16-05-2025, 07:16 PM
(Última modificación: 09-06-2025, 07:01 PM por Jean D´Orlanais.)
Los sonidos de jarras chocando contra madera y de animada música de cuerda les dieron la bienvenida a Jean y a Mel cuando estas atravesaron el umbral de la puerta de la taberna. El ambiente era denso, pero curiosamente acogedor. Olía a madera barnizada y envejecida, a cerveza, a pan recién tostado y a las piezas de marisco que las camareras del lugar, concentradas, iban distribuyendo entre las múltiples mesas del lugar en una perfecta y coordinada coreografía. El Caracol Dorado era uno de los locales más grandes de toda la isla, no solo por su variada oferta musical - donde todas las noches acudían jóvenes interpretes que pretendían hacerse un nombre, recaudar unas buenas propinas y, si la suerte caía de su lado, hacerse con un mecenas que los promocionara - o por la calidad de sus bebidas, sino porque era el sitio al que acudían la mayor parte de los marines de la base G-19. Con esa clientela la dirección de la taberna se aseguraba, por un lado, un nutrido y constante grupo de parroquianos, y por el otro, una seguridad y ausencia de problemas del que pocos lugares en toda Ilisia podían presumir.
Jean y Mel avanzaron lentamente entre sillas, mesas, grupos de gente charlando apoyadas en gruesas columnas de madera y camareras que atravesaban el lugar a toda velocidad, algunas de ellas sujetando más jarras de las que parecería humanamente prudente llevar por aquel sitio. Finalmente llegaron hasta su destino, casi en el centro del local. Una gruesa mesa redonda perimetrada por siete sillas, tres de ellas aún vacías. Las dos marines saludaron a los presentes con la mano mientras tomaban asiento.
- Bueno, ya era hora, llegáis casi la últimas. - les saludó Mina, que con su brazo apoyado en la mesa no dejaba de juguetear con uno de sus rizados mechones morenos.
- El casi es la clave. - respondió Mel acercándose a su jarra y olisqueándola. - ¿Qué te has pedido?
- Mel, no hagas eso, es antihigiénico. Y tienes el riesgo de que Mina te lo eche por encima. - le advirtió Jonas ajustándose sus gafas.
Mel se separó con los labios dibujando una linea y cara de poco convencimiento.
- Ya bueno, no se que está bebiendo pero creo que apostaré por la clásica cerveza.
Jean miró a Mel alzando una ceja y luego a la bebida de Mina.
- Mel rechazando probar algo nuevo... Mina, ¿Qué te has pedido? - preguntó repentinamente interesada la rubia.
La joven Marine levanto su jarra con expresión triunfante y expresión misteriosa.
- Hay quienes tenemos tanto gusto como contactos. Es un licor nuevo que el propietario me ha...
- Al entrar nos han ofrecido una nueva sidra caliente de canela, y Mina, que no se ha enterado, se lo ha pedido porque le parecía que el camarero le iba a invitar... - le cortó Nico mirándola divertido, a lo que Mina que le devolvió una mirada gélida - Lo ha probado y no le gusta. Y además es de lo más caro que tienen... - continuó intentando aguantarse la risa sin demasiado éxito.
Mina bufó, airada.
- ¿Tan caro es? - preguntó Jean mirando la bebida con curiosidad. Olí bien a canela y a especias, pero se notaba un fuerte aroma a fuerte alcohol que no parecía combinar demasiado bien.
- Si. - respondió Julian a su lado, con su jarra casi vacía ya. - No preguntes cuanto, pero hazte a la idea de que Mina el resto de la noche beberá aire... - concluyó con una media sonrisa.
- Sois imbéciles.
Sin poder evitarlo, Julian y Nico estallaron en una sonora cargada, a la que por supuesto se unió Mel. Jean y Jonas, más comedidos, solo sonreían intentando aguantar unirse al escarnio.
- Vamos, iré a la barra a pedir. ¿Me ayudas? - le dijo Jean a Mina, que asintió agradecida por salir de aquella mesa de barbaros - Mel, jarra de cerveza. Julian, ¿quieres otra?
El enorme recluta rubio alzó su jarra hasta colocarla justo delante de su cara, estudiando lo poco que quedaba en su interior. Dió un breve trago, miró a Jean y asintió.
- Por favor, si.
Jean asintió con una sonrisa.
- Ahora volvemos.
