06-05-2025, 02:21 AM
(Última modificación: 06-05-2025, 02:22 AM por Beto Matashita.)
Todos somos pecadores en mayor o menor grado. No somos seres perfectos. Eso evidentemente me incluye a mí. Tengo la mala costumbre de escuchar conversaciones ajenas, incluso inconscientemente. Quizá era por culpa de haber nacido ciego y tener un gran oído. Aunque no hay nada que justifique el pecado de ser amante de la escucha atenta (chisme). Que Dios me perdone.
Sin embargo, gracias a ese hábito pude escuchar los posibles nombres de la criatura del bosque. ¿Sería correcto tratar de encontrarme con aquello? Ya tendría tiempo de pensarlo después. De momento, lo importante es detener la estampida.
Todos se agitaron al enterarse de que se acercaban de nuevo animales salvajes. Solo pude escuchar gritos y alboroto mientras me alejaba. No era mi intención que se asustaran, pero era mejor que tomaran sus precauciones a tiempo.
— Que las fuerzas del cielo me acompañen —dije apretando el látigo con mi mano derecha—. Amen.
Escuché atentamente como se acercaban cada vez más las pisadas. El suelo vibraba, mis pies lo sentían. Los gruñidos también se hicieron audibles. Eran jabalíes. Estaba acostumbrado a oírlos en el bosque.
De repente, sentí un pequeño empujón. Para mala noticia de aquellos animales, yo era una una muralla que difícilmente podrían atravesar. Apenas hicimos contacto mi látigo, como una anaconda fiestera, empezó a azotar a aquellas criaturas. Sus gruñidos y su olor a orina me dejaban idea de cuántos eran y cuántos iban quedando. No tardé mucho en acabar con todos.
— Su carne servirá para un gran asado —pensé—. Gracias señor por los alimentos.
Sin soltar mi látigo y sin dejar de prestar atención a los olores y a los sonidos me quedé quieto un momento. Era mejor estar seguros de que no vinieran más sorpresas. Respire profundo tratando de ver si captaba algo distinto en el ambiente. ¿Las estampida sería culpa de la criatura que había visto Rick? ¿O será que hay otro depredador invasor en el bosque?
Sin embargo, gracias a ese hábito pude escuchar los posibles nombres de la criatura del bosque. ¿Sería correcto tratar de encontrarme con aquello? Ya tendría tiempo de pensarlo después. De momento, lo importante es detener la estampida.
Todos se agitaron al enterarse de que se acercaban de nuevo animales salvajes. Solo pude escuchar gritos y alboroto mientras me alejaba. No era mi intención que se asustaran, pero era mejor que tomaran sus precauciones a tiempo.
— Que las fuerzas del cielo me acompañen —dije apretando el látigo con mi mano derecha—. Amen.
Escuché atentamente como se acercaban cada vez más las pisadas. El suelo vibraba, mis pies lo sentían. Los gruñidos también se hicieron audibles. Eran jabalíes. Estaba acostumbrado a oírlos en el bosque.
De repente, sentí un pequeño empujón. Para mala noticia de aquellos animales, yo era una una muralla que difícilmente podrían atravesar. Apenas hicimos contacto mi látigo, como una anaconda fiestera, empezó a azotar a aquellas criaturas. Sus gruñidos y su olor a orina me dejaban idea de cuántos eran y cuántos iban quedando. No tardé mucho en acabar con todos.
— Su carne servirá para un gran asado —pensé—. Gracias señor por los alimentos.
Sin soltar mi látigo y sin dejar de prestar atención a los olores y a los sonidos me quedé quieto un momento. Era mejor estar seguros de que no vinieran más sorpresas. Respire profundo tratando de ver si captaba algo distinto en el ambiente. ¿Las estampida sería culpa de la criatura que había visto Rick? ¿O será que hay otro depredador invasor en el bosque?
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