de muchas palabras y sólo pudo rascarse la cabeza en clara señal de fastidio. De repente, aquel hombre de boca cubierta sacó una especie de carta de su bolsillo derecho.
— Mi nombre es Ryu Kageyama. El sargento Ryker me pidió que les hiciera saber el resto de consideraciones que tuvo al momento de agruparlos —dijo el pelirrojo con voz apenada mientras desdoblaba el papel que se había sacado del bolsillo derecho—. Leeré textualmente:
Diez personas fueron nombradas por el sargento, y para tu sorpresa tampoco fuiste nombrado. Los seis restantes parecían olvidados por todos. ¿Acaso habían sido convocados por error? Quizá, pero aún no podrían saberlo. Las diez personas nombradas silenciosamente se dirigieron al campo de entrenamiento # 3, sin prisa, pero sin pausa.
— Sargento. Ya todos se retiraron. Puede hablar al grupo restante —le dijo el pelirrojo al Den Den Mushi.
— ¡Bien! Terminaré rápido para irme a encargar de ellos. Muchas gracias —le respondió el sargento—. Ahora, lo siguiente que diré será dirigido a ustedes que están allí con Ryu.
Todos estaban atentos, parados firmes, escuchando el sonido emitido por aquel caracol. Tú de momento no podrás ver a los otros cinco soldados que se quedaron junto a ti ya que estaban detrás de ti, pero pudiste escuchar claramente como uno de ellos tragó grueso, en clara señal de nervios.
— Quiero ser honesto con ustedes. Estoy seguro de que estuvieron atentos a todo lo que acaba de ocurrir a su alrededor. El grupo que se dirigió al campo de entrenamiento # 2 es el grupo del que mayores resultados se espera, y los soldados con más reputación entre ustedes. Los diez que recién acabo de nombrar, si bien no son tan destacados, son personas de gran utilidad, ya sea en la cocina, medicina, infiltración o comunicaciones. Luego están ustedes… —dijo el sargento haciendo una pausa al final.
Era probable que los seis marines que estaban escuchando el mensaje entendieran lo que aquella pausa trataba de decir. Un secreto a voces, más claro que el blanco del uniforme que portaban.
— En principio, si cualquier persona lee el historial de cada uno de ustedes no vería más que inútiles. Sin embargo, no por ego, he de decir que yo no soy cualquier persona. Tengo una fijación con casos como los de ustedes, y además tengo una apuesta que ganar —siguió diciendo el sargento—. Ustedes son personas que de una u otra manera han conocido la dureza del mundo. No sé que los trajo a la marina, eso ya no importa, no necesitan gritar la razón de estar aquí ni nadie debe juzgarlos por eso. Desde mi punto de vista los grandes héroes a menudo surgen de las filas que nadie espera. Ryu, quien está frente a ustedes es uno de los soldados rasos que más cerca está de convertirse en sargento, aunque tenga la misma jerarquía que ustedes será mi representante y la persona que los guiará a partir de aquí. Cambio y fuera.
El sargento cortó su llamada tras esas palabras y Ryu guardó aquel Den Den Mushi en su bolsillo izquierdo. El pelirrojo no era precisamente de muchas palabras y sólo pudo rascarse la cabeza en clara señal de fastidio. De repente, aquel hombre de boca cubierta sacó una especie de carta de su bolsillo derecho.
— Mi nombre es Ryu Kageyama. El sargento Ryker me pidió que les hiciera saber el resto de consideraciones que tuvo al momento de agruparlos —dijo el pelirrojo con voz apenada mientras desdoblaba el papel que se había sacado del bolsillo derecho—. Leeré textualmente:
“Además de ser el grupo que, desde el punto de vista de los superiores, es el que menos aporta a la institución de la marina, he decidido agrupar:
A Max Cooperstein por ser demasiado nerd.
A Vladimir Putinoff por su notable falta de ejercicio.
A Peter Niggan por tener demasiado humor negro.
A Émile d'Alençon por ser… mejor no digo nada.
A Eucaly Softpaw porque no tenía dónde colocarla.
Y a Caelum Drift por ser demasiado misterioso, incluso da miedo, además ¿Quién pone como oficio en el currículo de la marina que es artista?”
A Max Cooperstein por ser demasiado nerd.
A Vladimir Putinoff por su notable falta de ejercicio.
A Peter Niggan por tener demasiado humor negro.
A Émile d'Alençon por ser… mejor no digo nada.
A Eucaly Softpaw porque no tenía dónde colocarla.
Y a Caelum Drift por ser demasiado misterioso, incluso da miedo, además ¿Quién pone como oficio en el currículo de la marina que es artista?”
— Eso es todo lo que faltaba por decirles de parte del sargento. Por favor, disculpen su terrible humor —dijo el pelirrojo haciendo una reverencia pidiendo disculpas en nombre de su superior—. Ahora por favor acompáñenme al campo de entrenamiento # 4. Síganme.
Todos empezarían a caminar y a seguir a Ryu. Algunos empezaron incluso a presentarse entre sí. A ti se te acerca la única chica del grupo que, curiosamente, también era la única que no era humana.
— ¡Hola! Soy Eukaly. Tu debes ser Caelum Drift ¿no? Eres el único que no había conocido antes. Es un placer colega —te dice la chica del grupo. Una chica mink koala, que es unos 20 centímetros más baja que tú—. El de lentes es Max, el rellenito es Vladimir, el negrito es Peter y el pelirrosa es Émile.
El camino hacia el campo de entrenamiento # 4 parecía ser un pasillo oscuro, con olor a sudor y a humedad, y lo suficientemente largo como para que todos tuvieran la oportunidad de conocerse.
Todos empezarían a caminar y a seguir a Ryu. Algunos empezaron incluso a presentarse entre sí. A ti se te acerca la única chica del grupo que, curiosamente, también era la única que no era humana.
— ¡Hola! Soy Eukaly. Tu debes ser Caelum Drift ¿no? Eres el único que no había conocido antes. Es un placer colega —te dice la chica del grupo. Una chica mink koala, que es unos 20 centímetros más baja que tú—. El de lentes es Max, el rellenito es Vladimir, el negrito es Peter y el pelirrosa es Émile.
El camino hacia el campo de entrenamiento # 4 parecía ser un pasillo oscuro, con olor a sudor y a humedad, y lo suficientemente largo como para que todos tuvieran la oportunidad de conocerse.
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