14-05-2025, 02:40 PM
La tranquilidad de mi habitación era sepulcral, tras un día tan duro como el de ayer, dormía como un bebé envuelto entre sábanas como una oruguita. Nada ni nadie me iba a hacer despertarme, o eso pensaba… Como un ensordecedor martilleo el puño de Ashura hizo retumbar toda mi habitación. Pero… ¿Eso sería suficiente para despertarme? Ni mucho menos. Tras sobrevivir a Sabaody me merecía cinco minutitos más.
Así que apagué mi cerebro y volví a dormir. No sé cuánto tiempo pasó desde entonces pero la insistencia de aquellos golpes me hicieron arquear un ceja pese aún tener los ojos cerrados. Rodé de la cama hasta caer al suelo a propósito. Ya que mis piernas aún no me respondían. Tras esto rodé como croqueta hasta una esquina donde tenía una mesita de noche, en la cual apoyaba mi arma.
Me levanté quejándome como si me estuvieran torturando. Despertarse era la peor parte del día, con lo agusto que estaba uno en la cama… Miré un reloj que tenía en ese mismo mueble, eran las siete y veinte de la mañana. ¿Por qué llamaban a mi puerta tan pronto? Agarré mi katana con mi único brazo y me dirigí a la puerta de forma lenta y pausada. Al abrirla vi al Oni humeante que teníamos por capitán. Abría y cerraba los ojos aún medio frito. Por su cara diría que estaba enfadado. -Buenos días jefe, ¿Qué tal has dormido~gero? -Le pregunté con una sonrisa. Me había dado cuenta que no me había cambiado la ropa. Seguía con mi pijama de color blanco con un patrón de ranitas estampado sobre este.
-¿Quieres que os prepare algo de desayunar? No tenemos casi provisiones pero puedo improvisar algo. Ya iré a buscar más cuando lleguemos a la isla Gyogin. -Me quedé ahí plantado esperando una respuesta sin llegar a sentirme intimidado del todo por la diferencia de altura y su cara de pocos amigos.
Así que apagué mi cerebro y volví a dormir. No sé cuánto tiempo pasó desde entonces pero la insistencia de aquellos golpes me hicieron arquear un ceja pese aún tener los ojos cerrados. Rodé de la cama hasta caer al suelo a propósito. Ya que mis piernas aún no me respondían. Tras esto rodé como croqueta hasta una esquina donde tenía una mesita de noche, en la cual apoyaba mi arma.
Me levanté quejándome como si me estuvieran torturando. Despertarse era la peor parte del día, con lo agusto que estaba uno en la cama… Miré un reloj que tenía en ese mismo mueble, eran las siete y veinte de la mañana. ¿Por qué llamaban a mi puerta tan pronto? Agarré mi katana con mi único brazo y me dirigí a la puerta de forma lenta y pausada. Al abrirla vi al Oni humeante que teníamos por capitán. Abría y cerraba los ojos aún medio frito. Por su cara diría que estaba enfadado. -Buenos días jefe, ¿Qué tal has dormido~gero? -Le pregunté con una sonrisa. Me había dado cuenta que no me había cambiado la ropa. Seguía con mi pijama de color blanco con un patrón de ranitas estampado sobre este.
-¿Quieres que os prepare algo de desayunar? No tenemos casi provisiones pero puedo improvisar algo. Ya iré a buscar más cuando lleguemos a la isla Gyogin. -Me quedé ahí plantado esperando una respuesta sin llegar a sentirme intimidado del todo por la diferencia de altura y su cara de pocos amigos.
Resumen
Aclaraciones y Karmas
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