Junto con Mina atravesaron de nuevo aquella marea de mesas, sillas y grupos de gente hasta llegar a la barra del local, donde lograron hacerse un pequeño hueco entre dos sargentos que amablemente les dejaron sitio. Sobre la barra, cada par de metros había un pequeño Den Den Mushi Dorado. Con la confianza que da la cotidianidad, le dieron un pequeño golpe en la cabeza y el caracol sacó de su boca un pequeño papelito. Jean lo cogió entre los dedos y levantó la vista hacia un pequeño cartel sobre la barra que iba moviéndose cada pocos momentos.
- 64, van por el 52. Nos tocará en nada. - dijo con una sonrisa girándose hacía Mina - Así que el camarero, ¿eh?
Mina puso los ojos en blanco, pero sonrió.
- No puedo evitarlo, tiene los dos brazos tatuados, pelazo, una sonrisa... - suspiró la joven - Ya no hacen hombres así.
- Y menos mal... Te quedarías sin blanca en un par de días.
Mina le dio un golpe en el brazo a Jean pero las dos jóvenes se rieron.
- Cuando lo veas hablamos. Pero recuerda, es mío. Se que a las chicas como tu les van los chicos malos.
Jean la miró alzando una ceja.
- Niegalo, pero eso se sabe. ¡Ah! Es él. Disimula.
Al otro lado de la barra un chico alto, guapo, moreno y con los dos brazos descubiertos totalmente tatuados se colocó frente a ellas.
- 64, ¿verdad? - preguntó, Jean le enseñó el papelito que le había dado el Den Den Mushi y el chico asintió. - ¿Qué os pongo? - las miró a ambas alternativamente y terminó fijando la mirada en Mina. - Oye, tu eres la de antes, ¿No? ¿Que tal estaba la sidra? ¿Te ha gustado?
Mina abrió los ojos como si fuera un cervatillo asustado y respondió como impulsada por un resorte.
- ¡Me ha encantado! - gritó en un tono bastante más alto del que seguramente pretendía - Es de lo mejor que he probado nunca.
El chico asintió, conforme.
- Es una nueva variedad que ha llegado desde nada menos que el mismísimo Grand Line. De una isla con un invierno eterno, donde siempre está nevando. Allí este tipo de bebidas calientes y especiadas son muy populares. Tienen que sentarles de maravilla, con tanto frio, ¿Te lo imaginas?
- Si... - suspiró Mina perdiéndose en los ojos del camarero.
- ¿Quieres que te ponga otro?
- Por supuesto.
El camarero asintió conforme nuevamente, chasqueando los dedos hacía una inmediatamente arrepentida Mina para luego girarse hacía Jean, que luchaba con todas sus fuerzas por mantener la compostura y no echarse a reír a carcajadas allí mismo.
- Cerveza. - dijo carraspeando y mostrándole al camarero el dedo índice y corazón- Gracias.
El joven asintió de nuevo, se movió un par de metros hacia un lado y comenzó a llenar un par de jarras de un tirador cercano. Jean miró elocuentemente a Mina sin decir nada. Está puso su puño cerrado sobre su frente.
- Ni una palabra.
Jean y Mel avanzaron lentamente entre sillas, mesas, grupos de gente charlando apoyadas en gruesas columnas de madera y camareras que atravesaban el lugar a toda velocidad, algunas de ellas sujetando más jarras de las que parecería humanamente prudente llevar por aquel sitio. Finalmente llegaron hasta su destino, casi en el centro del local. Una gruesa mesa redonda perimetrada por siete sillas, tres de ellas aún vacías. Las dos marines saludaron a los presentes con la mano mientras tomaban asiento.
- Bueno, ya era hora, llegáis casi la últimas. - les saludó Mina, que con su brazo apoyado en la mesa no dejaba de juguetear con uno de sus rizados mechones morenos.
- El casi es la clave. - respondió Mel acercándose a su jarra y olisqueándola. - ¿Qué te has pedido?
- Mel, no hagas eso, es antihigiénico. Y tienes el riesgo de que Mina te lo eche por encima. - le advirtió Jonas ajustándose sus gafas.
Mel se separó con los labios dibujando una linea y cara de poco convencimiento.
- Ya bueno, no se que está bebiendo pero creo que apostaré por la clásica cerveza.
Jean miró a Mel alzando una ceja y luego a la bebida de Mina.
- Mel rechazando probar algo nuevo... Mina, ¿Qué te has pedido? - preguntó repentinamente interesada la rubia.
La joven Marine levanto su jarra con expresión triunfante y expresión misteriosa.
- Hay quienes tenemos tanto gusto como contactos. Es un licor nuevo que el propietario me ha...
