07-05-2025, 02:13 AM
Comencé a plegar las velas con ayuda de Rapax, algo lento pero seguro. Mientras le echaba mi única mano, aquel hombre de pelo blanco me dedicó unas palabras. Sabía que este no era el momento para usar la violencia pero, no la iba a utilizar si no fuese necesaria. Debido a que estaba a punto de desfallecer debido al dolor de mis heridas causadas en la pelea contra el gyogin marine. -No planeaba lanzarme a pelear a lo loco. Pero si algo venía a atacarnos, no me iba a quedar de brazos cruzados, no tiene sentido dejarse matar sin pelear por tu vida~gero. -En ningún momento perdí la sonrisa, tal vez esta no era la familia ideal con la que buscaba navegar. Pero cuidaban de mi, y con eso me bastaba para querer protegerles. En ese momento también me vinieron a la cabeza las palabras que el señor Gin me dijo nada más bajar del barco por la mañana. -Por cierto al final no hemos muerto. Después de todo supongo que puedo seguir intentando convertirme en leyenda~gero. -Seguía con vida, y suponía que eso era lo más importante. -Algún día seré tan fuerte como el propio capitán. -Esas fueron mis últimas palabras las cuales dirigí al humano al terminar el trabajo que se me había encomendado.
Estaba molido, vapuleado y dolorido. Lo único que quería era descansar, tal y como Ashura el cual ¿se había quedado dormido de pie o eran imaginaciones mías? Aún tenía mucho que aprender de ese hombre, o más bien demonio. La tentación de querer ser temido y poderoso era muy grande. Hacer que mi nombre se recuerde en la historia, era algo que podía lograr bajo su tutela.
Me moví torpemente de nuevo hacia una de las barandillas laterales del barco, girando la cabeza para ver por última vez aquella isla de grandes árboles resinosos, manglares y pompitas de jabón. “Mierda debí haber preguntado por la receta de aquel té de burbujas.” Pensé mientras me invadía el deseo de no volver a pisar aquel trozo de tierra en mi vida. Aquel lugar se quedaba con uno de mis brazos y una amarga derrota contra un marine. No iba a volver a ser tan humillado como en aquel lugar. No volvería a mostrar debilidad, no ante mis enemigos, no ante la marina. -¡VETE A LA MIERDA SABAODY. NOS VAMOS A LA ISLA GYOGIN! -Grité desahogando mi frustración sacándole el dedo medio de mi única mano a la propia isla, como si ella fuera la causante de mis desgracias. A partir de ahora no sabía lo que me deparaba el destino. Pero con gusto lo afrontaré dando todo de mí.
Estaba molido, vapuleado y dolorido. Lo único que quería era descansar, tal y como Ashura el cual ¿se había quedado dormido de pie o eran imaginaciones mías? Aún tenía mucho que aprender de ese hombre, o más bien demonio. La tentación de querer ser temido y poderoso era muy grande. Hacer que mi nombre se recuerde en la historia, era algo que podía lograr bajo su tutela.
Me moví torpemente de nuevo hacia una de las barandillas laterales del barco, girando la cabeza para ver por última vez aquella isla de grandes árboles resinosos, manglares y pompitas de jabón. “Mierda debí haber preguntado por la receta de aquel té de burbujas.” Pensé mientras me invadía el deseo de no volver a pisar aquel trozo de tierra en mi vida. Aquel lugar se quedaba con uno de mis brazos y una amarga derrota contra un marine. No iba a volver a ser tan humillado como en aquel lugar. No volvería a mostrar debilidad, no ante mis enemigos, no ante la marina. -¡VETE A LA MIERDA SABAODY. NOS VAMOS A LA ISLA GYOGIN! -Grité desahogando mi frustración sacándole el dedo medio de mi única mano a la propia isla, como si ella fuera la causante de mis desgracias. A partir de ahora no sabía lo que me deparaba el destino. Pero con gusto lo afrontaré dando todo de mí.
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