02-05-2025, 09:38 PM
Allí yacía sobre el suelo resinoso tirado, reposaba como un desecho barrido hacia el alcantarillado. Seguía notando ese dolor infame en mi testa, con el lateral derecho de mi cara adormecido y con los ojos (el ojo, el izquierdo) cerrados. El dolor no cesaba y seguía notando como la sangre brotaba y bañaba parte de mi cuerpo debido al calor que emitía ésta. Pese a ello seguía en calma. Difícil era que yo me alterase, o me preocupase y, aunque la situación lo requería, yo me mantenía tranquilo.
Sin embargo la cosa empezó a cambiar cuando, sin saber por qué y de golpe, comenzaba a sentir como si todo se doblegase sobre mi pecho. El aire comenzaba a pesar, como queriendo comprimirme y como si la propia atmósfera me presionase para hundirme. Pese a mi calma empezaba a notar temor sin llegar a entender por qué, como si la propia muerte saliese del mar y quisiese arrastrarme en una red hacia la profundidad. Como si mi propia volutnad fuese doblegada y abandonada. Por suerte no era la primera vez que sentía algo así y es que, en las propias playas de Momoiro, aquella revolucionaria me hizo sentir algo parecido antes de perderla de vista. El mundo estaba repleto de fuerzas que no llegaba a comprender.
Cuando esa fuerza fantasmal se detuvo, volví en mí. En lo que quedaba de mí. Rápidamente sentí como otra fuerza extraña, cálida y a su vez familiar me abrazaba. No conseguía paliar mi dolor pero al menos me estaba ayudando a llevarlo. El shock del golpe había sido tan fuerte que anuló completamente mis sentidos pero, aún así, pude concentrarme en volver a expandir mi waki como Karl me enseñó. Y hablando de Karl, la sentí cerca. Se supone que mi habilidad era animar a la gente, o al menos intentarlo. Agradecía el apoyo en ese momento pero notar que podía estar preocupando a alguien, estaba haciendo que me sintiese mal yo mismo. Qué estúpido eres, Apolo.
Con la cabeza medio ida (de forma literal también) trataba de concentrarme y pensar en cómo podría ayudarlos, al menos hasta que no pudiese moverme pero hasta ahora mi impulsividad no había servido de mucha ayuda. Todo se hacía más y más complicado.
De entre todo aquel caos pude escuchar un sonido monstruoso, como un rugido que me sacó de mi trance. Traté de elevar un poco la cabeza y, tras abrir los ojos (el ojo, el izquierdo) llevé mi mirada hacia el frente. Debido al intenso golpe en la cabeza y la sangre perdida, no alcanzaba a ver con claridad. Veía como aquel borracho al borde de un coma etílico que sólo ve pasar imágenes difusas incapaz de centrarse en nada. Unos metros más adelante y en frente del almirante, se alzaba una figura extraña. Era como un monstruo junto a otra silueta alargada, similar a una serpiente que no podía ver bien. Lo más extraño era que de aquella figura colosal rezumaba un aura familiar, el aura de Joe al cual nunca había visto de esa forma, ni tan siquiera usando ningún tipo de poder más allá de los ligados al Rokushiki.
No sabía de qué era capaz o dónde estaba el límite de nuestro superior pero tenía que recuperarme para intentar ayudar. El tiempo era oro y nosotros estábamos en una contrarreloj, sobre todo yo.
Sin embargo la cosa empezó a cambiar cuando, sin saber por qué y de golpe, comenzaba a sentir como si todo se doblegase sobre mi pecho. El aire comenzaba a pesar, como queriendo comprimirme y como si la propia atmósfera me presionase para hundirme. Pese a mi calma empezaba a notar temor sin llegar a entender por qué, como si la propia muerte saliese del mar y quisiese arrastrarme en una red hacia la profundidad. Como si mi propia volutnad fuese doblegada y abandonada. Por suerte no era la primera vez que sentía algo así y es que, en las propias playas de Momoiro, aquella revolucionaria me hizo sentir algo parecido antes de perderla de vista. El mundo estaba repleto de fuerzas que no llegaba a comprender.
Cuando esa fuerza fantasmal se detuvo, volví en mí. En lo que quedaba de mí. Rápidamente sentí como otra fuerza extraña, cálida y a su vez familiar me abrazaba. No conseguía paliar mi dolor pero al menos me estaba ayudando a llevarlo. El shock del golpe había sido tan fuerte que anuló completamente mis sentidos pero, aún así, pude concentrarme en volver a expandir mi waki como Karl me enseñó. Y hablando de Karl, la sentí cerca. Se supone que mi habilidad era animar a la gente, o al menos intentarlo. Agradecía el apoyo en ese momento pero notar que podía estar preocupando a alguien, estaba haciendo que me sintiese mal yo mismo. Qué estúpido eres, Apolo.
Con la cabeza medio ida (de forma literal también) trataba de concentrarme y pensar en cómo podría ayudarlos, al menos hasta que no pudiese moverme pero hasta ahora mi impulsividad no había servido de mucha ayuda. Todo se hacía más y más complicado.
De entre todo aquel caos pude escuchar un sonido monstruoso, como un rugido que me sacó de mi trance. Traté de elevar un poco la cabeza y, tras abrir los ojos (el ojo, el izquierdo) llevé mi mirada hacia el frente. Debido al intenso golpe en la cabeza y la sangre perdida, no alcanzaba a ver con claridad. Veía como aquel borracho al borde de un coma etílico que sólo ve pasar imágenes difusas incapaz de centrarse en nada. Unos metros más adelante y en frente del almirante, se alzaba una figura extraña. Era como un monstruo junto a otra silueta alargada, similar a una serpiente que no podía ver bien. Lo más extraño era que de aquella figura colosal rezumaba un aura familiar, el aura de Joe al cual nunca había visto de esa forma, ni tan siquiera usando ningún tipo de poder más allá de los ligados al Rokushiki.
No sabía de qué era capaz o dónde estaba el límite de nuestro superior pero tenía que recuperarme para intentar ayudar. El tiempo era oro y nosotros estábamos en una contrarreloj, sobre todo yo.
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