- Al entrar nos han ofrecido una nueva sidra caliente de canela, y Mina, que no se ha enterado, se lo ha pedido porque le parecía que el camarero le iba a invitar... - le cortó Nico mirándola divertido, a lo que Mina que le devolvió una mirada gélida - Lo ha probado y no le gusta. Y además es de lo más caro que tienen... - continuó intentando aguantarse la risa sin demasiado éxito.
Mina bufó, airada.
- ¿Tan caro es? - preguntó Jean mirando la bebida con curiosidad. Olí bien a canela y a especias, pero se notaba un fuerte aroma a fuerte alcohol que no parecía combinar demasiado bien.
- Si. - respondió Julian a su lado, con su jarra casi vacía ya. - No preguntes cuanto, pero hazte a la idea de que Mina el resto de la noche beberá aire... - concluyó con una media sonrisa.
- Sois imbéciles.
Sin poder evitarlo, Julian y Nico estallaron en una sonora cargada, a la que por supuesto se unió Mel. Jean y Jonas, más comedidos, solo sonreían intentando aguantar unirse al escarnio.
- Vamos, iré a la barra a pedir. ¿Me ayudas? - le dijo Jean a Mina, que asintió agradecida por salir de aquella mesa de barbaros - Mel, jarra de cerveza. Julian, ¿quieres otra?
El enorme recluta rubio alzó su jarra hasta colocarla justo delante de su cara, estudiando lo poco que quedaba en su interior. Dió un breve trago, miró a Jean y asintió.
- Por favor, si.
Jean asintió con una sonrisa.
- Ahora volvemos.
Junto con Mina atravesaron de nuevo aquella marea de mesas, sillas y grupos de gente hasta llegar a la barra del local, donde lograron hacerse un pequeño hueco entre dos sargentos que amablemente les dejaron sitio. Sobre la barra, cada par de metros había un pequeño Den Den Mushi Dorado. Con la confianza que da la cotidianidad, le dieron un pequeño golpe en la cabeza y el caracol sacó de su boca un pequeño papelito. Jean lo cogió entre los dedos y levantó la vista hacia un pequeño cartel sobre la barra que iba moviéndose cada pocos momentos.
- 64, van por el 52. Nos tocará en nada. - dijo con una sonrisa girándose hacía Mina - Así que el camarero, ¿eh?
Mina puso los ojos en blanco, pero sonrió.
- No puedo evitarlo, tiene los dos brazos tatuados, pelazo, una sonrisa... - suspiró la joven - Ya no hacen hombres así.
- Y menos mal... Te quedarías sin blanca en un par de días.
Mina le dio un golpe en el brazo a Jean pero las dos jóvenes se rieron.
- Cuando lo veas hablamos. Pero recuerda, es mío. Se que a las chicas como tu les van los chicos malos.
Jean la miró alzando una ceja.
- Niegalo, pero eso se sabe. ¡Ah! Es él. Disimula.
Al otro lado de la barra un chico alto, guapo, moreno y con los dos brazos descubiertos totalmente tatuados se colocó frente a ellas.
- 64, ¿verdad? - preguntó, Jean le enseñó el papelito que le había dado el Den Den Mushi y el chico asintió. - ¿Qué os pongo? - las miró a ambas alternativamente y terminó fijando la mirada en Mina. - Oye, tu eres la de antes, ¿No? ¿Que tal estaba la sidra? ¿Te ha gustado?
Mina abrió los ojos como si fuera un cervatillo asustado y respondió como impulsada por un resorte.
- ¡Me ha encantado! - gritó en un tono bastante más alto del que seguramente pretendía - Es de lo mejor que he probado nunca.
El chico asintió, conforme.
- Es una nueva variedad que ha llegado desde nada menos que el mismísimo Grand Line. De una isla con un invierno eterno, donde siempre está nevando. Allí este tipo de bebidas calientes y especiadas son muy populares. Tienen que sentarles de maravilla, con tanto frio, ¿Te lo imaginas?
- Si... - suspiró Mina perdiéndose en los ojos del camarero.
- ¿Quieres que te ponga otro?
- Por supuesto.
El camarero asintió conforme nuevamente, chasqueando los dedos hacía una inmediatamente arrepentida Mina para luego girarse hacía Jean, que luchaba con todas sus fuerzas por mantener la compostura y no echarse a reír a carcajadas allí mismo.
- Cerveza. - dijo carraspeando y mostrándole al camarero el dedo índice y corazón- Gracias.
El joven asintió de nuevo, se movió un par de metros hacia un lado y comenzó a llenar un par de jarras de un tirador cercano. Jean miró elocuentemente a Mina sin decir nada. Está puso su puño cerrado sobre su frente.
- Ni una palabra.
