19-05-2025, 06:01 PM
(Última modificación: 19-05-2025, 06:01 PM por Jean D´Orlanais.)
Una brisa de viento sopló, moviendo los extremos de la capa de Jean. El joven extendió la mano hacía la joven mientras esta se apartaba un mechón de la cara, movido por el viento. Jean dio un pequeño paso hacia él, con la duda marcada en su mano extendida y cogió el pequeño barquito de papel que le ofrecía su interlocutor.
- Es muy bonito. - comentó acercándoselo para verlo mejor.
Leyó que en uno de sus laterales rezaba "Caelum Drift". Vio que en otro lateral, retorcido hacia dentro, se veían más letras. Levantó la mirada hacía el marine mientras iba desdoblando los pliegues con delicadeza, como si estuviera rebobinando una historia que él ya había contado, hasta que entre sus manos hubo una pequeña nota con indicaciones concisas que confirmaban tanto su nombre como su misión en la isla. Frunció un poco el ceño, desaprobando lo escueta que era la misión de Caelum, no pudiendo evitar pensar que clase de superiores podían tener que lanzaban a sus reclutas a labores con poco más que una frase que tenía que valer tanto de instrucción como de objetivo. Inconscientemente, negó con la cabeza. Había gente así. Personas cuyas obligaciones consideraban tan importantes que no podían permitirse perder en tiempo en "nimiedades" como aquella. Era el modo en el que instituciones como la Marina se degradaban.
Jean observó que los pliegues del papel no coincidían solo con los necesarios para hacer aquel barquito. Tenía más, bastantes más, de seguramente figuras anteriores. Volvió a mirar al chico, extrañada. Observó su mascara negra, que apenas dejaba adivinar sus facciones. Su uniforme de marine raso parecía absorber todo color que no fuera el gris, quedando como única exhalación de color con aquella bufanda amarilla, desgastada. Frente a él, el inmaculado traje de Jean, con su capa hondeando al viento, creaban una dicotomía que partía la calle por la mitad. Advirtió entonces que a su alrededor la gente les miraba. Los observaba con tensión, como si no supieran que estaba a punto de suceder. Era cierto que aquel chico, con la mascara de gas puesta, no daba la mayor de las confianzas.
La metálica voz que salió de aquella negra mascara despertó a Jean de sus cavilaciones. Se avergonzó de inmediato de haber perdido la noción del tiempo, dejando aquellos momentos de tenso silencio entre ella y su interlocutor.
- Al norte está el Pueblo Shinzen. - explicó con una sonrisa, de vuelta en sí - Es un pequeño poblado dedicado esencialmente a la ganadería y la agricultura. Te guiaré hasta él, no está lejos de aquí.
Alzó la cabeza, observando el cartel que le señalaba Caelum. Si, lo cierto era que, con aquella mascara, tenía pinta de exterminador. Le miró de nuevo.
- Así que una plaga de hormigas... No tengo mucha idea ni de plantas ni de bichos, pero te ayudaré en lo que pueda, ¿Tienes todo lo necesario? - preguntó acercándose a mirar al interior de la tienda. Entrecerró un poco los ojos, intentando distinguir algo entre las pequeñas ventanas que daban al interior.
No sabía si Caelum había sido asignado por competencia, casualidad o castigo. Lo cierto era que aquel chico parecía más preparado para una guerra química que para una misión rural, pero si tenía que compartir camino con él, lo haría como con cualquier otro marine.
- Es muy bonito. - comentó acercándoselo para verlo mejor.
Leyó que en uno de sus laterales rezaba "Caelum Drift". Vio que en otro lateral, retorcido hacia dentro, se veían más letras. Levantó la mirada hacía el marine mientras iba desdoblando los pliegues con delicadeza, como si estuviera rebobinando una historia que él ya había contado, hasta que entre sus manos hubo una pequeña nota con indicaciones concisas que confirmaban tanto su nombre como su misión en la isla. Frunció un poco el ceño, desaprobando lo escueta que era la misión de Caelum, no pudiendo evitar pensar que clase de superiores podían tener que lanzaban a sus reclutas a labores con poco más que una frase que tenía que valer tanto de instrucción como de objetivo. Inconscientemente, negó con la cabeza. Había gente así. Personas cuyas obligaciones consideraban tan importantes que no podían permitirse perder en tiempo en "nimiedades" como aquella. Era el modo en el que instituciones como la Marina se degradaban.
Jean observó que los pliegues del papel no coincidían solo con los necesarios para hacer aquel barquito. Tenía más, bastantes más, de seguramente figuras anteriores. Volvió a mirar al chico, extrañada. Observó su mascara negra, que apenas dejaba adivinar sus facciones. Su uniforme de marine raso parecía absorber todo color que no fuera el gris, quedando como única exhalación de color con aquella bufanda amarilla, desgastada. Frente a él, el inmaculado traje de Jean, con su capa hondeando al viento, creaban una dicotomía que partía la calle por la mitad. Advirtió entonces que a su alrededor la gente les miraba. Los observaba con tensión, como si no supieran que estaba a punto de suceder. Era cierto que aquel chico, con la mascara de gas puesta, no daba la mayor de las confianzas.
La metálica voz que salió de aquella negra mascara despertó a Jean de sus cavilaciones. Se avergonzó de inmediato de haber perdido la noción del tiempo, dejando aquellos momentos de tenso silencio entre ella y su interlocutor.
- Al norte está el Pueblo Shinzen. - explicó con una sonrisa, de vuelta en sí - Es un pequeño poblado dedicado esencialmente a la ganadería y la agricultura. Te guiaré hasta él, no está lejos de aquí.
Alzó la cabeza, observando el cartel que le señalaba Caelum. Si, lo cierto era que, con aquella mascara, tenía pinta de exterminador. Le miró de nuevo.
- Así que una plaga de hormigas... No tengo mucha idea ni de plantas ni de bichos, pero te ayudaré en lo que pueda, ¿Tienes todo lo necesario? - preguntó acercándose a mirar al interior de la tienda. Entrecerró un poco los ojos, intentando distinguir algo entre las pequeñas ventanas que daban al interior.
No sabía si Caelum había sido asignado por competencia, casualidad o castigo. Lo cierto era que aquel chico parecía más preparado para una guerra química que para una misión rural, pero si tenía que compartir camino con él, lo haría como con cualquier otro marine.
